Evaluación de la Salmodia Exclusiva
- Consideraciones sobre la salmodia exclusiva
SAM WALDRON
Traductor: Juan Flavio de Sousa
Revisión: Valentín Alpuche
En el principio, Dios dijo: «Que haya canto». El acto de la creación se describe como un momento acompañado de canto, cuando «las estrellas del alba cantaban juntas» (Job 38:7). Desde entonces, en su providencia, Dios ha dicho: «Que la tierra produzca todo tipo de canto y música». También ha dicho: «Que haya canciones de amor, lamentos por los muertos, baladas para los valientes, ¡y que haya himnos de alabanza a MÍ!». También ha ordenado que, al igual que debe haber una gran variedad de canciones, debe haber una gran variedad de música. De su providencia creativa han surgido todo tipo de instrumentos musicales y todo tipo de genios musicales. En el mundo disfrutamos de todo, desde bandas de música hasta Bach y mucho más. El canto y la música son maravillosos dones de Dios hechos para que los disfrutemos.
De hecho, existe una gran libertad cristiana con respecto a este asunto. Algunos pueden llevar esta libertad mucho más allá de lo que es bueno para ellos, glorificante para Dios o edificante para sus hermanos. Sin embargo, no cabe duda, existe una gran libertad cristiana para disfrutar de estos buenos dones de Dios. Los cristianos pueden disfrutar de conciertos sacros, del canto de salmos bíblicos, del talento de grandes músicos, de cuartetos de góspel sureños, así como solistas, dúos y tríos. Incluso, con la debida discreción, pueden disfrutar distintos tipos de música secular. Por supuesto, debemos cuidar que nuestras mentes no se llenen de aquello que nos contamina espiritualmente. Aun así, existe un lugar para todas estas expresiones en la rica vida que Dios ha concedido a su pueblo.
Sin embargo, en mi predicación para la Iglesia Bautista Reformada Grace, dentro de la serie «¿Cómo debemos adorar entonces?», no estoy abordando la libertad que los cristianos tienen para disfrutar de los buenos dones de Dios en sus propias vidas como mejor les parezca. No estoy tratando de qué tipo de música pueden llevar a sus propios hogares o escuchar en salas de conciertos. Mi preocupación es distinta. ¿Qué ha dispuesto Dios acerca de este asunto para su propia casa?
Muchas cosas tienen cabida en el mundo de Dios que no necesariamente tienen lugar en la casa de Dios. Existe una libertad para ordenar nuestras propias casas que no poseemos cuando se trata de la casa del Señor. La propia esencia del principio regulador del culto es precisamente esta: Dios ejerce un dominio especial sobre su iglesia, distinto al que ejerce sobre la vida común en general. Por eso Pablo le escribió a Timoteo: «Para que si tardo, sepas cómo debes conducirte en la casa de Dios» (1 Ti. 3:15). En el mundo disfrutamos libertad cristiana dentro de los límites de la ley divina; en la iglesia, en cambio, es Dios quien gobierna su propio culto.
Al llegar, dentro de esta serie, al elemento del culto que la Confesión Bautista de 1689 describe como el deber de enseñarnos y exhortarnos unos a otros con salmos, himnos y cánticos espirituales, cantando con gracia en nuestros corazones al Señor, mi intención no fue hablar extensamente sobre la música que se disfruta fuera de la iglesia. Podemos hacer lo que queramos en el mundo, siempre dentro de los límites establecidos por Dios, pero en Su casa condena la adoración voluntaria o la religión inventada por el hombre (Col. 2:23). La pregunta que me planteé fue simplemente esta: ¿Qué ha dicho Dios acerca de cantar Sus alabanzas en Su adoración?
Al considerar este tema, surgen varias preguntas secundarias importantes. La que deseo abordar aquí tiene que ver con el renovado impulso, en algunos círculos reformados, a favor de la salmodia exclusiva. Para tratar esta cuestión, asumo las respuestas a dos preguntas anteriores.
La primera se relaciona con el precedente del canto congregacional en la adoración formal. Considero que dicho precedente existe, sobre la base de pasajes como Mateo 26:30; 1 Corintios 14:15, 26; Efesios 5:18-20, Colosenses 3:16-17; y Apocalipsis 5:9-10.
La segunda pregunta tiene que ver con el propósito del canto congregacional. Y aquí, quizás sorprendentemente, el Nuevo Testamento deja claro que el propósito no es únicamente alabar a Dios, sino también ministrar a los hombres. Esto se enfatiza claramente en al menos tres de los cinco pasajes mencionados (1 Cor. 14:26; Ef. 5:18-20; y Col. 3:16-17).
Partiendo de estas bases, al llegar a la práctica concreta del canto congregacional me encontré con la pregunta que da título a esta reflexión. En esta y en las siguientes entradas abordaré cuatro cuestiones fundamentales, a saber:
1. ¿Qué es la salmodia exclusiva?
2. ¿Por qué debemos dedicar tiempo a tratar este tema?
3. ¿Cómo debe responderse a la pregunta?
4. ¿Cuáles son los principales argumentos en contra?
- ¿Qué es la salmodia exclusiva y por qué deberíamos dedicar tiempo a tratarla?
SAM WALDRON
¿Qué es la salmodia exclusiva?
He utilizado la expresión «salmodia exclusiva», así que permítanme explicarla con claridad.
Hay quienes sostienen que, en la adoración a Dios, solamente deben cantarse los salmos bíblicos. Dentro de esta postura existen dos versiones. La más estricta afirma que únicamente pueden cantarse los 150 salmos contenidos en el Libro de los Salmos. La versión menos estricta permite cantar otras porciones inspiradas de la Escritura, aunque generalmente ―y quizá como norma habitual― concluye que, para estar seguros, debemos limitarnos a los salmos del libro bíblico de los Salmos.
No pretendo caricaturizar o tergiversar esta posición. Ha sido defendida por hombres piadosos y de gran estatura teológica, motivados por un profundo compromiso con el principio regulador del culto. Eso merece respeto.
Uno de ellos ―y alguien a quien aprecio enormemente― es John Murray, a quien en tono algo irónico he descrito en ocasiones como mi «santo patrón», pues son pocos los hombres a quienes debo más en el plano teológico. Murray resume su postura de la siguiente manera (citado en Worship in the Presence of God, editado en Fellsmere, Florida por Frank J. Smith y David C. Lachman, Reformation Media and Press, 2006, p. 192):
1. No existe justificación bíblica para el uso de composiciones humanas no inspiradas en el canto de alabanza a Dios en el culto público.
2. Existe autoridad explícita para el uso de canciones inspiradas.
3. Por tanto, las canciones de adoración deben limitarse a las que están en las Escrituras, pues solo ellas son inspiradas.
4. El Libro de los Salmos nos proporciona el tipo de composiciones para las cuales tenemos autoridad bíblica.
5. Por lo tanto, estamos seguros de la aprobación divina cuando cantamos los salmos.
6. No estamos seguros de que otras canciones inspiradas estuvieran destinadas a ser cantadas en la adoración pública, aunque su uso no violaría el principio fundamental de emplear únicamente canciones inspiradas.
7. Debido a esa incertidumbre, debemos limitarnos al Libro de los Salmos.
Este resumen merece varios comentarios.
En primer lugar, refleja una postura bastante representativa entre quienes sostienen la salmodia exclusiva. Por un lado, admiten que cantar otras porciones inspiradas no contradice el principio fundamental sobre el que se basa explícitamente la autorización de las Escrituras; pero por otro, prefieren restringirse al libro de los Salmos debido a la supuesta incertidumbre acerca del uso litúrgico de otros cánticos bíblicos.
Algo similar señala Brian Schwertley cuando define la salmodia exclusiva como el uso exclusivo del libro de los Salmos como manual de alabanza en la iglesia: «Algunas iglesias cantan “himnos” de composición meramente humana; algunas iglesias cantan himnos no inspirados y canciones inspiradas del salterio bíblico, mientras que otras iglesias cantan solamente los 150 salmos de la Biblia. El uso se denomina “salmodia exclusiva”». (Esto está citado de la publicación en línea Exclusive Psalmody: A Biblical Defense , del autor).
En segundo lugar, Murray ilustra en esta afirmación lo que desde una perspectiva podría llamarse «rigidez» y desde otra «precaución» de la postura de la salmodia exclusiva. Afirma: «No estamos seguros de que otras canciones inspiradas estuvieran destinadas a ser cantadas en la adoración a Dios». Es decir, incluso respecto a ciertos cánticos inspirados, mantiene reservas sobre su uso en el culto. Esto, como mínimo, resulta llamativo.
En tercer lugar, tanto Murray como Schwertley dejan claro que la discusión no gira en torno a si debemos cantar los salmos. Personalmente, creo que sí debemos hacerlo, y no pienso discutir ese punto. Existen razones sabias y provechosas para incluir salmos bíblicos en el canto congregacional, como hacemos en nuestra propia iglesia. Los salmos están llenos de consuelo, son profundamente instructivos y presentan una visión de la experiencia cristiana mucho más realista y bíblica que gran parte de la himnodia contemporánea.
La cuestión, por tanto, no es la salmodia inclusiva ―es decir, cantar también salmos― sino la salmodia exclusiva. El verdadero debate es si debemos cantar solamente salmos bíblicos en el culto público.
¿Por qué deberíamos dedicar tiempo a tratar este tema?
Al predicar sobre este asunto en nuestra iglesia, y también al considerar si escribir sobre él en el blog, me planteé una pregunta que quizá muchos también se hayan hecho. ¿Por qué dedicar tiempo a este tema?
Existen miles de cuestiones teológicas y exegéticas que no necesariamente deben ser objeto de debate desde el púlpito o en una serie de artículos. Sin embargo, considero importante abordar esta por varias razones
En primer lugar, algunas de las personas con quienes estaríamos más de acuerdo sobre el principio regulador y a quienes más estimamos en otros aspectos teológicos consideran que el principio regulador conduce directamente a la salmodia exclusiva. John Murray es un destacado ejemplo de ello.
En segundo lugar, una de las objeciones prácticas más comunes contra el principio regulador es precisamente que este implica la salmodia exclusiva, doctrina que muchos perciben como anticuada o excesivamente rígida. Independientemente de si esa percepción es justa o no, considero necesario demostrar que el principio regulador no conduce inevitablemente a esa conclusión. De este modo, podemos eliminar un prejuicio innecesario que, en algunos casos ha servido para desacreditar el principio regulador sin un análisis adecuado.
- ¿Cómo se debe responder a la cuestión de la salmodia exclusiva?
SAM WALDRON
¿Cómo se debe responder a la pregunta??
¿Qué quiero decir con esta pregunta? Quiero decir, ¿sobre qué base debe responderse la pregunta? ¿Qué regla debe guiarnos cuando intentamos responder a la pregunta sobre la salmodia exclusiva? En el contexto de esta serie sobre la pregunta «¿Cómo debemos adorar entonces?», ¿cuál debería ser nuestra base para responder a esta pregunta? Por supuesto, debe ser el principio regulador en sí mismo. Ese principio exige que tengamos una garantía en la Palabra de Dios para cada elemento de nuestra adoración.
Pero aquí hay una pregunta difícil. ¿Cómo se aplica exactamente el principio regulador a esta cuestión? ¿La aplicación del principio regulador a esta cuestión es que el partidario de la salmodia exclusiva debe proporcionar una garantía clara y bíblica para la misma? ¿O es que el que no es partidario de la misma debe proporcionar una garantía para cantar composiciones no inspiradas?
Como he dicho, es un asunto difícil. Sin embargo, también es un tema importante porque se relaciona con la cuestión crucial (para este y todos los demás argumentos) de la carga de la prueba. ¿Sobre quién recae la carga de la prueba? ¿Recae sobre el defensor de la salmodia exclusiva? Entonces la pregunta será: ¿Tenemos justificación en las Escrituras para la doctrina de la salmodia exclusiva? ¿O recae la carga de la prueba sobre quien rechaza la salmodia exclusiva? Entonces la pregunta sería: ¿Tenemos justificación en las Escrituras para cantar algo distinto de los salmos inspirados que se encuentran en la Biblia?
Obviamente, quien defiende la salmodia exclusiva suele argumentar que la carga de la prueba recae en quien quiere cantar algo distinto de los salmos bíblicos. Dirá que está claro que debemos cantar los salmos bíblicos y que tenemos una justificación clara para ello. Dirán que es seguro cantar salmos bíblicos inspirados, pero que no es seguro cantar otros himnos no inspirados a menos que tengamos una justificación clara para ello en la Biblia.
Ahora bien, no estoy seguro de que los defensores de la salmodia exclusiva tengan toda la razón al hacer recaer la carga de la prueba sobre nosotros, sus oponentes. Sin duda, sería extraño que la salmodia exclusiva como doctrina no pudiera justificarse sobre la base del principio regulador. En otras palabras, sería ciertamente extraño que dicha doctrina no pudiera demostrarse sobre la base de la sola scriptura. ¿No es necesario que todas las doctrinas de la iglesia, incluida esta, se demuestren sobre dicha base? Sin duda, así es. Citando el capítulo 1, párrafo 6a, de la Confesión Bautista de 1689:
Todo el consejo de Dios concerniente a todas las cosas necesarias para su propia gloria, la salvación del hombre, la fe y la vida, está expresamente establecido o necesariamente contenido en las Sagradas Escrituras, a las que nada debe añadirse en ningún momento, ya sea por nueva revelación del Espíritu o por tradiciones de los hombres.
Toda doctrina de la iglesia debe basarse en las Escrituras o en sus consecuencias buenas y necesarias. Este es el significado de la frase «ya sea expresamente establecido o necesariamente contenido en las Sagradas Escrituras». Por lo tanto, me parece que es muy difícil para el defensor de la salmodia exclusiva hacer recaer la carga de la prueba sobre su oponente y eludir la necesidad de demostrar que la misma puede demostrarse basándose únicamente en las Escrituras.
Pero, independientemente de si puede hacerlo o no, lo cierto es que su causa está perdida si la carga de la prueba recae sobre el defensor de la salmodia exclusiva. Está claro que no puede demostrar a partir de las Escrituras que solamente debemos cantar salmos bíblicos inspirados. Si la carga de la prueba recae sobre el defensor de la salmodia exclusiva, entonces (¡permítanme repetirlo!) su causa está perdida. Y creo que él sabe que su causa está perdida. El pastor Jeff Smith, de Coconut Creek, Florida (en su artículo inédito titulado «Arguments Against Exclusive Psalmody»), señala:
…las Escrituras nunca dicen en ninguna parte que el libro de los Salmos del Antiguo Testamento fuera dado para ser el himnario definitivo de la iglesia para todos los tiempos. De hecho, las Escrituras nos han sido dadas como única regla de fe y vida, pero las Escrituras nunca dicen que el Salterio deba ser nuestra única fuente de alabanza cristiana.
Permítanme ilustrar esto con las Escrituras. Para demostrar la salmodia exclusiva a partir de la sola scriptura, los defensores de esta opinión deben demostrar que pasajes como 1 Corintios 14:26; Efesios 5:19-20 y Colosenses 3:16-17 únicamente se refieren al libro de los Salmos. El hecho es que no afirman esto. Su argumento es más bien que estos pasajes incluyen claramente el Libro de los Salmos, pero no que este sea el único, total y ciertamente todo a lo que se refieren. Más bien, dicen que no es seguro si se tienen en cuenta otras canciones. Por lo tanto, para estar seguros, solo debemos cantar el Libro de los Salmos o, como mucho, canciones inspiradas.
Del mismo modo, sugieren que la palabra «espiritual» puede referirse a la idea de inspiración. Sin embargo, no se puede demostrar que este término signifique «inspirado» en este contexto. De hecho, como mostraré más adelante, hay otra interpretación que se impone con mucha más fuerza.
Todo esto quiere decir, pues, que la salmodia exclusiva no se puede demostrar a partir de la sola scriptura. Por lo tanto, puede ser muy adecuado argumentar que no tenemos garantía en el principio regulador para la salmodia exclusiva.
Pero por el bien de este argumento, en mis futuros blogs, estoy dispuesto a asumir la carga de la prueba. Estoy dispuesto a plantear y responder a la pregunta: ¿Tenemos justificación en las Escrituras para cantar algo distinto a los salmos inspirados que se encuentran en la Biblia? Mi respuesta es un rotundo ¡SÍ!
- Mi primer argumento importante contra la salmodia exclusiva
SAM WALDRON
¿Cuáles son los principales argumentos en contra??
En primer lugar, los salmistas exclusivos no cantan realmente salmos inspirados.
Los escritos de los defensores de la salmodia exclusiva están plagados de la afirmación de que solamente cantan salmos inspirados. Sin embargo, debo comenzar mi crítica a su postura diciendo que en realidad no lo hacen. Puede parecer increíble o audaz decir esto; sin embargo, el hecho es que no creemos en la inspiración de ninguna traducción inglesa de la Biblia. Desde luego, no creemos en la inspiración de ninguna versión inglesa de los salmos, ya que han sido adaptados para ser cantados.
La cuestión aquí no es únicamente que se hayan añadido muchas palabras y se hayan reorganizado frases en todos los arreglos métricos ingleses de los salmos y que esto plantee grandes interrogantes sobre la afirmación de cantar salmos inspirados. En mi opinión, esa es una crítica verdadera y válida de la afirmación de cantar salmos inspirados. Como escribe Gary Crampton (en Trinity Review):
En cuarto lugar, otra pregunta que hay que plantear a los salmodistas exclusivos es la siguiente: «¿Qué constituye un salmo metrificado?». ¿Hasta qué punto deben ser fieles a las Escrituras los salmos cantados? Algunos de los salmos metrificados son, en el mejor de los casos, paráfrasis aproximadas del texto hebreo. Los salmodistas exclusivos no tolerarían tal laxitud en sus Biblias. Cantar estos salmos está lejos de ser cantar «Escrituras inspiradas». ¿Viola el salmodista exclusivo el principio regulador cuando no canta los salmos en el lenguaje exacto del hebreo?
Bob Morey (en An Examination of Exclusive Psalmody) señala: «¿No es cierto que el salterio reorganiza las palabras de las Escrituras, añade palabras y quita palabras de las Escrituras, de modo que existen pruebas claras de que el salterio es en realidad un producto de la composición humana?». Morey muestra que la respuesta a esta pregunta es sin duda afirmativa.
Pero este problema es solo la punta del iceberg. La cuestión más profunda es que la inspiración verbal plenaria solamente es cierta en las Escrituras en los idiomas originales en los que están escritas. Los evangélicos de la actualidad únicamente afirman que los autógrafos originales de la Biblia son inspirados, infalibles e inerrantes. La Declaración de Chicago sobre la Inerrancia afirma en su sección sobre transmisión y traducción:
Dado que Dios no ha prometido en ninguna parte una transmisión infalible de las Escrituras, es necesario afirmar que solo el texto autógrafo de los documentos originales fue inspirado y mantener la necesidad de la crítica textual como medio para detectar cualquier error que pueda haberse colado en el texto durante su transmisión. Sin embargo, el veredicto de esta ciencia es que los textos hebreo y griego parecen estar sorprendentemente bien conservados, por lo que estamos ampliamente justificados para afirmar, con la Confesión de Westminster, una providencia singular de Dios en este asunto y para declarar que la autoridad de las Escrituras no se ve en modo alguno comprometida por el hecho de que las copias que poseemos no estén totalmente libres de errores.
Del mismo modo, ninguna traducción es ni puede ser perfecta, y todas las traducciones suponen un paso adicional que las aleja de los autógrafos originales. Sin embargo, el veredicto de la ciencia lingüística es que los cristianos de habla inglesa, al menos, cuentan hoy en día con una gran cantidad de excelentes traducciones y no tienen motivos para dudar de que la verdadera Palabra de Dios está a su alcance. De hecho, en vista de la frecuente repetición en las Escrituras de los principales temas que trata y también del testimonio constante del Espíritu Santo a través de la Palabra, ninguna traducción seria de las Sagradas Escrituras destruirá su significado hasta el punto de impedir que el lector sea «sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús» (2 Ti. 3:15).
Eso es correcto y verdadero según nuestra confesión de fe. El capítulo 1, párrafo 8, dice:
El Antiguo Testamento en hebreo (que era la lengua materna del pueblo de Dios de antaño) y el Nuevo Testamento en griego (que en el momento de su redacción era la lengua más conocida por las naciones), inspirados directamente por Dios y mantenidos puros en todas las épocas por su singular cuidado y providencia, son, por lo tanto, auténticos; de modo que, en todas las controversias religiosas, la iglesia debe recurrir finalmente a ellos.
Esto significa que todo su discurso sobre cantar solamente salmos inspirados se basa en una confusión fundamental. Las traducciones inglesas de la Biblia y los salmos metrificados no son inspiradas. ¿Significa esto que no podemos confiar en nuestras traducciones inglesas de las Escrituras? ¡Por supuesto que no! ¿Significa que no tenemos la Palabra de Dios en inglés? ¡De nuevo, por supuesto que no! Tenemos la Palabra de Dios en traducciones fieles al inglés. Pero esas traducciones inglesas no son en sí mismas inspiradas.
Pero como estas lenguas originales no son conocidas por todo el pueblo de Dios, que tiene derecho e interés en las Escrituras, y al que se le ordena en el temor de Dios que las lea y las examine, por lo tanto, deben ser traducidas al lenguaje vulgar de cada nación a la que llegan, para que la Palabra de Dios more abundantemente en todos, y puedan adorarlo de manera aceptable, y mediante la paciencia y el consuelo de las Escrituras puedan tener esperanza.
Ahora bien, el defensor de la salmodia exclusiva puede argumentar que todavía podemos y debemos cantar la Palabra de Dios. Estoy completamente de acuerdo y no tengo ningún argumento en contra de él en este punto. Pero, como he dicho, los escritos de los defensores de la salmodia exclusiva están plagados de afirmaciones de que debemos cantar los salmos inspirados. Escuchemos a Brian Schwertley en su obra Exclusive Psalmody: A Biblical Defense: «El uso de canciones divinamente inspiradas en la adoración no es solo una ordenanza de adoración del Antiguo Testamento, sino también una ordenanza de la era del nuevo pacto… debemos rechazar su intento de eludir el requisito de Dios de utilizar canciones inspiradas en la adoración pública». A menos que estemos dispuestos a aprender hebreo, no podemos cantar los salmos inspirados. Solamente podemos cantar traducciones fieles al inglés de los mismos, pero esto no es lo mismo que cantar salmos inspirados.
Me parece que hay una consecuencia importante de comprender y admitir que nadie canta realmente salmos inspirados. Es sugerir que lo correcto que se debe decir sobre este asunto es que nuestro canto debe ser cuidadosamente bíblico y no que debemos cantar salmos inspirados. Sin embargo, existen muchos himnos que son cuidadosamente bíblicos y que no son salmos metrificados en inglés textuales ni siquiera Escrituras textuales.
V. Mi segundo argumento importante contra la salmodia exclusiva
SAM WALDRON
Hemos llegado al punto en este blog en el que estamos considerando argumentos en contra de la salmodia exclusiva. Este es mi segundo argumento.
En segundo lugar, se nos ordena adorar en espíritu y en verdad (Juan 4:24), es decir, debemos adorar a la luz del cumplimiento del Evangelio y no de las sombras del Antiguo Testamento.
Juan 4:24 dice: «Dios es espíritu, y los que le adoran deben adorarle en espíritu y en verdad». Es necesario explicar un poco el uso que estoy haciendo de este texto.
Juan 4:24 es posiblemente el texto clásico de todo el Nuevo Testamento sobre la necesidad de adorar a Dios, no según los tipos y sombras carnales del Antiguo Testamento, sino adorar a Dios de acuerdo con el cumplimiento de estos tipos y sombras en el Nuevo Pacto. Por lo tanto, es crucial que entendamos la enseñanza de este texto en el sentido de que debemos adorar a Dios según la luz del evangelio y no según las sombras del Antiguo Pacto.
En Juan 4:24 se encuentra una endíadis en la frase «en espíritu y en verdad». Endíadis es una palabra que suena sofisticada, pero en realidad tiene un significado y una derivación muy simples. Es una construcción gramatical en la que un concepto se transmite a través de dos palabras. Eso es lo que significa. (H)En = uno. Dia = a través de. Dis = dos. En esta endíadis de Juan 4:24, espíritu y verdad se introducen con un solo artículo y, por lo tanto, se combinan para transmitir un solo concepto.
Los escritos de Juan se caracterizan a menudo por una simplicidad engañosa que disimula una gran riqueza de significado. Aquí, la adoración en espíritu y en verdad tiene al menos tres matices de significado. Esto se confirma por el hecho de que el contexto de Juan 4:24 enfatiza cada uno de estos diferentes matices de significado. Aunque es el tercero de estos matices el más importante para mi tesis, no debemos descuidar los dos primeros.
La adoración en espíritu y en verdad es la adoración realizada a la luz de la revelación divina y en sumisión a ella. Por lo tanto, es lo contrario de la adoración ignorante. El contexto hace hincapié en esto. Juan 4:22 dice: «Vosotros (samaritanos) adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos: porque la salvación viene de los judíos». Recordemos el énfasis del profeta Isaías citado por nuestro Señor en Mateo 15:8-9: «Este pueblo de labios me honra, más su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres».
La adoración en espíritu y en verdad es la adoración que corresponde a la naturaleza de Dios como espíritu. Por lo tanto, es lo contrario de la adoración muerta. ¿Por qué digo eso? Una vez más, el contexto nos guía. El versículo 24 deja claro que la adoración en espíritu y en verdad es la adoración que está controlada por la naturaleza de Dios como espíritu o que corresponde a ella.
Por importantes que sean estas dos facetas de la frase, no agotan ni constituyen el punto principal del texto. La adoración en espíritu y en verdad es la adoración en términos de las realidades del evangelio traídas por la venida del Mesías. Por lo tanto, es lo contrario de la adoración simbólica del Antiguo Testamento. El contexto de Juan 4:24 está lleno de énfasis en la llegada de la nueva era de cumplimiento en la que las sombras del orden temporal del Antiguo Testamento desaparecen (vv. 21, 23 y 25).
21 Jesús le dijo: Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre.
23 Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren.
25 Le dijo la mujer: Sé que ha de venir el Mesías, llamado el Cristo; cuando él venga nos declarará todas las cosas».
La verdad en la Biblia no es solamente lo contrario de la falsedad, sino también lo contrario de la sombra. Juan 1:17 lo deja claro: «Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo». Sobre este punto, escuchemos las palabras de Juan Calvino:
Y aquí nuevamente debemos observar que la verdad no se compara con la falsedad, sino con la adición externa de las figuras de la Ley; de modo que, para usar una expresión común, la verdad es la sustancia pura y simple de la adoración espiritual. (Comentarios de Calvino. Véanse sus comentarios sobre Juan 4:23).
Esta faceta del significado de Juan 4:24 tiene varias aplicaciones importantes, pero entre ellas se encuentra la clara enseñanza de que la salmodia exclusiva está asociada en la mente de muchas personas con el principio regulador. Pero esta opinión parece extrañamente desfasada con lo que dice Jesús en Juan 4:24.
Permítanme explicar lo que quiero decir. Por supuesto, no estoy diciendo que no debamos cantar los salmos de David. Creo que debemos hacerlo. Pero deben entenderse y cantarse a la luz del principio de Juan 4:24. Deben cantarse y entenderse en términos de su verdadero significado, que encuentra su cumplimiento en la adoración en espíritu y en verdad del Nuevo Pacto. Así que, sí, debemos predicar, orar y cantar los ciento cincuenta salmos bíblicos.
Pero las palabras de Jesús indican claramente que incluso los salmos formaban parte de la adoración simbólica del Antiguo Testamento. Sería extraño, en efecto, a la luz de las enseñanzas de Jesús, adoptar la postura de que únicamente podemos cantar los salmos del Antiguo Testamento, pero que no podemos cantar las palabras y verdades en las que encuentran su cumplimiento en el Nuevo Testamento. Se debe permitir a la iglesia adorar en espíritu y en verdad, y no se le debe restringir en su canto a la revelación preliminar, típica y sombría del Antiguo Testamento en su adoración. Pensemos en lo que realmente dice la postura de la salmodia exclusiva y lo discordante que resulta. Jesús nos dice que adoremos en el espíritu y la verdad de la revelación del Nuevo Pacto, pero la salmodia exclusiva nos dice que solo podemos cantar los salmos del Antiguo Testamento en esa adoración.
La conclusión debe ser que el libro de los Salmos es un himnario inadecuado para la iglesia de Jesucristo. El defensor de la salmodia exclusiva dirá sin duda que los salmos deben cantarse a la luz de la revelación del Nuevo Testamento. Eso está bien. Sin embargo, incluso si se cantan a la luz de la revelación del Nuevo Testamento, esto sigue suponiendo que las interpretaciones y comprensiones cristianas de los salmos son dignas de ser cantadas. Esto significa, además, dado que no existe un equivalente en el Nuevo Testamento a los Salmos, que los cristianos están llamados a componer himnos que sean fieles a la palabra de Cristo.
Pero incluso admitiendo que los salmos deben cantarse cristianamente, esto no satisface Juan 4:24. Nadie antes de la venida de Cristo entendió o creyó específicamente la doctrina de la Trinidad. Estaba implícita en el Antiguo Testamento, pero no era explícita. Nadie en el Antiguo Testamento enseñó la doctrina de la justificación con la claridad del apóstol Pablo. Estaba implícita en el Antiguo Testamento, pero no era explícita. Nadie en el Antiguo Testamento identificó específicamente a Jesús de Nazaret como el Cristo. Estaba implícito en el Antiguo Testamento, pero no era explícito.
Entonces, ¿cuál es mi punto? No es suficiente cantar palabras que solamente hacen implícita la identidad del Mesías, la doctrina de la justificación y la doctrina de la Trinidad. El corazón cristiano clama por decir estas cosas con la claridad de la revelación del Nuevo Testamento.
VI. Mi tercer argumento importante contra la salmodia exclusiva
SAM WALDRON
Con esta publicación llego al tercer argumento en contra de la salmodia exclusiva, que está estrechamente relacionado con el segundo. Habiendo visto en Juan 4:24 que se nos exige adorar a Dios a la luz del evangelio y no a la sombra de la ley, el tercer argumento es el siguiente:
En tercer lugar, las Escrituras nos ordenan cantar cánticos nuevos en consonancia con la revelación progresiva de la redención de Dios.
Existen varios llamamientos en la Biblia para cantar nuevos cánticos a Dios. En el pasado, he dudado en utilizar estos llamamientos como argumento contra la salmodia exclusiva, pero después de muchos años de reflexión, ahora creo que constituyen tal argumento. Quizás su significado se pueda expresar de forma más sucinta y concisa en Apocalipsis 5:9-10:
Y cantaban un nuevo cántico diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra.
Los comentarios de Schwertley sobre la frase «cántico nuevo» en las Escrituras en Exclusive Psalmody: A Biblical Defense no logran, en mi opinión, desestimar la importancia de esta frase para una crítica de la salmodia exclusiva.
Schwertley sostiene que el cántico nuevo no es un canto no inspirado, sino uno inspirado. Puede que sea así, pero sigue contradiciendo la negativa tanto de Schwertley como de Murray a cantar nada que no sean los salmos de David. Admiten que las Escrituras ordenan que se cante un cántico nuevo, ¡pero se niegan a cantarlo, aunque sea inspirado!
Schwertley sugiere, alternativamente, que el cántico nuevo es simplemente uno antiguo cantado con un nuevo significado. Quizás este sea el caso, aunque lo dudo, en lo que respecta a algunos de los usos de la frase «cántico nuevo» en el Antiguo Testamento. También sugiere que podría ser uno de los salmos del libro de los Salmos, pero uno con el que el pueblo de Dios aún no está familiarizado. Una vez más, tal vez este sea el caso. El problema es que ninguna de estas especulaciones puede aplicarse o explicar el uso de la frase en Apocalipsis 5:9-10.
Consideremos varias características claras de Apocalipsis 5:9-10:
Primera característica: Cumple un mandato bíblico que se repite con frecuencia.
En Apocalipsis 5:9-10, la multitud celestial está cumpliendo el mandato que se repite con frecuencia en las Escrituras de cantar un cántico nuevo al Señor.
Salmo 33:3 Cantadle cántico nuevo; hacedlo bien, tañendo con júbilo.
Salmo 96:1 Cantad a Jehová cántico nuevo; cantad a Jehová, toda la tierra.
Salmo 98:1 Cantad a Jehová cántico nuevo, porque ha hecho maravillas; su diestra lo ha salvado, y su santo brazo.
Salmo 149:1 Cantad a Jehová cántico nuevo; su alabanza sea en la congregación de los santos.
Isaías 42:10 Cantad a Jehová un nuevo cántico, su alabanza desde el fin de la tierra; los que descendéis al mar, y cuanto hay en él, las costas y los moradores de ellas.
Segunda característica: celebra una nueva etapa en la historia redentora y está cuidadosamente situada con respecto a ella.
En el contexto anterior de Apocalipsis 5:9-10 se nos cuenta de manera simbólica, pero clara, el motivo de este nuevo canto. Se trata de la ascensión y entronización del Mediador, Cristo Jesús. Este fue un nuevo acontecimiento histórico-redentor simbolizado claramente en el Cordero que se acerca al trono y toma el libro. Debe haber un nuevo canto para celebrar este nuevo acontecimiento y esta nueva etapa en la historia redentora.
Las palabras y el tema de este nuevo cántico —hay que señalarlo— están cuidadosamente situados en relación con la redención. No solamente es un nuevo cántico cantado tras la entronización del Mediador, sino uno que refleja un período anterior al momento en que los santos reinarán en la tierra. (El mejor texto griego de Apocalipsis 5:10 tiene el tiempo futuro, en contraste con el texto inferior reflejado en la KJV).
Tercera característica: este nuevo cántico implica cantar nuevas palabras y tiene un nuevo texto.
En el propio texto de Apocalipsis 5:9-10 se nos dicen las palabras de este cántico. No es un salmo antiguo cantado con un nuevo significado. No es un salmo del libro bíblico de los Salmos con el que el pueblo de Dios no está familiarizado. Es un cántico con nuevas palabras que transmiten nuevos pensamientos y conceptos. El griego es claro. «Cantaban un cántico nuevo diciendo…».
Conclusiones:
Consideremos ahora el extremismo de la postura defendida tanto por Murray como por Schwertley. Aunque de la boca para afuera admiten la posibilidad de que existan nuevos cánticos inspirados, en la práctica se niegan a cantar nada que no sean los ciento cincuenta salmos del libro de los Salmos. Prácticamente se niegan a hacer lo que las Escrituras nos enseñan por mandato y ejemplo que debemos hacer. Debemos cantar cánticos nuevos que encarnen los gloriosos acontecimientos redentores de la nueva etapa de la historia redentora que se ha alcanzado, ¡pero ellos únicamente cantarán los salmos del libro de los Salmos del Antiguo Testamento!
Aquí, el nuevo cántico es claramente uno con nuevas palabras y pensamientos. ¡La nueva revelación exige nuevas canciones! Y esto exige cánticos fundamentados e impregnados de la revelación dada en el Nuevo Testamento. Refuta la idea de que solo podemos cantar en el lenguaje del Antiguo Testamento.
VII. Mi cuarto argumento importante
contra la salmodia exclusiva
SAM WALDRON
En cuarto lugar, la salmodia exclusiva no concuerda con los requisitos que Dios establece con respecto a otras partes del culto.
Ciertamente se nos ordena predicar sermones bíblicos y orar oraciones bíblicas, pero esto no nos limita a leer solo sermones que se encuentran en las Escrituras o a orar solamente oraciones que se encuentran en las Escrituras. Entonces, ¿por qué deberíamos pensar que en nuestro canto estamos limitados a cantar Escrituras inspiradas o incluso a cantar Escrituras textualmente?
Mi punto es que esta opinión es inconsistente con las otras partes de la adoración. La opinión de la salmodia exclusiva dice que en la adoración de la iglesia únicamente podemos cantar traducciones de las Escrituras, pero consideremos lo inconsistente y extraño que es esto. La salmodia exclusiva no restringe la predicación a la recitación o lectura de traducciones de las Escrituras. No lo hace y nosotros no restringimos la predicación a sermones inspirados o traducciones de sermones bíblicos. Nosotros no lo hacemos y la salmodia exclusiva no restringe la oración a la recitación o lectura de oraciones bíblicas. Ellos no restringen, y nosotros tampoco, la oración colectiva a oraciones inspiradas o traducciones de oraciones bíblicas.
Sin embargo, la salmodia exclusiva sí restringe el canto de alabanza al uso de canciones inspiradas o traducciones de himnos bíblicos. Simplemente preguntamos: ¿por qué? ¿Cómo puede ser correcto predicar sermones no inspirados, usar oraciones no inspiradas y, sin embargo, sea incorrecto cantar himnos no inspirados? ¿Por qué deberíamos restringir nuestra himnodia a traducciones de las Escrituras cuando no restringimos así nuestra predicación o nuestras oraciones?
Leamos al pastor Jeff Smith en su Essay on Exclusive Salmody:
Si está mal cantar himnos no inspirados en el culto, entonces me parece que estaría mal usar oraciones no inspiradas y predicar sermones no inspirados. Verán, el mismo argumento a favor del uso exclusivo del libro de los Salmos, o un argumento más moderado a favor del uso exclusivo de canciones ya registradas en las Escrituras, si se lleva a su conclusión lógica, significaría que solo podemos recitar oraciones de las Escrituras y solamente podemos recitar sermones de las Escrituras. Si no hay lugar para canciones de alabanza improvisadas, tampoco hay lugar para oraciones improvisadas ni sermones improvisados. Ahora bien, quienes sostienen esta opinión no llegan tan lejos y yo digo que, por lo tanto, están siendo incoherentes…
Este problema es especialmente acuciante porque la Biblia no establece una distinción clara entre cantar y orar. Más de veinte de los ciento cincuenta salmos se denominan oraciones. He aquí un ejemplo: El Salmo 17:1 dice: «Oración de David. Oye, oh Jehová Señor, una causa justa, está atento a mi clamor; escucha mi oración hecha de labios sin engaño».
Los defensores de la salmodia exclusiva a veces apelan a la parte del culto que implica la lectura de las Escrituras para mostrar que hay otra parte del culto restringida a las propias palabras de las Escrituras. Por lo tanto, argumentan que algunas partes del culto son libres (como la predicación y la oración), pero otras están restringidas, como el canto y la lectura de las Escrituras. A esto hay que dar varias respuestas:
En primer lugar, como se ha señalado anteriormente, este tipo de distinción tiende a desafiar la forma en que el canto se funde con la oración. Y, como diré ahora, tiende a desafiar la conexión entre la lectura de las Escrituras y su interpretación.
En segundo lugar, la Biblia enseña que parte de la lectura de las Escrituras debe incluir los comentarios explicativos del lector. ¿Qué dice Nehemías 8:8? Y leían el libro de la ley de Dios claramente, y ponían el sentido, de modo que entendiesen la lectura. La lectura de las Escrituras puede ir acompañada, y cuando sea necesario debe ir acompañada, de breves comentarios explicativos. Esto queda claro por su conexión con la exhortación y la enseñanza de 1 Timoteo 4:13. Queda claro por los comentarios que se hacen en Nehemías 8:8.
En tercer lugar, como sugerí en mi primer argumento, la lectura de las Escrituras en los servicios en inglés requiere la selección de una traducción al inglés. Toda traducción al inglés de la Biblia, incluso la más literal, implica decisiones interpretativas por parte de los traductores. Sin embargo, esto no es incorrecto, sino que encuentra su precedente en Nehemías 8:8. Por lo tanto, incluso la lectura de las Escrituras no es paralela a la afirmación de cantar salmos inspirados.
VIII. Mi quinto argumento importante contra la salmodia exclusiva
SAM WALDRON
Mi análisis de la salmodia exclusiva estaría incompleto si no abordara los textos clave de Efesios 5:19-20, Colosenses 3:16-17 y su mención de «salmos, himnos y cánticos espirituales».
En quinto lugar, la mejor interpretación de Efesios 5:19-20 y Colosenses 3:16-17 lleva a la conclusión de que Pablo no estaba pensando estrictamente en el Libro de los Salmos en este pasaje, ni siquiera en canciones inspiradas.
Para esclarecer la interpretación adecuada de estos pasajes paralelos, conviene exponer claramente los principios fundamentales de la interpretación que de ellos hace el salmodista exclusivo.
En primer lugar, este afirma que la frase «salmos, himnos y cánticos espirituales» se refiere al libro de los Salmos. Es habitual que señalen que cada una de estas tres palabras se utiliza con frecuencia en los Salmos. En este punto exegético tienen toda la razón. Un recuento rápido muestra que setenta y seis de los noventa y nueve usos de la palabra salmo en la Septuaginta y el Nuevo Testamento Griego se encuentran en los Salmos. Trece de los treinta y cuatro usos de himno se encuentran en los Salmos. Cuarenta y cuatro de los noventa y cinco usos de cántico se encuentran en los Salmos. Murray sostiene que «cuando Pablo escribió “salmos, himnos y cánticos espirituales”, esperaba que sus lectores pensaran en… el Libro de los Salmos» (Worship in the Presence of God, 187). Del mismo modo, Frank Smith afirma que estas palabras «se refieren específicamente al material del Salterio» (Worship in the Presence of God, 206). Schwertley defiende de manera similar esta posición en su obra Exclusive Psalmody: A Biblical Defense.
En segundo lugar, los salmodistas exclusivos sostienen que el modificador «espiritual» en Efesios 5:19 y Colosenses 3:16 se refiere a estos cánticos (y posiblemente también a los salmos e himnos) como inspirados. Para los salmodistas exclusivos, «espiritual» significa «inspirado» en este pasaje. Schwertley, en Exclusive Psalmody: A Biblical Defense, sigue a Murray, quien dice: «En cualquiera de estas suposiciones, los salmos, los himnos y los cánticos son todos “espirituales” y, por lo tanto, todos inspirados por el Espíritu Santo. La relevancia de esto para la cuestión que nos ocupa es perfectamente evidente. Los himnos no inspirados quedan inmediatamente excluidos» (Worship in the Presence of God, 188).
Una vez establecidos estos dos pilares de la interpretación exclusiva del salmodista de estos pasajes, podemos contraponerles la interpretación adecuada.
En cuanto al significado de «espiritual» en este pasaje, debemos decir de inmediato que es muy improbable que tenga el significado de inspirado. La palabra «espiritual» nunca aparece en la Septuaginta, pero aparece veintiséis veces en el Nuevo Testamento. Según el léxico Gingrich de Bibleworks, tiene el significado de «perteneciente al espíritu». En Efesios 6:12 se utiliza en la frase «las fuerzas espirituales de maldad en las regiones celestes». En este caso, por lo tanto, significa «perteneciente a los espíritus malignos». En los otros veinticinco casos se utiliza para referirse a asuntos relacionados con el Espíritu de Dios y, por lo tanto, significa «que tiene que ver con el Espíritu de Dios». Se utiliza para referirse a sacrificios espirituales (1 Pd. 2:5), una casa espiritual (1 Pd. 2:5), un don espiritual (Ro. 1:11), la ley como espiritual (Ro. 7:14), beneficios espirituales (Ro. 15:27), cosas espirituales (1 Cor. 2:13; 9:11), personas espirituales (1 Cor. 2:13), el hombre espiritual en contraste con el hombre natural (1 Cor. 2:15; 3:1), comida y bebida espirituales de una roca espiritual (1 Cor. 10:3, 4), dones espirituales (1 Cor. 12:1; 14:1), personas con dones espirituales (1 Cor. 14:37), cuerpos espirituales (es decir, resucitados o glorificados) (1 Cor. 15:44, 46), una persona espiritual en contraste con un cristiano que ha caído en un pecado grave (Gál. 6:1), bendiciones espirituales (Ef. 1:3) y entendimiento espiritual (Col. 1:9).
El estudio anterior es suficiente para mostrar cuán variado es el uso del término «espiritual» en el Nuevo Testamento. La mayoría de sus usos no tienen nada que ver con estar inspirado. Solo en unos pocos casos existe una relación tangencial con la idea de inspiración (1 Cor. 12:1; 14:1; y 14:37). Por lo tanto, aunque es posible que la palabra «espiritual» pueda asociarse en algunos casos con la idea de inspiración, la idea de que significa o puede traducirse como «inspirado» es simplemente errónea. Además, en los pasajes que se están discutiendo existen muchas razones para dudar de tal significado.
El significado de «espiritual» en Efesios 5:19 debe estar relacionado con la referencia a la llamada a los cristianos en el versículo 18 a seguir siendo llenos del Espíritu. El versículo 19 está directamente relacionado con el versículo 18 por medio del participio instrumental «hablando» al comienzo del versículo 19. Por consiguiente, y con toda seguridad, dado que estar llenos del Espíritu no significa ni connota en modo alguno estar inspirados, este contexto implica directamente que el significado de «espiritual» en el versículo 19 no es «inspirado».
Del mismo modo, el lenguaje paralelo de Colosenses 3:16, que exhorta a los cristianos a permitir que la palabra de Cristo more en ellos abundantemente, no les exhorta a estar inspirados. Por lo tanto, el llamado al uso de cánticos espirituales no es uno al uso de cánticos inspirados.
El primer pilar de la interpretación salmodista exclusiva de estos pasajes clave se rompe así. No es en absoluto probable que «espiritual» signifique aquí «inspirado», sino que es mucho más probable que signifique «resultante de la llenura del Espíritu».
El segundo pilar de la posición exclusiva de los salmodistas es que la frase «salmos, himnos y cánticos espirituales» se refiere específicamente al Libro de los Salmos del Antiguo Testamento. Contra esta opinión se pueden presentar varias objeciones poderosas.
En primer lugar, el Libro de los Salmos nunca se menciona en ninguna otra parte del Nuevo Testamento con ese lenguaje. Obsérvese los cuatro ejemplos siguientes.
Lucas 20:42 «Pues el mismo David dice en el libro de los Salmos: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra».
Lucas 24:44 Y les dijo: Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos.
Hechos 1:20 «Porque está escrito en el libro de los Salmos: Sea hecha desierta su habitación, y no haya quien more en ella; y: Tome otro tome su oficio.
Hechos 13:33 La cual Dios ha cumplido (esta promesa) a los hijos de ellos, a nosotros, resucitando a Jesús; como está escrito también en el salmo segundo: mi hijo eres tú, yo te he engendrado hoy.
En segundo lugar, hay que observar que en este pasaje falta el artículo delante de cada una de las tres palabras que se supone que se refieren al Libro de los Salmos. Aunque la ausencia no es definitiva, en este caso parece hacer que la referencia sea una referencia general a los salmos, himnos y cánticos espirituales y no sugiere una referencia específica al Libro de los Salmos.
En tercer lugar, la afirmación de que estas palabras son referencias específicas al Libro de los Salmos se ve afectada por el uso de la palabra «espiritual» para modificar «cántico». Parecería que la posición exclusiva del salmodista requeriría que cada una de las tres palabras fuera una referencia específica al Salterio. Sin embargo, la palabra «espiritual» no se utiliza en el Antiguo Testamento y, desde luego, tampoco en el texto de los Salmos. Si «cántico» es una referencia específica al Salterio, ¿por qué es necesario añadir la palabra «espiritual»?
Los salmodistas exclusivos sostienen que la palabra «espiritual» puede definir las tres palabras. Esto puede ser gramaticalmente posible. (Pero no es probable, ya que «espiritual» es femenino y concuerda con «canciones», pero no con «salmos» e «himnos»). Sin embargo, el problema señalado anteriormente sigue existiendo. ¿Por qué es necesario añadir la palabra «espiritual» (o «inspirado», como ellos sostienen que significa) si «salmos» e «himnos» ya se refieren al Libro de los Salmos?
Pero, de hecho, existe una razón mucho más probable para la adición de la palabra «espiritual». Tanto los salmos como los himnos se refieren a cánticos divinos, es decir, cánticos de alabanza a Dios. La palabra «cánticos» no tiene esta referencia religiosa en sí misma. (Por esa razón, es poco probable que se refiera específicamente al Libro de los Salmos). Dado que «cánticos» no tiene este significado religioso en sí mismo, era necesario que Pablo añadiera la palabra «espiritual» para dejar claro el tipo de canciones que tenía en mente.
En cuarto lugar, es poco probable que las palabras se refieran específicamente al Libro de los Salmos, ya que la Biblia recoge otras canciones de adoración con estos nombres. Jeff Smith, en su ensayo inédito Essay on Exclusive Psalmody, dice:
… hay canciones de adoración en la Biblia escritas tanto antes como después del libro de los Salmos. Lea Éxodo 15, Números 21:17, Deuteronomio 32 y Jueces 5, y encontrará canciones de adoración que nunca se incorporaron al libro de los Salmos. Y en el Nuevo Testamento encontrará lo mismo, por ejemplo, en el libro del Apocalipsis. No solamente eso, en 1 Corintios 14 parece que tenemos una referencia a canciones que fueron dadas bajo la influencia inmediata del Espíritu y que no están registradas en la Biblia en absoluto. Es cierto que esto fue en el contexto del ejercicio de los dones reveladores que, en mi opinión, han dejado de funcionar en la iglesia desde la finalización de las Escrituras. Sin embargo, sigue pareciendo un ejemplo de canciones cantadas en la iglesia que no proceden del libro de los Salmos.
Quinto, si Pablo quisiera referirse a canciones distintas de las contenidas en el Salterio, estas serían las únicas palabras que podría haber utilizado. El pastor Jeff Smith vuelve a ser de gran ayuda en este sentido:
…las tres palabras que Pablo utiliza en nuestro texto son las únicas tres palabras para canciones de cualquier tipo en el griego bíblico. En otras palabras, si Pablo quisiera referirse a una variedad de canciones y no solo al Salterio del Antiguo Testamento, estos serían los términos que tendría que utilizar. Por otro lado, si hubiera querido enfatizar el uso exclusivo de los salmos del Antiguo Testamento, podría haber dicho simplemente «hablad entre vosotros a partir de los salmos». Podría haberse referido a los salmos como una referencia exclusiva a los salmos canónicos. Esa construcción se utiliza a menudo en el Nuevo Testamento en referencia al libro de los Salmos. Pero él no lo hace.
Conclusión:
Permítanme resumir en esta última entrada de mi serie sobre el tema de la salmodia exclusiva. En primer lugar, permítanme reiterar mi amor y respeto por los hermanos que defienden la salmodia exclusiva. Son algunos de mis hermanos más queridos. En segundo lugar, permítanme expresar mi profunda preocupación por que sus opiniones no se extiendan entre quienes defienden la importante doctrina reformada del principio regulador. La salmodia exclusiva es tan contraria a los instintos básicos del corazón y la vida cristianos que temo que su prevalencia traiga consigo (como ya ha traído) el descrédito y la sospecha sobre el propio principio regulador. En tercer lugar, permítanme repasar mis argumentos en contra de la salmodia exclusiva.
En primer lugar, los propios salmodistas exclusivos no cantan realmente salmos inspirados.
En segundo lugar, se nos manda adorar en espíritu y en verdad (Jn. 4:24), es decir, debemos adorar a la luz del cumplimiento del evangelio y no de las sombras del Antiguo Testamento.
En tercer lugar, se nos manda en las Escrituras entonar cánticos nuevos acordes con la revelación progresiva de la redención de Dios.
Cuarto, la salmodia exclusiva no concuerda con los requisitos que Dios establece con respecto a otras partes de la adoración.
Quinto, la mejor interpretación de Efesios 5:19-20 y Colosenses 3:16-17 lleva a la conclusión de que Pablo no estaba pensando estrictamente en el Libro de los Salmos en este pasaje, ni siquiera en canciones inspiradas.
Evaluación de la Salmodia Exclusiva
- Consideraciones sobre la salmodia exclusiva
SAM WALDRON
Traductor: Juan Flavio de Sousa
Revisión: Valentín Alpuche
En el principio, Dios dijo: «Que haya canto». El acto de la creación se describe como un momento acompañado de canto, cuando «las estrellas del alba cantaban juntas» (Job 38:7). Desde entonces, en su providencia, Dios ha dicho: «Que la tierra produzca todo tipo de canto y música». También ha dicho: «Que haya canciones de amor, lamentos por los muertos, baladas para los valientes, ¡y que haya himnos de alabanza a MÍ!». También ha ordenado que, al igual que debe haber una gran variedad de canciones, debe haber una gran variedad de música. De su providencia creativa han surgido todo tipo de instrumentos musicales y todo tipo de genios musicales. En el mundo disfrutamos de todo, desde bandas de música hasta Bach y mucho más. El canto y la música son maravillosos dones de Dios hechos para que los disfrutemos.
De hecho, existe una gran libertad cristiana con respecto a este asunto. Algunos pueden llevar esta libertad mucho más allá de lo que es bueno para ellos, glorificante para Dios o edificante para sus hermanos. Sin embargo, no cabe duda, existe una gran libertad cristiana para disfrutar de estos buenos dones de Dios. Los cristianos pueden disfrutar de conciertos sacros, del canto de salmos bíblicos, del talento de grandes músicos, de cuartetos de góspel sureños, así como solistas, dúos y tríos. Incluso, con la debida discreción, pueden disfrutar distintos tipos de música secular. Por supuesto, debemos cuidar que nuestras mentes no se llenen de aquello que nos contamina espiritualmente. Aun así, existe un lugar para todas estas expresiones en la rica vida que Dios ha concedido a su pueblo.
Sin embargo, en mi predicación para la Iglesia Bautista Reformada Grace, dentro de la serie «¿Cómo debemos adorar entonces?», no estoy abordando la libertad que los cristianos tienen para disfrutar de los buenos dones de Dios en sus propias vidas como mejor les parezca. No estoy tratando de qué tipo de música pueden llevar a sus propios hogares o escuchar en salas de conciertos. Mi preocupación es distinta. ¿Qué ha dispuesto Dios acerca de este asunto para su propia casa?
Muchas cosas tienen cabida en el mundo de Dios que no necesariamente tienen lugar en la casa de Dios. Existe una libertad para ordenar nuestras propias casas que no poseemos cuando se trata de la casa del Señor. La propia esencia del principio regulador del culto es precisamente esta: Dios ejerce un dominio especial sobre su iglesia, distinto al que ejerce sobre la vida común en general. Por eso Pablo le escribió a Timoteo: «Para que si tardo, sepas cómo debes conducirte en la casa de Dios» (1 Ti. 3:15). En el mundo disfrutamos libertad cristiana dentro de los límites de la ley divina; en la iglesia, en cambio, es Dios quien gobierna su propio culto.
Al llegar, dentro de esta serie, al elemento del culto que la Confesión Bautista de 1689 describe como el deber de enseñarnos y exhortarnos unos a otros con salmos, himnos y cánticos espirituales, cantando con gracia en nuestros corazones al Señor, mi intención no fue hablar extensamente sobre la música que se disfruta fuera de la iglesia. Podemos hacer lo que queramos en el mundo, siempre dentro de los límites establecidos por Dios, pero en Su casa condena la adoración voluntaria o la religión inventada por el hombre (Col. 2:23). La pregunta que me planteé fue simplemente esta: ¿Qué ha dicho Dios acerca de cantar Sus alabanzas en Su adoración?
Al considerar este tema, surgen varias preguntas secundarias importantes. La que deseo abordar aquí tiene que ver con el renovado impulso, en algunos círculos reformados, a favor de la salmodia exclusiva. Para tratar esta cuestión, asumo las respuestas a dos preguntas anteriores.
La primera se relaciona con el precedente del canto congregacional en la adoración formal. Considero que dicho precedente existe, sobre la base de pasajes como Mateo 26:30; 1 Corintios 14:15, 26; Efesios 5:18-20, Colosenses 3:16-17; y Apocalipsis 5:9-10.
La segunda pregunta tiene que ver con el propósito del canto congregacional. Y aquí, quizás sorprendentemente, el Nuevo Testamento deja claro que el propósito no es únicamente alabar a Dios, sino también ministrar a los hombres. Esto se enfatiza claramente en al menos tres de los cinco pasajes mencionados (1 Cor. 14:26; Ef. 5:18-20; y Col. 3:16-17).
Partiendo de estas bases, al llegar a la práctica concreta del canto congregacional me encontré con la pregunta que da título a esta reflexión. En esta y en las siguientes entradas abordaré cuatro cuestiones fundamentales, a saber:
1. ¿Qué es la salmodia exclusiva?
2. ¿Por qué debemos dedicar tiempo a tratar este tema?
3. ¿Cómo debe responderse a la pregunta?
4. ¿Cuáles son los principales argumentos en contra?
- ¿Qué es la salmodia exclusiva y por qué deberíamos dedicar tiempo a tratarla?
SAM WALDRON
¿Qué es la salmodia exclusiva?
He utilizado la expresión «salmodia exclusiva», así que permítanme explicarla con claridad.
Hay quienes sostienen que, en la adoración a Dios, solamente deben cantarse los salmos bíblicos. Dentro de esta postura existen dos versiones. La más estricta afirma que únicamente pueden cantarse los 150 salmos contenidos en el Libro de los Salmos. La versión menos estricta permite cantar otras porciones inspiradas de la Escritura, aunque generalmente ―y quizá como norma habitual― concluye que, para estar seguros, debemos limitarnos a los salmos del libro bíblico de los Salmos.
No pretendo caricaturizar o tergiversar esta posición. Ha sido defendida por hombres piadosos y de gran estatura teológica, motivados por un profundo compromiso con el principio regulador del culto. Eso merece respeto.
Uno de ellos ―y alguien a quien aprecio enormemente― es John Murray, a quien en tono algo irónico he descrito en ocasiones como mi «santo patrón», pues son pocos los hombres a quienes debo más en el plano teológico. Murray resume su postura de la siguiente manera (citado en Worship in the Presence of God, editado en Fellsmere, Florida por Frank J. Smith y David C. Lachman, Reformation Media and Press, 2006, p. 192):
1. No existe justificación bíblica para el uso de composiciones humanas no inspiradas en el canto de alabanza a Dios en el culto público.
2. Existe autoridad explícita para el uso de canciones inspiradas.
3. Por tanto, las canciones de adoración deben limitarse a las que están en las Escrituras, pues solo ellas son inspiradas.
4. El Libro de los Salmos nos proporciona el tipo de composiciones para las cuales tenemos autoridad bíblica.
5. Por lo tanto, estamos seguros de la aprobación divina cuando cantamos los salmos.
6. No estamos seguros de que otras canciones inspiradas estuvieran destinadas a ser cantadas en la adoración pública, aunque su uso no violaría el principio fundamental de emplear únicamente canciones inspiradas.
7. Debido a esa incertidumbre, debemos limitarnos al Libro de los Salmos.
Este resumen merece varios comentarios.
En primer lugar, refleja una postura bastante representativa entre quienes sostienen la salmodia exclusiva. Por un lado, admiten que cantar otras porciones inspiradas no contradice el principio fundamental sobre el que se basa explícitamente la autorización de las Escrituras; pero por otro, prefieren restringirse al libro de los Salmos debido a la supuesta incertidumbre acerca del uso litúrgico de otros cánticos bíblicos.
Algo similar señala Brian Schwertley cuando define la salmodia exclusiva como el uso exclusivo del libro de los Salmos como manual de alabanza en la iglesia: «Algunas iglesias cantan “himnos” de composición meramente humana; algunas iglesias cantan himnos no inspirados y canciones inspiradas del salterio bíblico, mientras que otras iglesias cantan solamente los 150 salmos de la Biblia. El uso se denomina “salmodia exclusiva”». (Esto está citado de la publicación en línea Exclusive Psalmody: A Biblical Defense , del autor).
En segundo lugar, Murray ilustra en esta afirmación lo que desde una perspectiva podría llamarse «rigidez» y desde otra «precaución» de la postura de la salmodia exclusiva. Afirma: «No estamos seguros de que otras canciones inspiradas estuvieran destinadas a ser cantadas en la adoración a Dios». Es decir, incluso respecto a ciertos cánticos inspirados, mantiene reservas sobre su uso en el culto. Esto, como mínimo, resulta llamativo.
En tercer lugar, tanto Murray como Schwertley dejan claro que la discusión no gira en torno a si debemos cantar los salmos. Personalmente, creo que sí debemos hacerlo, y no pienso discutir ese punto. Existen razones sabias y provechosas para incluir salmos bíblicos en el canto congregacional, como hacemos en nuestra propia iglesia. Los salmos están llenos de consuelo, son profundamente instructivos y presentan una visión de la experiencia cristiana mucho más realista y bíblica que gran parte de la himnodia contemporánea.
La cuestión, por tanto, no es la salmodia inclusiva ―es decir, cantar también salmos― sino la salmodia exclusiva. El verdadero debate es si debemos cantar solamente salmos bíblicos en el culto público.
¿Por qué deberíamos dedicar tiempo a tratar este tema?
Al predicar sobre este asunto en nuestra iglesia, y también al considerar si escribir sobre él en el blog, me planteé una pregunta que quizá muchos también se hayan hecho. ¿Por qué dedicar tiempo a este tema?
Existen miles de cuestiones teológicas y exegéticas que no necesariamente deben ser objeto de debate desde el púlpito o en una serie de artículos. Sin embargo, considero importante abordar esta por varias razones
En primer lugar, algunas de las personas con quienes estaríamos más de acuerdo sobre el principio regulador y a quienes más estimamos en otros aspectos teológicos consideran que el principio regulador conduce directamente a la salmodia exclusiva. John Murray es un destacado ejemplo de ello.
En segundo lugar, una de las objeciones prácticas más comunes contra el principio regulador es precisamente que este implica la salmodia exclusiva, doctrina que muchos perciben como anticuada o excesivamente rígida. Independientemente de si esa percepción es justa o no, considero necesario demostrar que el principio regulador no conduce inevitablemente a esa conclusión. De este modo, podemos eliminar un prejuicio innecesario que, en algunos casos ha servido para desacreditar el principio regulador sin un análisis adecuado.
- ¿Cómo se debe responder a la cuestión de la salmodia exclusiva?
SAM WALDRON
¿Cómo se debe responder a la pregunta??
¿Qué quiero decir con esta pregunta? Quiero decir, ¿sobre qué base debe responderse la pregunta? ¿Qué regla debe guiarnos cuando intentamos responder a la pregunta sobre la salmodia exclusiva? En el contexto de esta serie sobre la pregunta «¿Cómo debemos adorar entonces?», ¿cuál debería ser nuestra base para responder a esta pregunta? Por supuesto, debe ser el principio regulador en sí mismo. Ese principio exige que tengamos una garantía en la Palabra de Dios para cada elemento de nuestra adoración.
Pero aquí hay una pregunta difícil. ¿Cómo se aplica exactamente el principio regulador a esta cuestión? ¿La aplicación del principio regulador a esta cuestión es que el partidario de la salmodia exclusiva debe proporcionar una garantía clara y bíblica para la misma? ¿O es que el que no es partidario de la misma debe proporcionar una garantía para cantar composiciones no inspiradas?
Como he dicho, es un asunto difícil. Sin embargo, también es un tema importante porque se relaciona con la cuestión crucial (para este y todos los demás argumentos) de la carga de la prueba. ¿Sobre quién recae la carga de la prueba? ¿Recae sobre el defensor de la salmodia exclusiva? Entonces la pregunta será: ¿Tenemos justificación en las Escrituras para la doctrina de la salmodia exclusiva? ¿O recae la carga de la prueba sobre quien rechaza la salmodia exclusiva? Entonces la pregunta sería: ¿Tenemos justificación en las Escrituras para cantar algo distinto de los salmos inspirados que se encuentran en la Biblia?
Obviamente, quien defiende la salmodia exclusiva suele argumentar que la carga de la prueba recae en quien quiere cantar algo distinto de los salmos bíblicos. Dirá que está claro que debemos cantar los salmos bíblicos y que tenemos una justificación clara para ello. Dirán que es seguro cantar salmos bíblicos inspirados, pero que no es seguro cantar otros himnos no inspirados a menos que tengamos una justificación clara para ello en la Biblia.
Ahora bien, no estoy seguro de que los defensores de la salmodia exclusiva tengan toda la razón al hacer recaer la carga de la prueba sobre nosotros, sus oponentes. Sin duda, sería extraño que la salmodia exclusiva como doctrina no pudiera justificarse sobre la base del principio regulador. En otras palabras, sería ciertamente extraño que dicha doctrina no pudiera demostrarse sobre la base de la sola scriptura. ¿No es necesario que todas las doctrinas de la iglesia, incluida esta, se demuestren sobre dicha base? Sin duda, así es. Citando el capítulo 1, párrafo 6a, de la Confesión Bautista de 1689:
Todo el consejo de Dios concerniente a todas las cosas necesarias para su propia gloria, la salvación del hombre, la fe y la vida, está expresamente establecido o necesariamente contenido en las Sagradas Escrituras, a las que nada debe añadirse en ningún momento, ya sea por nueva revelación del Espíritu o por tradiciones de los hombres.
Toda doctrina de la iglesia debe basarse en las Escrituras o en sus consecuencias buenas y necesarias. Este es el significado de la frase «ya sea expresamente establecido o necesariamente contenido en las Sagradas Escrituras». Por lo tanto, me parece que es muy difícil para el defensor de la salmodia exclusiva hacer recaer la carga de la prueba sobre su oponente y eludir la necesidad de demostrar que la misma puede demostrarse basándose únicamente en las Escrituras.
Pero, independientemente de si puede hacerlo o no, lo cierto es que su causa está perdida si la carga de la prueba recae sobre el defensor de la salmodia exclusiva. Está claro que no puede demostrar a partir de las Escrituras que solamente debemos cantar salmos bíblicos inspirados. Si la carga de la prueba recae sobre el defensor de la salmodia exclusiva, entonces (¡permítanme repetirlo!) su causa está perdida. Y creo que él sabe que su causa está perdida. El pastor Jeff Smith, de Coconut Creek, Florida (en su artículo inédito titulado «Arguments Against Exclusive Psalmody»), señala:
…las Escrituras nunca dicen en ninguna parte que el libro de los Salmos del Antiguo Testamento fuera dado para ser el himnario definitivo de la iglesia para todos los tiempos. De hecho, las Escrituras nos han sido dadas como única regla de fe y vida, pero las Escrituras nunca dicen que el Salterio deba ser nuestra única fuente de alabanza cristiana.
Permítanme ilustrar esto con las Escrituras. Para demostrar la salmodia exclusiva a partir de la sola scriptura, los defensores de esta opinión deben demostrar que pasajes como 1 Corintios 14:26; Efesios 5:19-20 y Colosenses 3:16-17 únicamente se refieren al libro de los Salmos. El hecho es que no afirman esto. Su argumento es más bien que estos pasajes incluyen claramente el Libro de los Salmos, pero no que este sea el único, total y ciertamente todo a lo que se refieren. Más bien, dicen que no es seguro si se tienen en cuenta otras canciones. Por lo tanto, para estar seguros, solo debemos cantar el Libro de los Salmos o, como mucho, canciones inspiradas.
Del mismo modo, sugieren que la palabra «espiritual» puede referirse a la idea de inspiración. Sin embargo, no se puede demostrar que este término signifique «inspirado» en este contexto. De hecho, como mostraré más adelante, hay otra interpretación que se impone con mucha más fuerza.
Todo esto quiere decir, pues, que la salmodia exclusiva no se puede demostrar a partir de la sola scriptura. Por lo tanto, puede ser muy adecuado argumentar que no tenemos garantía en el principio regulador para la salmodia exclusiva.
Pero por el bien de este argumento, en mis futuros blogs, estoy dispuesto a asumir la carga de la prueba. Estoy dispuesto a plantear y responder a la pregunta: ¿Tenemos justificación en las Escrituras para cantar algo distinto a los salmos inspirados que se encuentran en la Biblia? Mi respuesta es un rotundo ¡SÍ!
- Mi primer argumento importante contra la salmodia exclusiva
SAM WALDRON
¿Cuáles son los principales argumentos en contra??
En primer lugar, los salmistas exclusivos no cantan realmente salmos inspirados.
Los escritos de los defensores de la salmodia exclusiva están plagados de la afirmación de que solamente cantan salmos inspirados. Sin embargo, debo comenzar mi crítica a su postura diciendo que en realidad no lo hacen. Puede parecer increíble o audaz decir esto; sin embargo, el hecho es que no creemos en la inspiración de ninguna traducción inglesa de la Biblia. Desde luego, no creemos en la inspiración de ninguna versión inglesa de los salmos, ya que han sido adaptados para ser cantados.
La cuestión aquí no es únicamente que se hayan añadido muchas palabras y se hayan reorganizado frases en todos los arreglos métricos ingleses de los salmos y que esto plantee grandes interrogantes sobre la afirmación de cantar salmos inspirados. En mi opinión, esa es una crítica verdadera y válida de la afirmación de cantar salmos inspirados. Como escribe Gary Crampton (en Trinity Review):
En cuarto lugar, otra pregunta que hay que plantear a los salmodistas exclusivos es la siguiente: «¿Qué constituye un salmo metrificado?». ¿Hasta qué punto deben ser fieles a las Escrituras los salmos cantados? Algunos de los salmos metrificados son, en el mejor de los casos, paráfrasis aproximadas del texto hebreo. Los salmodistas exclusivos no tolerarían tal laxitud en sus Biblias. Cantar estos salmos está lejos de ser cantar «Escrituras inspiradas». ¿Viola el salmodista exclusivo el principio regulador cuando no canta los salmos en el lenguaje exacto del hebreo?
Bob Morey (en An Examination of Exclusive Psalmody) señala: «¿No es cierto que el salterio reorganiza las palabras de las Escrituras, añade palabras y quita palabras de las Escrituras, de modo que existen pruebas claras de que el salterio es en realidad un producto de la composición humana?». Morey muestra que la respuesta a esta pregunta es sin duda afirmativa.
Pero este problema es solo la punta del iceberg. La cuestión más profunda es que la inspiración verbal plenaria solamente es cierta en las Escrituras en los idiomas originales en los que están escritas. Los evangélicos de la actualidad únicamente afirman que los autógrafos originales de la Biblia son inspirados, infalibles e inerrantes. La Declaración de Chicago sobre la Inerrancia afirma en su sección sobre transmisión y traducción:
Dado que Dios no ha prometido en ninguna parte una transmisión infalible de las Escrituras, es necesario afirmar que solo el texto autógrafo de los documentos originales fue inspirado y mantener la necesidad de la crítica textual como medio para detectar cualquier error que pueda haberse colado en el texto durante su transmisión. Sin embargo, el veredicto de esta ciencia es que los textos hebreo y griego parecen estar sorprendentemente bien conservados, por lo que estamos ampliamente justificados para afirmar, con la Confesión de Westminster, una providencia singular de Dios en este asunto y para declarar que la autoridad de las Escrituras no se ve en modo alguno comprometida por el hecho de que las copias que poseemos no estén totalmente libres de errores.
Del mismo modo, ninguna traducción es ni puede ser perfecta, y todas las traducciones suponen un paso adicional que las aleja de los autógrafos originales. Sin embargo, el veredicto de la ciencia lingüística es que los cristianos de habla inglesa, al menos, cuentan hoy en día con una gran cantidad de excelentes traducciones y no tienen motivos para dudar de que la verdadera Palabra de Dios está a su alcance. De hecho, en vista de la frecuente repetición en las Escrituras de los principales temas que trata y también del testimonio constante del Espíritu Santo a través de la Palabra, ninguna traducción seria de las Sagradas Escrituras destruirá su significado hasta el punto de impedir que el lector sea «sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús» (2 Ti. 3:15).
Eso es correcto y verdadero según nuestra confesión de fe. El capítulo 1, párrafo 8, dice:
El Antiguo Testamento en hebreo (que era la lengua materna del pueblo de Dios de antaño) y el Nuevo Testamento en griego (que en el momento de su redacción era la lengua más conocida por las naciones), inspirados directamente por Dios y mantenidos puros en todas las épocas por su singular cuidado y providencia, son, por lo tanto, auténticos; de modo que, en todas las controversias religiosas, la iglesia debe recurrir finalmente a ellos.
Esto significa que todo su discurso sobre cantar solamente salmos inspirados se basa en una confusión fundamental. Las traducciones inglesas de la Biblia y los salmos metrificados no son inspiradas. ¿Significa esto que no podemos confiar en nuestras traducciones inglesas de las Escrituras? ¡Por supuesto que no! ¿Significa que no tenemos la Palabra de Dios en inglés? ¡De nuevo, por supuesto que no! Tenemos la Palabra de Dios en traducciones fieles al inglés. Pero esas traducciones inglesas no son en sí mismas inspiradas.
Pero como estas lenguas originales no son conocidas por todo el pueblo de Dios, que tiene derecho e interés en las Escrituras, y al que se le ordena en el temor de Dios que las lea y las examine, por lo tanto, deben ser traducidas al lenguaje vulgar de cada nación a la que llegan, para que la Palabra de Dios more abundantemente en todos, y puedan adorarlo de manera aceptable, y mediante la paciencia y el consuelo de las Escrituras puedan tener esperanza.
Ahora bien, el defensor de la salmodia exclusiva puede argumentar que todavía podemos y debemos cantar la Palabra de Dios. Estoy completamente de acuerdo y no tengo ningún argumento en contra de él en este punto. Pero, como he dicho, los escritos de los defensores de la salmodia exclusiva están plagados de afirmaciones de que debemos cantar los salmos inspirados. Escuchemos a Brian Schwertley en su obra Exclusive Psalmody: A Biblical Defense: «El uso de canciones divinamente inspiradas en la adoración no es solo una ordenanza de adoración del Antiguo Testamento, sino también una ordenanza de la era del nuevo pacto… debemos rechazar su intento de eludir el requisito de Dios de utilizar canciones inspiradas en la adoración pública». A menos que estemos dispuestos a aprender hebreo, no podemos cantar los salmos inspirados. Solamente podemos cantar traducciones fieles al inglés de los mismos, pero esto no es lo mismo que cantar salmos inspirados.
Me parece que hay una consecuencia importante de comprender y admitir que nadie canta realmente salmos inspirados. Es sugerir que lo correcto que se debe decir sobre este asunto es que nuestro canto debe ser cuidadosamente bíblico y no que debemos cantar salmos inspirados. Sin embargo, existen muchos himnos que son cuidadosamente bíblicos y que no son salmos metrificados en inglés textuales ni siquiera Escrituras textuales.
V. Mi segundo argumento importante contra la salmodia exclusiva
SAM WALDRON
Hemos llegado al punto en este blog en el que estamos considerando argumentos en contra de la salmodia exclusiva. Este es mi segundo argumento.
En segundo lugar, se nos ordena adorar en espíritu y en verdad (Juan 4:24), es decir, debemos adorar a la luz del cumplimiento del Evangelio y no de las sombras del Antiguo Testamento.
Juan 4:24 dice: «Dios es espíritu, y los que le adoran deben adorarle en espíritu y en verdad». Es necesario explicar un poco el uso que estoy haciendo de este texto.
Juan 4:24 es posiblemente el texto clásico de todo el Nuevo Testamento sobre la necesidad de adorar a Dios, no según los tipos y sombras carnales del Antiguo Testamento, sino adorar a Dios de acuerdo con el cumplimiento de estos tipos y sombras en el Nuevo Pacto. Por lo tanto, es crucial que entendamos la enseñanza de este texto en el sentido de que debemos adorar a Dios según la luz del evangelio y no según las sombras del Antiguo Pacto.
En Juan 4:24 se encuentra una endíadis en la frase «en espíritu y en verdad». Endíadis es una palabra que suena sofisticada, pero en realidad tiene un significado y una derivación muy simples. Es una construcción gramatical en la que un concepto se transmite a través de dos palabras. Eso es lo que significa. (H)En = uno. Dia = a través de. Dis = dos. En esta endíadis de Juan 4:24, espíritu y verdad se introducen con un solo artículo y, por lo tanto, se combinan para transmitir un solo concepto.
Los escritos de Juan se caracterizan a menudo por una simplicidad engañosa que disimula una gran riqueza de significado. Aquí, la adoración en espíritu y en verdad tiene al menos tres matices de significado. Esto se confirma por el hecho de que el contexto de Juan 4:24 enfatiza cada uno de estos diferentes matices de significado. Aunque es el tercero de estos matices el más importante para mi tesis, no debemos descuidar los dos primeros.
La adoración en espíritu y en verdad es la adoración realizada a la luz de la revelación divina y en sumisión a ella. Por lo tanto, es lo contrario de la adoración ignorante. El contexto hace hincapié en esto. Juan 4:22 dice: «Vosotros (samaritanos) adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos: porque la salvación viene de los judíos». Recordemos el énfasis del profeta Isaías citado por nuestro Señor en Mateo 15:8-9: «Este pueblo de labios me honra, más su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres».
La adoración en espíritu y en verdad es la adoración que corresponde a la naturaleza de Dios como espíritu. Por lo tanto, es lo contrario de la adoración muerta. ¿Por qué digo eso? Una vez más, el contexto nos guía. El versículo 24 deja claro que la adoración en espíritu y en verdad es la adoración que está controlada por la naturaleza de Dios como espíritu o que corresponde a ella.
Por importantes que sean estas dos facetas de la frase, no agotan ni constituyen el punto principal del texto. La adoración en espíritu y en verdad es la adoración en términos de las realidades del evangelio traídas por la venida del Mesías. Por lo tanto, es lo contrario de la adoración simbólica del Antiguo Testamento. El contexto de Juan 4:24 está lleno de énfasis en la llegada de la nueva era de cumplimiento en la que las sombras del orden temporal del Antiguo Testamento desaparecen (vv. 21, 23 y 25).
21 Jesús le dijo: Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre.
23 Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren.
25 Le dijo la mujer: Sé que ha de venir el Mesías, llamado el Cristo; cuando él venga nos declarará todas las cosas».
La verdad en la Biblia no es solamente lo contrario de la falsedad, sino también lo contrario de la sombra. Juan 1:17 lo deja claro: «Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo». Sobre este punto, escuchemos las palabras de Juan Calvino:
Y aquí nuevamente debemos observar que la verdad no se compara con la falsedad, sino con la adición externa de las figuras de la Ley; de modo que, para usar una expresión común, la verdad es la sustancia pura y simple de la adoración espiritual. (Comentarios de Calvino. Véanse sus comentarios sobre Juan 4:23).
Esta faceta del significado de Juan 4:24 tiene varias aplicaciones importantes, pero entre ellas se encuentra la clara enseñanza de que la salmodia exclusiva está asociada en la mente de muchas personas con el principio regulador. Pero esta opinión parece extrañamente desfasada con lo que dice Jesús en Juan 4:24.
Permítanme explicar lo que quiero decir. Por supuesto, no estoy diciendo que no debamos cantar los salmos de David. Creo que debemos hacerlo. Pero deben entenderse y cantarse a la luz del principio de Juan 4:24. Deben cantarse y entenderse en términos de su verdadero significado, que encuentra su cumplimiento en la adoración en espíritu y en verdad del Nuevo Pacto. Así que, sí, debemos predicar, orar y cantar los ciento cincuenta salmos bíblicos.
Pero las palabras de Jesús indican claramente que incluso los salmos formaban parte de la adoración simbólica del Antiguo Testamento. Sería extraño, en efecto, a la luz de las enseñanzas de Jesús, adoptar la postura de que únicamente podemos cantar los salmos del Antiguo Testamento, pero que no podemos cantar las palabras y verdades en las que encuentran su cumplimiento en el Nuevo Testamento. Se debe permitir a la iglesia adorar en espíritu y en verdad, y no se le debe restringir en su canto a la revelación preliminar, típica y sombría del Antiguo Testamento en su adoración. Pensemos en lo que realmente dice la postura de la salmodia exclusiva y lo discordante que resulta. Jesús nos dice que adoremos en el espíritu y la verdad de la revelación del Nuevo Pacto, pero la salmodia exclusiva nos dice que solo podemos cantar los salmos del Antiguo Testamento en esa adoración.
La conclusión debe ser que el libro de los Salmos es un himnario inadecuado para la iglesia de Jesucristo. El defensor de la salmodia exclusiva dirá sin duda que los salmos deben cantarse a la luz de la revelación del Nuevo Testamento. Eso está bien. Sin embargo, incluso si se cantan a la luz de la revelación del Nuevo Testamento, esto sigue suponiendo que las interpretaciones y comprensiones cristianas de los salmos son dignas de ser cantadas. Esto significa, además, dado que no existe un equivalente en el Nuevo Testamento a los Salmos, que los cristianos están llamados a componer himnos que sean fieles a la palabra de Cristo.
Pero incluso admitiendo que los salmos deben cantarse cristianamente, esto no satisface Juan 4:24. Nadie antes de la venida de Cristo entendió o creyó específicamente la doctrina de la Trinidad. Estaba implícita en el Antiguo Testamento, pero no era explícita. Nadie en el Antiguo Testamento enseñó la doctrina de la justificación con la claridad del apóstol Pablo. Estaba implícita en el Antiguo Testamento, pero no era explícita. Nadie en el Antiguo Testamento identificó específicamente a Jesús de Nazaret como el Cristo. Estaba implícito en el Antiguo Testamento, pero no era explícito.
Entonces, ¿cuál es mi punto? No es suficiente cantar palabras que solamente hacen implícita la identidad del Mesías, la doctrina de la justificación y la doctrina de la Trinidad. El corazón cristiano clama por decir estas cosas con la claridad de la revelación del Nuevo Testamento.
VI. Mi tercer argumento importante contra la salmodia exclusiva
SAM WALDRON
Con esta publicación llego al tercer argumento en contra de la salmodia exclusiva, que está estrechamente relacionado con el segundo. Habiendo visto en Juan 4:24 que se nos exige adorar a Dios a la luz del evangelio y no a la sombra de la ley, el tercer argumento es el siguiente:
En tercer lugar, las Escrituras nos ordenan cantar cánticos nuevos en consonancia con la revelación progresiva de la redención de Dios.
Existen varios llamamientos en la Biblia para cantar nuevos cánticos a Dios. En el pasado, he dudado en utilizar estos llamamientos como argumento contra la salmodia exclusiva, pero después de muchos años de reflexión, ahora creo que constituyen tal argumento. Quizás su significado se pueda expresar de forma más sucinta y concisa en Apocalipsis 5:9-10:
Y cantaban un nuevo cántico diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra.
Los comentarios de Schwertley sobre la frase «cántico nuevo» en las Escrituras en Exclusive Psalmody: A Biblical Defense no logran, en mi opinión, desestimar la importancia de esta frase para una crítica de la salmodia exclusiva.
Schwertley sostiene que el cántico nuevo no es un canto no inspirado, sino uno inspirado. Puede que sea así, pero sigue contradiciendo la negativa tanto de Schwertley como de Murray a cantar nada que no sean los salmos de David. Admiten que las Escrituras ordenan que se cante un cántico nuevo, ¡pero se niegan a cantarlo, aunque sea inspirado!
Schwertley sugiere, alternativamente, que el cántico nuevo es simplemente uno antiguo cantado con un nuevo significado. Quizás este sea el caso, aunque lo dudo, en lo que respecta a algunos de los usos de la frase «cántico nuevo» en el Antiguo Testamento. También sugiere que podría ser uno de los salmos del libro de los Salmos, pero uno con el que el pueblo de Dios aún no está familiarizado. Una vez más, tal vez este sea el caso. El problema es que ninguna de estas especulaciones puede aplicarse o explicar el uso de la frase en Apocalipsis 5:9-10.
Consideremos varias características claras de Apocalipsis 5:9-10:
Primera característica: Cumple un mandato bíblico que se repite con frecuencia.
En Apocalipsis 5:9-10, la multitud celestial está cumpliendo el mandato que se repite con frecuencia en las Escrituras de cantar un cántico nuevo al Señor.
Salmo 33:3 Cantadle cántico nuevo; hacedlo bien, tañendo con júbilo.
Salmo 96:1 Cantad a Jehová cántico nuevo; cantad a Jehová, toda la tierra.
Salmo 98:1 Cantad a Jehová cántico nuevo, porque ha hecho maravillas; su diestra lo ha salvado, y su santo brazo.
Salmo 149:1 Cantad a Jehová cántico nuevo; su alabanza sea en la congregación de los santos.
Isaías 42:10 Cantad a Jehová un nuevo cántico, su alabanza desde el fin de la tierra; los que descendéis al mar, y cuanto hay en él, las costas y los moradores de ellas.
Segunda característica: celebra una nueva etapa en la historia redentora y está cuidadosamente situada con respecto a ella.
En el contexto anterior de Apocalipsis 5:9-10 se nos cuenta de manera simbólica, pero clara, el motivo de este nuevo canto. Se trata de la ascensión y entronización del Mediador, Cristo Jesús. Este fue un nuevo acontecimiento histórico-redentor simbolizado claramente en el Cordero que se acerca al trono y toma el libro. Debe haber un nuevo canto para celebrar este nuevo acontecimiento y esta nueva etapa en la historia redentora.
Las palabras y el tema de este nuevo cántico —hay que señalarlo— están cuidadosamente situados en relación con la redención. No solamente es un nuevo cántico cantado tras la entronización del Mediador, sino uno que refleja un período anterior al momento en que los santos reinarán en la tierra. (El mejor texto griego de Apocalipsis 5:10 tiene el tiempo futuro, en contraste con el texto inferior reflejado en la KJV).
Tercera característica: este nuevo cántico implica cantar nuevas palabras y tiene un nuevo texto.
En el propio texto de Apocalipsis 5:9-10 se nos dicen las palabras de este cántico. No es un salmo antiguo cantado con un nuevo significado. No es un salmo del libro bíblico de los Salmos con el que el pueblo de Dios no está familiarizado. Es un cántico con nuevas palabras que transmiten nuevos pensamientos y conceptos. El griego es claro. «Cantaban un cántico nuevo diciendo…».
Conclusiones:
Consideremos ahora el extremismo de la postura defendida tanto por Murray como por Schwertley. Aunque de la boca para afuera admiten la posibilidad de que existan nuevos cánticos inspirados, en la práctica se niegan a cantar nada que no sean los ciento cincuenta salmos del libro de los Salmos. Prácticamente se niegan a hacer lo que las Escrituras nos enseñan por mandato y ejemplo que debemos hacer. Debemos cantar cánticos nuevos que encarnen los gloriosos acontecimientos redentores de la nueva etapa de la historia redentora que se ha alcanzado, ¡pero ellos únicamente cantarán los salmos del libro de los Salmos del Antiguo Testamento!
Aquí, el nuevo cántico es claramente uno con nuevas palabras y pensamientos. ¡La nueva revelación exige nuevas canciones! Y esto exige cánticos fundamentados e impregnados de la revelación dada en el Nuevo Testamento. Refuta la idea de que solo podemos cantar en el lenguaje del Antiguo Testamento.
VII. Mi cuarto argumento importante
contra la salmodia exclusiva
SAM WALDRON
En cuarto lugar, la salmodia exclusiva no concuerda con los requisitos que Dios establece con respecto a otras partes del culto.
Ciertamente se nos ordena predicar sermones bíblicos y orar oraciones bíblicas, pero esto no nos limita a leer solo sermones que se encuentran en las Escrituras o a orar solamente oraciones que se encuentran en las Escrituras. Entonces, ¿por qué deberíamos pensar que en nuestro canto estamos limitados a cantar Escrituras inspiradas o incluso a cantar Escrituras textualmente?
Mi punto es que esta opinión es inconsistente con las otras partes de la adoración. La opinión de la salmodia exclusiva dice que en la adoración de la iglesia únicamente podemos cantar traducciones de las Escrituras, pero consideremos lo inconsistente y extraño que es esto. La salmodia exclusiva no restringe la predicación a la recitación o lectura de traducciones de las Escrituras. No lo hace y nosotros no restringimos la predicación a sermones inspirados o traducciones de sermones bíblicos. Nosotros no lo hacemos y la salmodia exclusiva no restringe la oración a la recitación o lectura de oraciones bíblicas. Ellos no restringen, y nosotros tampoco, la oración colectiva a oraciones inspiradas o traducciones de oraciones bíblicas.
Sin embargo, la salmodia exclusiva sí restringe el canto de alabanza al uso de canciones inspiradas o traducciones de himnos bíblicos. Simplemente preguntamos: ¿por qué? ¿Cómo puede ser correcto predicar sermones no inspirados, usar oraciones no inspiradas y, sin embargo, sea incorrecto cantar himnos no inspirados? ¿Por qué deberíamos restringir nuestra himnodia a traducciones de las Escrituras cuando no restringimos así nuestra predicación o nuestras oraciones?
Leamos al pastor Jeff Smith en su Essay on Exclusive Salmody:
Si está mal cantar himnos no inspirados en el culto, entonces me parece que estaría mal usar oraciones no inspiradas y predicar sermones no inspirados. Verán, el mismo argumento a favor del uso exclusivo del libro de los Salmos, o un argumento más moderado a favor del uso exclusivo de canciones ya registradas en las Escrituras, si se lleva a su conclusión lógica, significaría que solo podemos recitar oraciones de las Escrituras y solamente podemos recitar sermones de las Escrituras. Si no hay lugar para canciones de alabanza improvisadas, tampoco hay lugar para oraciones improvisadas ni sermones improvisados. Ahora bien, quienes sostienen esta opinión no llegan tan lejos y yo digo que, por lo tanto, están siendo incoherentes…
Este problema es especialmente acuciante porque la Biblia no establece una distinción clara entre cantar y orar. Más de veinte de los ciento cincuenta salmos se denominan oraciones. He aquí un ejemplo: El Salmo 17:1 dice: «Oración de David. Oye, oh Jehová Señor, una causa justa, está atento a mi clamor; escucha mi oración hecha de labios sin engaño».
Los defensores de la salmodia exclusiva a veces apelan a la parte del culto que implica la lectura de las Escrituras para mostrar que hay otra parte del culto restringida a las propias palabras de las Escrituras. Por lo tanto, argumentan que algunas partes del culto son libres (como la predicación y la oración), pero otras están restringidas, como el canto y la lectura de las Escrituras. A esto hay que dar varias respuestas:
En primer lugar, como se ha señalado anteriormente, este tipo de distinción tiende a desafiar la forma en que el canto se funde con la oración. Y, como diré ahora, tiende a desafiar la conexión entre la lectura de las Escrituras y su interpretación.
En segundo lugar, la Biblia enseña que parte de la lectura de las Escrituras debe incluir los comentarios explicativos del lector. ¿Qué dice Nehemías 8:8? Y leían el libro de la ley de Dios claramente, y ponían el sentido, de modo que entendiesen la lectura. La lectura de las Escrituras puede ir acompañada, y cuando sea necesario debe ir acompañada, de breves comentarios explicativos. Esto queda claro por su conexión con la exhortación y la enseñanza de 1 Timoteo 4:13. Queda claro por los comentarios que se hacen en Nehemías 8:8.
En tercer lugar, como sugerí en mi primer argumento, la lectura de las Escrituras en los servicios en inglés requiere la selección de una traducción al inglés. Toda traducción al inglés de la Biblia, incluso la más literal, implica decisiones interpretativas por parte de los traductores. Sin embargo, esto no es incorrecto, sino que encuentra su precedente en Nehemías 8:8. Por lo tanto, incluso la lectura de las Escrituras no es paralela a la afirmación de cantar salmos inspirados.
VIII. Mi quinto argumento importante contra la salmodia exclusiva
SAM WALDRON
Mi análisis de la salmodia exclusiva estaría incompleto si no abordara los textos clave de Efesios 5:19-20, Colosenses 3:16-17 y su mención de «salmos, himnos y cánticos espirituales».
En quinto lugar, la mejor interpretación de Efesios 5:19-20 y Colosenses 3:16-17 lleva a la conclusión de que Pablo no estaba pensando estrictamente en el Libro de los Salmos en este pasaje, ni siquiera en canciones inspiradas.
Para esclarecer la interpretación adecuada de estos pasajes paralelos, conviene exponer claramente los principios fundamentales de la interpretación que de ellos hace el salmodista exclusivo.
En primer lugar, este afirma que la frase «salmos, himnos y cánticos espirituales» se refiere al libro de los Salmos. Es habitual que señalen que cada una de estas tres palabras se utiliza con frecuencia en los Salmos. En este punto exegético tienen toda la razón. Un recuento rápido muestra que setenta y seis de los noventa y nueve usos de la palabra salmo en la Septuaginta y el Nuevo Testamento Griego se encuentran en los Salmos. Trece de los treinta y cuatro usos de himno se encuentran en los Salmos. Cuarenta y cuatro de los noventa y cinco usos de cántico se encuentran en los Salmos. Murray sostiene que «cuando Pablo escribió “salmos, himnos y cánticos espirituales”, esperaba que sus lectores pensaran en… el Libro de los Salmos» (Worship in the Presence of God, 187). Del mismo modo, Frank Smith afirma que estas palabras «se refieren específicamente al material del Salterio» (Worship in the Presence of God, 206). Schwertley defiende de manera similar esta posición en su obra Exclusive Psalmody: A Biblical Defense.
En segundo lugar, los salmodistas exclusivos sostienen que el modificador «espiritual» en Efesios 5:19 y Colosenses 3:16 se refiere a estos cánticos (y posiblemente también a los salmos e himnos) como inspirados. Para los salmodistas exclusivos, «espiritual» significa «inspirado» en este pasaje. Schwertley, en Exclusive Psalmody: A Biblical Defense, sigue a Murray, quien dice: «En cualquiera de estas suposiciones, los salmos, los himnos y los cánticos son todos “espirituales” y, por lo tanto, todos inspirados por el Espíritu Santo. La relevancia de esto para la cuestión que nos ocupa es perfectamente evidente. Los himnos no inspirados quedan inmediatamente excluidos» (Worship in the Presence of God, 188).
Una vez establecidos estos dos pilares de la interpretación exclusiva del salmodista de estos pasajes, podemos contraponerles la interpretación adecuada.
En cuanto al significado de «espiritual» en este pasaje, debemos decir de inmediato que es muy improbable que tenga el significado de inspirado. La palabra «espiritual» nunca aparece en la Septuaginta, pero aparece veintiséis veces en el Nuevo Testamento. Según el léxico Gingrich de Bibleworks, tiene el significado de «perteneciente al espíritu». En Efesios 6:12 se utiliza en la frase «las fuerzas espirituales de maldad en las regiones celestes». En este caso, por lo tanto, significa «perteneciente a los espíritus malignos». En los otros veinticinco casos se utiliza para referirse a asuntos relacionados con el Espíritu de Dios y, por lo tanto, significa «que tiene que ver con el Espíritu de Dios». Se utiliza para referirse a sacrificios espirituales (1 Pd. 2:5), una casa espiritual (1 Pd. 2:5), un don espiritual (Ro. 1:11), la ley como espiritual (Ro. 7:14), beneficios espirituales (Ro. 15:27), cosas espirituales (1 Cor. 2:13; 9:11), personas espirituales (1 Cor. 2:13), el hombre espiritual en contraste con el hombre natural (1 Cor. 2:15; 3:1), comida y bebida espirituales de una roca espiritual (1 Cor. 10:3, 4), dones espirituales (1 Cor. 12:1; 14:1), personas con dones espirituales (1 Cor. 14:37), cuerpos espirituales (es decir, resucitados o glorificados) (1 Cor. 15:44, 46), una persona espiritual en contraste con un cristiano que ha caído en un pecado grave (Gál. 6:1), bendiciones espirituales (Ef. 1:3) y entendimiento espiritual (Col. 1:9).
El estudio anterior es suficiente para mostrar cuán variado es el uso del término «espiritual» en el Nuevo Testamento. La mayoría de sus usos no tienen nada que ver con estar inspirado. Solo en unos pocos casos existe una relación tangencial con la idea de inspiración (1 Cor. 12:1; 14:1; y 14:37). Por lo tanto, aunque es posible que la palabra «espiritual» pueda asociarse en algunos casos con la idea de inspiración, la idea de que significa o puede traducirse como «inspirado» es simplemente errónea. Además, en los pasajes que se están discutiendo existen muchas razones para dudar de tal significado.
El significado de «espiritual» en Efesios 5:19 debe estar relacionado con la referencia a la llamada a los cristianos en el versículo 18 a seguir siendo llenos del Espíritu. El versículo 19 está directamente relacionado con el versículo 18 por medio del participio instrumental «hablando» al comienzo del versículo 19. Por consiguiente, y con toda seguridad, dado que estar llenos del Espíritu no significa ni connota en modo alguno estar inspirados, este contexto implica directamente que el significado de «espiritual» en el versículo 19 no es «inspirado».
Del mismo modo, el lenguaje paralelo de Colosenses 3:16, que exhorta a los cristianos a permitir que la palabra de Cristo more en ellos abundantemente, no les exhorta a estar inspirados. Por lo tanto, el llamado al uso de cánticos espirituales no es uno al uso de cánticos inspirados.
El primer pilar de la interpretación salmodista exclusiva de estos pasajes clave se rompe así. No es en absoluto probable que «espiritual» signifique aquí «inspirado», sino que es mucho más probable que signifique «resultante de la llenura del Espíritu».
El segundo pilar de la posición exclusiva de los salmodistas es que la frase «salmos, himnos y cánticos espirituales» se refiere específicamente al Libro de los Salmos del Antiguo Testamento. Contra esta opinión se pueden presentar varias objeciones poderosas.
En primer lugar, el Libro de los Salmos nunca se menciona en ninguna otra parte del Nuevo Testamento con ese lenguaje. Obsérvese los cuatro ejemplos siguientes.
Lucas 20:42 «Pues el mismo David dice en el libro de los Salmos: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra».
Lucas 24:44 Y les dijo: Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos.
Hechos 1:20 «Porque está escrito en el libro de los Salmos: Sea hecha desierta su habitación, y no haya quien more en ella; y: Tome otro tome su oficio.
Hechos 13:33 La cual Dios ha cumplido (esta promesa) a los hijos de ellos, a nosotros, resucitando a Jesús; como está escrito también en el salmo segundo: mi hijo eres tú, yo te he engendrado hoy.
En segundo lugar, hay que observar que en este pasaje falta el artículo delante de cada una de las tres palabras que se supone que se refieren al Libro de los Salmos. Aunque la ausencia no es definitiva, en este caso parece hacer que la referencia sea una referencia general a los salmos, himnos y cánticos espirituales y no sugiere una referencia específica al Libro de los Salmos.
En tercer lugar, la afirmación de que estas palabras son referencias específicas al Libro de los Salmos se ve afectada por el uso de la palabra «espiritual» para modificar «cántico». Parecería que la posición exclusiva del salmodista requeriría que cada una de las tres palabras fuera una referencia específica al Salterio. Sin embargo, la palabra «espiritual» no se utiliza en el Antiguo Testamento y, desde luego, tampoco en el texto de los Salmos. Si «cántico» es una referencia específica al Salterio, ¿por qué es necesario añadir la palabra «espiritual»?
Los salmodistas exclusivos sostienen que la palabra «espiritual» puede definir las tres palabras. Esto puede ser gramaticalmente posible. (Pero no es probable, ya que «espiritual» es femenino y concuerda con «canciones», pero no con «salmos» e «himnos»). Sin embargo, el problema señalado anteriormente sigue existiendo. ¿Por qué es necesario añadir la palabra «espiritual» (o «inspirado», como ellos sostienen que significa) si «salmos» e «himnos» ya se refieren al Libro de los Salmos?
Pero, de hecho, existe una razón mucho más probable para la adición de la palabra «espiritual». Tanto los salmos como los himnos se refieren a cánticos divinos, es decir, cánticos de alabanza a Dios. La palabra «cánticos» no tiene esta referencia religiosa en sí misma. (Por esa razón, es poco probable que se refiera específicamente al Libro de los Salmos). Dado que «cánticos» no tiene este significado religioso en sí mismo, era necesario que Pablo añadiera la palabra «espiritual» para dejar claro el tipo de canciones que tenía en mente.
En cuarto lugar, es poco probable que las palabras se refieran específicamente al Libro de los Salmos, ya que la Biblia recoge otras canciones de adoración con estos nombres. Jeff Smith, en su ensayo inédito Essay on Exclusive Psalmody, dice:
… hay canciones de adoración en la Biblia escritas tanto antes como después del libro de los Salmos. Lea Éxodo 15, Números 21:17, Deuteronomio 32 y Jueces 5, y encontrará canciones de adoración que nunca se incorporaron al libro de los Salmos. Y en el Nuevo Testamento encontrará lo mismo, por ejemplo, en el libro del Apocalipsis. No solamente eso, en 1 Corintios 14 parece que tenemos una referencia a canciones que fueron dadas bajo la influencia inmediata del Espíritu y que no están registradas en la Biblia en absoluto. Es cierto que esto fue en el contexto del ejercicio de los dones reveladores que, en mi opinión, han dejado de funcionar en la iglesia desde la finalización de las Escrituras. Sin embargo, sigue pareciendo un ejemplo de canciones cantadas en la iglesia que no proceden del libro de los Salmos.
Quinto, si Pablo quisiera referirse a canciones distintas de las contenidas en el Salterio, estas serían las únicas palabras que podría haber utilizado. El pastor Jeff Smith vuelve a ser de gran ayuda en este sentido:
…las tres palabras que Pablo utiliza en nuestro texto son las únicas tres palabras para canciones de cualquier tipo en el griego bíblico. En otras palabras, si Pablo quisiera referirse a una variedad de canciones y no solo al Salterio del Antiguo Testamento, estos serían los términos que tendría que utilizar. Por otro lado, si hubiera querido enfatizar el uso exclusivo de los salmos del Antiguo Testamento, podría haber dicho simplemente «hablad entre vosotros a partir de los salmos». Podría haberse referido a los salmos como una referencia exclusiva a los salmos canónicos. Esa construcción se utiliza a menudo en el Nuevo Testamento en referencia al libro de los Salmos. Pero él no lo hace.
Conclusión:
Permítanme resumir en esta última entrada de mi serie sobre el tema de la salmodia exclusiva. En primer lugar, permítanme reiterar mi amor y respeto por los hermanos que defienden la salmodia exclusiva. Son algunos de mis hermanos más queridos. En segundo lugar, permítanme expresar mi profunda preocupación por que sus opiniones no se extiendan entre quienes defienden la importante doctrina reformada del principio regulador. La salmodia exclusiva es tan contraria a los instintos básicos del corazón y la vida cristianos que temo que su prevalencia traiga consigo (como ya ha traído) el descrédito y la sospecha sobre el propio principio regulador. En tercer lugar, permítanme repasar mis argumentos en contra de la salmodia exclusiva.
En primer lugar, los propios salmodistas exclusivos no cantan realmente salmos inspirados.
En segundo lugar, se nos manda adorar en espíritu y en verdad (Jn. 4:24), es decir, debemos adorar a la luz del cumplimiento del evangelio y no de las sombras del Antiguo Testamento.
En tercer lugar, se nos manda en las Escrituras entonar cánticos nuevos acordes con la revelación progresiva de la redención de Dios.
Cuarto, la salmodia exclusiva no concuerda con los requisitos que Dios establece con respecto a otras partes de la adoración.
Quinto, la mejor interpretación de Efesios 5:19-20 y Colosenses 3:16-17 lleva a la conclusión de que Pablo no estaba pensando estrictamente en el Libro de los Salmos en este pasaje, ni siquiera en canciones inspiradas.
