EL APOLINARISMO
EL APOLINARISMO
El apolinarismo es una herejía cristológica atribuida a Apolinar de Laodicea (ca. 310-390 d. C.), obispo y teólogo del siglo IV. Esta herejía se centra en la naturaleza de la humanidad y la divinidad de Cristo e intenta abordar cómo las dos naturalezas de Cristo —humana y divina— coexisten en una sola persona. Apolinar intentó defender la unidad de la persona de Cristo, pero al hacerlo, terminó negando la integridad de su humanidad, lo que contradijo su enseñanza con la doctrina cristiana ortodoxa.
Historia del apolinarismo
El apolinarismo surgió durante los complejos debates del siglo IV sobre la naturaleza de Cristo, especialmente tras la controversia arriana. Apolinar fue un respetado defensor de la ortodoxia nicena contra el arrianismo, que negaba la plena divinidad de Cristo. Sin embargo, en su esfuerzo por mantener la divinidad de Cristo y su unidad como una sola persona, Apolinar propuso una teoría sobre la humanidad de Cristo que finalmente fue considerada herética.
En el año 372 d. C., Apolinar comenzó a enseñar abiertamente su punto de vista, lo que rápidamente desató la controversia. Sus enseñanzas fueron condenadas en el Primer Concilio de Constantinopla del año 381 d. C. y por varios sínodos anteriores. La herejía persistió durante un tiempo, influyendo en otros grupos, pero finalmente fue rechazada por la Iglesia en general. El apolinarismo fue condenado oficialmente como herético porque comprometía la plena humanidad de Jesucristo.
Teología del apolinarismo
En el núcleo del apolinarismo se encuentra un intento erróneo de resolver la tensión entre la naturaleza humana y la divina de Cristo. Apolinar buscó preservar la unidad de la persona de Cristo argumentando que Jesús no poseía una naturaleza humana plena, específicamente un alma (o mente) humana racional. En cambio, Apolinar enseñó lo siguiente:
- La humanidad de Cristo carecía de mente humana: Apolinar argumentó que Cristo tenía un cuerpo humano y un alma animal (que controlaba las sensaciones y los deseos físicos), pero su mente racional (o nous) fue reemplazada por el Logos divino (la segunda persona de la Trinidad). Esto significaba que, en la opinión de Apolinar, Cristo no era plenamente humano en el sentido de poseer una psicología humana completa. En cambio, el Logos (la Palabra divina) sustituyó la mente racional de Cristo.
- Unidad de la Persona de Cristo: Apolinar creía que este modelo de la naturaleza de Cristo aseguraba una completa unidad entre lo divino y lo humano en Cristo. Temía que si Cristo tenía un alma o mente completamente humana, esto pudiera implicar dos personas en Cristo —una divina y una humana—, lo cual socavaría la unidad de Cristo como una sola persona unificada.
- Implicación para la impecabilidad: Apolinar también creía que si Cristo tenía una mente completamente humana, sería susceptible al pecado, pues consideraba la mente humana inherentemente falible. Al afirmar que el Logos divino reemplazó la mente humana, Apolinar creía estar salvaguardando la impecabilidad de Cristo.
Por qué el apolinarismo es herético
La Iglesia rechazó el apolinarismo porque socavaba la plena humanidad de Cristo. Según la fe cristiana histórica, para que Cristo fuera el mediador perfecto entre Dios y la humanidad, debía ser plenamente humano y plenamente divino. La teología apolinarista plantea varios problemas:
- Negación de la plena Humanidad: Al negar que Cristo tuviera una mente humana o un alma racional, Apolinar enseñó, en efecto, que Jesús no era plenamente humano. Esto contradice la enseñanza bíblica, que enfatiza que Cristo se hizo plenamente humano (p. ej., Juan 1:14; Filipenses 2:6-8). La perspectiva ortodoxa sostiene que Cristo asumió todo lo esencial de la humanidad —cuerpo, alma y mente— para poder redimir plenamente a los seres humanos.
- Preocupaciones soteriológicas: Gregorio Nacianceno, un opositor clave del apolinarismo, argumentó célebremente: «Lo que no se asume no se sana». En otras palabras, si Cristo no asumió una naturaleza humana plena, incluyendo un alma racional, entonces no podría redimir todos los aspectos de la naturaleza humana. La obra redentora de Cristo depende de que Él comparta plenamente nuestra humanidad para sanarla desde adentro. Si falta parte de la humanidad de Cristo, entonces la salvación humana está incompleta.
- Concilio de Constantinopla (381 d. C.): La Iglesia condenó el apolinarismo en el Primer Concilio de Constantinopla, que reafirmó que Cristo es plenamente humano y plenamente divino, unidos en una sola persona. Esta condena del apolinarismo por parte del Concilio sentó las bases para definiciones cristológicas posteriores, en particular el Concilio de Calcedonia (451 d. C.), que aclararía aún más la doctrina de las dos naturalezas de Cristo.
Visión histórica cristiana ortodoxa
La visión cristiana ortodoxa histórica, definida con mayor claridad en el Concilio de Calcedonia del año 451 d. C., enseña que Jesucristo es una sola persona con dos naturalezas completas: plenamente Dios y plenamente humano. Estas dos naturalezas existen en unión hipostática, es decir, están unidas sin confusión, cambio, división ni separación. Calcedonia es la culminación de siglos de debate cristológico, que incluyó el rechazo de herejías como el apolinarismo, el arrianismo y el nestorianismo.
- Divinidad plena y humanidad plena:
- Cristo es plenamente divino, de una misma sustancia con el Padre según su naturaleza divina.
- Cristo también es plenamente humano, de la misma naturaleza que nosotros según su naturaleza humana. Esto incluye tener cuerpo, alma y mente humanos. Cristo fue como nosotros en todo, excepto en el pecado (Hebreos 4:15).
- La unión hipostática: El Concilio de Calcedonia declaró que en la única persona de Cristo, las naturalezas divina y humana están unidas “sin confusión, sin cambio, sin división, sin separación”. Esto significa que las dos naturalezas de Cristo, divina y humana, existen juntas en perfecta unidad, sin que ninguna de ellas sea disminuida o alterada.
- Importancia para la Salvación: La insistencia de la Iglesia en la plena humanidad de Cristo, incluyendo su mente humana, es esencial para la doctrina de la salvación. Si Cristo no es plenamente humano, no puede representar a la humanidad en su obra expiatoria. Asimismo, si no es plenamente divino, no puede lograr la salvación en nombre de la humanidad. La doctrina de la encarnación —que Dios el Hijo se hizo verdaderamente humano— es fundamental para la soteriología cristiana.
Conclusión
El apolinarismo es una herejía cristológica que pretendía defender la unidad de la persona de Cristo negando que tuviera una mente plenamente humana. Si bien estaba motivada por el deseo de proteger la integridad de la divinidad y la impecabilidad de Cristo, las enseñanzas de Apolinar en última instancia socavaron la plena humanidad de Cristo. La Iglesia, a través del Concilio de Constantinopla y posteriormente el Concilio de Calcedonia, rechazó el apolinarismo como herético, afirmando en cambio que Cristo es plenamente Dios y plenamente hombre, con dos naturalezas completas unidas en una sola persona. La visión ortodoxa histórica sostiene que Cristo asumió una naturaleza plenamente humana para redimir a toda la humanidad, cuerpo, alma y mente, y por lo tanto sirve como el mediador perfecto entre Dios y el hombre.
