Y sabrán que Yo Soy Jehová
Y sabrán que Yo Soy Jehová
Introducción
Queridos hermanos, se puede decir que dos cosas que hemos aprendido de Moisés hasta ahora son: tomar decisiones sin ser autorizado por Dios, y poner excusas al ser autorizado por Dios. Para lo primero, ya hemos aprendido que decidió tomar justicia por su propia mano matando a un egipcio que estaba maltratando a uno de sus paisanos judíos. Y para lo segundo, podemos decir que ha puesto excusas tres veces, y se trata de la misma excusa: que era torpe de labios, o sea, que no sabía cómo expresarse y no era tan articulado para que se le encomendara la tarea de liberar al pueblo de Israel de Egipto. Pero la paciencia de Dios es divina, es paciente, valga la redundancia, y no se rinde ante las excusas de Moisés. Si Dios lo había elegido, se iba a encargar de que a Moisés se le acabarán las excusas. Y al entrar a Éxodo 7 vemos precisamente que ahora se acaban las excusas para Moisés y acepta la encomienda que Dios ya le había encargado.
Jehová capacita a Moisés (7:1-2)
Éxodo 6:30 termina con Moisés nuevamente poniendo excusa de que era torpe de labios para evadir su responsabilidad. Pero, como dijimos, Dios lo había elegido, y ahora se encarga de que Moisés no solo ya no ponga excusas sino que decididamente acepte su misión. Pero veamos cómo Dios lo capacita para liberar a Israel y enfrentarse a Faraón. Le dice, en primer lugar, “Mira, yo te he constituido dios para Faraón, y tu hermano Aarón será tu profeta”. Primero, al decir “mira” [Re’é (רְאֵה)], le está llamando la atención a Moisés para que deje de enfocarse en su torpeza de labios y escucha atentamente lo que Dios hará con él. Asimismo, hermanos, muchas veces, de diferentes maneras, nos dice “mira”, deja de ver tus errores, deja de quejarte, deja de centrarte en ti mismo, y observa lo que puedo hacer por ti. Este “mira” de Dios se cumplió perfectamente en Cristo hermanos, ya que en Cristo ha dicho a todo el mundo “miren”, contemplen la solución a sus problemas, dejen de verse a sí mismos para salvarse porque nunca lo podrán hacer.
A continuación, el Señor le dice a Moisés: “yo te he constituido dios para Faraón, y tu hermano Aarón será tu profeta”. Es Jehová, el gran Yo Soy, quien tiene vida por sí mismo y es fiel a su pacto, quien constituye a Moisés como dios para Faraón. No fue Moisés quien pidió ser constituido dios, ni tampoco se lo merecía; todo lo contrario, Dios tenía muchas razones para destituir a Moisés de su oficio, pero no lo hace, sino que, por honor a su santo Nombre, constituye, establece a Moisés como dios para Faraón. No transforma a Moisés en un dios, o en alguna otra cosa, sino que le está dando una posición de autoridad divina frente al monarca egipcio, Moisés hablaría con autoridad absoluta a Faraón; y en esto vemos algo muy interesante al considerar el “oficio” de Faraón: el rey de Egipto no solo era el rey o emperador poderoso de Egipto, sino que era considerado divino, como un dios. Así que cuando Dios le dice a Moisés que será dios para Faraón está declarando a Moisés y también a Faraón que el único Dios vivo y verdadero es Jehová, el gran Yo Soy. Por otro lado, era un golpe durísimo al orgullo de Faraón, ya que Dios establece una cadena de mando en la que Jehová es el verdadero y todopoderoso Dios ante quien Faraón es un vasallo, un laico, uno más que debe someterse a la verdadera Deidad. Por esta razón, Faraón se endureció tanto ya que no quería someterse al Dios de los hebreos, especialmente a Moisés un prófugo de la justicia egipcia, un pastor de ovejas, un hombre común y corriente a los ojos de Faraón.
Anteriormente, Dios le dijo a Moisés en Éxodo 4:14-16 que él sería dios para Aarón, y Aarón sería su profeta, es decir, Aarón solo debía repetir lo que Dios le decía por medio de Moisés. ¡Qué gran honor para un hombre como Moisés! Moisés como Dios para Aarón y Faraón, cuando antes había querido hacer justicia por su propia mano y quería evadir su misión divina. Pero así es Dios: usa a gente insensata y torpe como nosotros para hacer crecer su iglesia y su reino, y para que el evangelio salve a muchas personas. Y en esto, hermanos, vemos la superioridad de Jesús ante Moisés: el libertador de los israelitas fue un hombre con muchos defectos, pero nuestro Libertador fue verdadero Dios y verdadero hombre, perfecto, justo, santo, recto.
Finalmente observen que Éxodo 7:2 simplemente comunica lo que Moisés y Aarón deben hacer: “Tú dirás todas las cosas que yo te mando, y Aarón tu hermano hablará a Faraón, para que deje ir de su tierra a los hijos de Israel”. En efecto, el trabajo de los dos hermanos era acatar simplemente la orden de Dios; no debían ponerla en tela de duda, sino decir: “Sí, Señor, haremos lo que tú nos mandas”. Por otro lado, noten que Dios habla, una vez más, como si ya todo estuviera dicho y hecho, ya que el propósito final queda declarado al decir: “para que Faraón deje ir de su tierra a los hijos de Israel”. Sí, en efecto, el dueño de Israel no es Faraón, sino Jehová, y el rey egipcio humillado y acabado por el Dios verdadero no tendrá más remedio que dejar salir de su tierra a los hijos de Israel. Aquí también vemos entre líneas la obra eficaz de Cristo, hermanos, porque en Cristo Dios habló al diablo, lo humilló, lo derrotó, y como dice el Catecismo de Heidelberg “nos ha liberado de todo el poder del diablo” (DS1).
El endurecimiento de Faraón (7:3-4)
Después de renovar y capacitar a Moisés para la misión de rescatar a los hijos de Israel de Egipto, el Señor le comunica cómo lo va a hacer. Y lo que dice es profundo como sorprendente: “Y yo endureceré el corazón de Faraón”. Primero, así como Dios es quien capacita a Moisés para sacar a los hijos de Israel de Egipto también es quien endurece el corazón de Faraón, es decir, Dios es soberano para capacitar y endurecer; el actúa soberanamente sobre todos los hombres y hace su soberana voluntad. Segundo, estas palabras nos recuerdan la actitud de Faraón en los capítulos anteriores. Desde Éxodo 1 vemos la malicia y crueldad del rey egipcio quien mandó esclavizar y oprimir a los hebreos con pesadas cargas y duras tareas. Además, su maldad llega al colmo cuando manda asesina a todos los varones recién nacidos para disminuir el crecimiento de la población hebrea. Tanto Faraón como su corte parecen no tener sentimientos de compasión ni ternura; decide atacar a los más vulnerables: a los bebés. Esto se parece a lo que hacen los gobiernos actuales en el mundo que se apartan de la santa ley de Dios: ni siquiera esperan que nazcan los bebés, sino que en el mismo vientre de su madre son asesinados, ya sean varones o hembras. ¡Que el Señor tenga misericordia de nuestros países!
Luego leemos en Éxodo 5 que, ante la reunión con Moisés y Aarón, Faraón dice: “¿Quién es Jehová para que yo oiga su voz y deje ir a Israel? Yo no conozco a Jehová, ni tampoco dejaré ir a Israel”. Ya explicamos que con estas palabras Faraón estaba, de hecho, despreciando a Jehová Dios y no estaba dispuesto a someterse a la autoridad del Dios verdadero. A continuación, leemos que su endurecimiento contra Dios lo lleva a afligir más al pueblo de Israel. De modo que cuando leemos en Éxodo 7:3 que el Señor iba a endurecer el corazón de Faraón para que siga siendo rebelde, cruel y perverso, notamos que Dios es soberano para hacerlo; pero al mismo tiempo, no podemos evadir la realidad de la responsabilidad personal de Faraón, es decir, él era en su persona misma un hombre y un rey malvado. Ambas cosas son verdaderas, amados hermanos, Dios es soberano para endurecer el corazón de Faraón, y el rey de Egipto es responsable de todo su endurecimiento, maldad y crueldad. Pero el Señor no actúa solo por pasiones desordenadas o aleatorias, sino que todo lo hace con un propósito. Le dice a Moisés en el v. 3: “Y multiplicaré en la tierra de Egipto mis señales y mis maravillas”. Como dijimos al principio, Dios le va a mostrar a Faraón que él es solo un hombre, y que Jehová es el Dios vivo y verdadero. Para el pueblo de Israel era imposible remediar su miserable situación y condición, pero Dios no solo va a rescatarlos de Egipto sino que va a multiplicar sus señales y maravillas, es decir, va a dar una demostración de poder que todo el país de Egipto constatará que Faraón no es divino, pero que Jehová el Dios de los hebreos es el verdadero Dios. Noten que Dios no solo va a demostrar a Faraón que el Dios de Israel es el Dios verdadero, sino a toda la nación, por eso dice que iba a multiplicar sus señales y maravillas “en la tierra de Egipto”, en toda la nación, en todo el país.
Hermanos, en verdad Faraón es un ejemplo perfecto de endurecimiento y de ceguera y de todo tipo de perversión. Ante todas las señales y maravillas cerró sus oídos hasta el último momento, y no quiso reconocer al Dios verdadero. Tuvo remordimientos, temores, sometimientos temporales, y por eso obligado por un temor servil permite que Israel salga de su tierra, pero después se endurece nuevamente y ordena perseguirlos hasta que Dios destruye al ejército mismo de Faraón. Y esto queda ya anunciado por lo que dice Éxodo 7:4: “Y Faraón no os oirá”. Pero no nos sorprendamos tanto de Faraón, porque sin la gracia de Dios todos y cada uno de nosotros somos farones: gente dura, empedernida y endurecida, y solo hasta que Dios nos quita del corazón de piedra (Ezequiel 11:19; 36:26) y nos da un corazón y un espíritu nuevo dentro de nosotros mismos, podemos ver las señales y maravillas de Dios y reconocerlo como el Dios verdadero. Por otro lado, era muy importante para Moisés y Aarón que Dios les anunciara de antemano lo que iba a hacer y cómo Faraón iba a reaccionar ante la actuación poderosa de Dios para que no se desanimaran como ya Moisés lo había hecho justo en el capítulo 6. Esto para nosotros es también de mucho ánimo, hermanos, porque Dios da a conocer a sus siervos lo que hará de antemano, y para que cuando esas cosas malas sucedan no nos desalentamos. De hecho, como ya hemos aprendido de nuestros estudios de Apocalipsis, todo ese libro maravilloso pero difícil de entender se trata de que Dios ya nos ha mostrado lo que va a suceder antes de su llegada para que las cosas no nos tomen por sorpresa (Apocalipsis 1:1).
Finalmente, otra cosa importante para notar en la actitud de Faraón ante las señales y maravillas de Dios es que los milagros no salvan a nadie, al contrario, endurecieron más a Faraón. De hecho, y esto es terrible porque se trataba de los hijos de Israel, del pueblo elegido de Dios, muchos de ellos, la gran mayoría, vieron el despliegue portentoso y poderoso de Dios contra los egipcios y a favor de ellos, y ni aún así creían. Siempre renegaban de Dios renegando y murmurando contra Moisés. Solamente el Espíritu Santo puede cambiar un corazón endurecido. Oremos a Dios para que cada día quite más la dureza de nuestros corazones y nos haga suaves a la predicación del Evangelio y nos dé un corazón dispuesto para obedecer al Señor.
Éxodo 7:4 sigue diciendo: “mas yo pondré mi mano sobre Egipto, y sacaré a mis ejércitos, mi pueblo, los hijos de Israel, de la tierra de Egipto, con grandes juicios”. Hay mucho que decir de estas divinas palabras, pero centren su atención en la última frase “con grandes juicios”. Esta frase refuerza lo que dijimos antes: aquí Dios le va a mostrar a Faraón que solo Él es Dios, Jehová el gran Yo Soy. Además le va a mostrar que Él es el gran juez, el juez divino todopoderoso que ejecuta su voluntad sobre los perversos como Faraón y su nación rebelde. Es una declaración judicial en la que se transmite la idea de que Dios juzgará a Faraón, quien se creía dios y era venerado como dios por los egipcios. Pero hay más. Los grandes juicios se refieren a las grandes plagas que a su vez atacan a los dioses falsos en quienes confiaban los egipcios, es decir, no solo va a mostrar a Faraón que no es dios sino hombre, sino también a toda la religión idólatra de Egipto de que todos esos ídolos y dioses falsos nada son y nada podrán hacer contra el Dios de Israel. Finalmente los grandes juicios nos recuerdan la obra perfecta de Cristo en quien mostró toda su ira y poder para castigarlo a Él en nuestro lugar: nosotros que éramos como Faraón, es decir, duros de corazón, rebeldes y malvados, y que merecíamos que sus grandes juicios cayeran por toda la eternidad sobre nosotros, dejó que cayeran en su Amado Hijo Jesucristo. Alaba al Hijo y al Padre y al Espíritu Santo que nos libran de los grandes juicios de Dios.
El reconocimiento del Dios verdadero (7:5)
El actuar milagroso y portentoso de Dios finalmente sería reconocido por todos los egipcios, incluyendo a Faraón. Por eso Éxodo 7:5 dice: “Y sabrán los egipcios que yo soy Jehová”. No habría ningún egipcio que no reconociera que el Dios de Israel había enviado sus grandes juicios sobre ellos; todos ellos iban a doblar la rodilla ante el Dios todopoderoso (Filipenses 2:9-11). Pero noten con cuidado hermanos: los grandes juicios de Dios tienen un doble propósito: los enemigos de Dios reconocen que hay un Dios, dicen que sí hay Dios, pero aún así prefieren vivir en sus maldades. A pesar de todos los juicios de Dios en su vida, se endurecen y siguen viviendo en sus grandes pecados (Apocalipsis 6; 9:20-21). Ese reconocimiento no será para salvación, sino para condenación. No seamos de los que reconocen a Dios para condenación, es decir, seguimos viviendo en rebelión y confiando en nosotros mismos. Al final reconocerás que todo eso era mentira, pero será demasiado tarde para arrepentirte. Es mejor reconocerlo y arrepentirse y entregar nuestras vidas a Él hoy. Hoy es el día de salvación. y el segundo propósito de los grandes juicios de Dios es para fortalecer la fe de su pueblo, para animarlos y confirmarlos en el gran Dios que nos rescató de nuestro Egipto espiritual por medio de Uno superior a Moisés.
Es interesante la manera en que los egipcios conocerían a Jehová como Dios verdadero, aunque no necesariamente se someterían a su voluntad de corazón ni mucho lo menos aceptarían como su Dios. Primeramente, Dios dice “cuando extienda mi mano sobre Egipto”. La mano o brazo extendido de Jehová es símbolo de poder y de intervención divina decidida a favor de su pueblo y en contra de sus enemigos. Ya Dios había hecho la misma declaración a Moisés, por ejemplo en Éxodo 3:19 donde dice que los sacaría de Egipto “con mano fuerte”, y luego en 6:1 que Faraón dejaría ir a los hebreos “con mano fuerte”. La frase es, por supuesto, una forma humana de hablar que Dios emplear para transmitir a Moisés que la hora de ejecutar sus grandes juicios ha llegado y Faraón nada podrá hacer para impedir la mano de Jehová. Esta misma idea la expresa el profeta Isaías 14:27 al decir “Porque Jehová de los ejércitos ha determinado, ¿y quién lo impedirá? Y su mano extendida, ¿quién la hará volver?” Una vez que Dios ha decido derramar su juicio justo quién hará retroceder su mano. Él es el Dios soberano y lo que ha decidido nada ni nadie lo puede impedir. Los pueblos de alrededor y, sin duda, los hebreos, se intimidaban ante el poderío militar de Egipto, pero ante Dios Egipto y Faraón son como nada, y no hay imperio humano tan poderoso que pueda impedir la actuación soberana y decidida de Dios. El brazo de Jehová no es como el brazo del hombre. Esto, amados hermanos, es una advertencia para nosotros también si seguimos viviendo en rebelión y desobediencia: una vez que Dios extienda su mano nada la impedirá y puede disciplinarnos ejemplarmente. No esperemos a que eso suceda. Por otro lado, recordemos que el brazo extendido, la mano fuerte de Jehová cayó sobre Jesús para liberarnos de nuestra esclavitud; él experimentó toda la ira de Dios en nuestro lugar y para nosotros. No hay refugio seguro para el brazo extendido y la mano fuerte de Dios sino solamente en Jesucristo.
Al final de Éxodo 7:5 leemos “y saque a los hijos de Israel de en medio de ellos”. Esta frase es muy notable por varias razones: primero, ningún poder humano, por muy poderoso que sea, puede retener al pueblo de Dios en su poder una vez que Dios ha extendido su mano para rescatarlo. Segundo, transmite la idea de que Dios hace separación entre su pueblo y Egipto, y que a pesar de que Israel se había acomodado en muchas cosas a la religión egipcia, a pesar de que se habían paganizado aceptando creencias y prácticas supersticiosas Dios todavía los reclama como suyos. Dios, no sólo sacó a los hebreos de la esclavitud física, sino también espiritual. Y por último, la frase significa que Israel por gracia es la propiedad exclusiva de Dios. Su dueño es Jehová, no Faraón. ¡Cuánta gracia y compasión mostró Jehová por un pueblo rebelde y contradictor como Israel! ¡Cuánta gracia y compasión ha mostrado también por nosotros en Cristo!
Obediencia final de Moisés y Aarón (7:6-7)
Y así llegamos a la última parte de nuestro pasaje en Éxodo 7:6-7 donde aprendemos que, en efecto, el Moisés experto en poner excusas las ha hecho a un lado y con la gracia de Dios ha decidido obedecer a Dios completamente. Ya no más excusas. Importante es notar también que Aarón obedeció decididamente a Jehová. Ambos hombres lo hicieron. Y entonces empezaron a tener éxito en su misión, ya que solo cuando nos sometemos a la voz de Dios sin excusas ni justificaciones es que empezamos a ver la mano extendida y el brazo fuerte de Dios a nuestro favor. El oficio de Moisés y Aarón fue fiel y verdadero no porque sus personas eran dignas, sino porque la clave del éxito en cualquier ministerio verdaderamente cristiano radica en someterse a la voluntad de Dios resolutamente. Moisés y Aarón no debían cambiar el mensaje de Dios, ni acomodarlo a sus circunstancias, sino solo debían hacer tal y como Jehová lo había mandado. En referencia a los oficios de la iglesia hoy en día este versículo es muy importante ya que proporciona la clave para desempeñar nuestro oficio con fidelidad: hacer como Jehová manda. Ni más ni menos. La última frase “así lo hicieron” enfatiza exactitud y precisión, no añadieron ni quitaron nada a las instrucciones de Dios. Y ese tipo de obediencia absoluta requiere Dios de nosotros.
Pero, hermanos, ¿quién puede obedecer siempre sin vacilar, sin flaquear, si voltear a la derecha o a la izquierda? En nuestros ministerios cristianos, eclesiásticos o seculares, muchas veces no hacemos lo que Dios manda. Es más, Moisés por desobedecer y no hacer con precisión lo que Dios le mandó más adelante (Números 20) no pudo entrar a la tierra prometida. Este hecho de una falta de obediencia perfecta en los siervos de Dios nos recuerda la grandeza del Hijo de Dios quien sí obedeció en todo y perfectamente a su Padre celestial. Pero nos recuerda también nuestra necesidad de su obediencia, ya que sin ella no tenemos esperanza de salvación. Moisés fue fiel como siervo en toda la casa de Dios (Hebreos 3:5), pero su pecado en la peña mostró las limitaciones de la obediencia humana; en cambio, Cristo fue fiel como Hijo sobre su casa (Hebreos 3:6); su obediencia fue íntegra, sin grietas, ni rajaduras desde que nació en el pesebre hasta la cruz. Alaba al Hijo por su obediencia perfecta por la cual nosotros recibimos perdón y entrada a la tierra prometida, a la Jerusalén celestial.
Octogenarios al rescate de Israel (7:7)
La Santa Escritura tiene un sentido del humor muy propio, el cual no es irreverente ni trivial, sino que tiene el propósito de mostrarnos la grandeza de Dios que se digna en usar como instrumentos de liberación a dos hermanos avanzados en edad que a los ojos de Faraón ya deberían estar pensando en jubilarse y pasar el resto de su vida en paz con su familia. Pero vemos que Dios tiene otra opinión, y tal vez este dato de la edad de Moisés y Aarón sea una pista de la exacerbación del Faraón, ya que no podía creer que dos viejos lo están desafiando de la manera más audaz y atrevida que se hubiera imaginado. Era como la cereza encima del pastel: dos octogenarios al rescate de Israel, ¿quién lo diría?
Creo que hay varios propósitos de por qué se menciona la edad de ambos hermanos. Primero, nunca es tarde para obedecer y servir a Dios. Dios es poderoso para usarnos según nuestra edad y condición, ya que para Él no hay nada imposible. Lo importante es que nuestra actitud sea de sometimiento a Dios y Él se encarga del resto. Es más, en la iglesia una de las bendiciones más grandes es tener ancianos gobernantes maduros en edad y en sabiduría bíblica. Ellos aportan estabilidad, seriedad y un compromiso que casi no se ve en los más jóvenes. Y aquí surge la cuestión en la que la mayoría de la gente joven tiene centrada su esperanza: ¿a qué edad me voy a jubilar? La mentalidad es dejar de trabajar y empezar a vivir una vida inactiva, de flojera y ocio. Déjame decirte que esa no es la perspectiva bíblica amado hermano y hermana. Dios quiere que cada uno de los hermanos jubilados de sus trabajos seculares encuentren cómo servir en sus iglesias locales, y hay muchas formas en que pueden ser de gran apoyo.
Segundo, la edad de ambos hermanos es relevante para nuestro tiempo y cultura en que vivimos en la que se idolatra la juventud y la fortaleza física. De hechos, muchas iglesias buscan a candidatos al ministerio pastoral a jóvenes físicamente muy atractivos, de buena estatura y fortaleza física, como si eso, de verdad, impresionara a Dios. ¡Qué ridículo pensar que el ministerio de una iglesia será más eficaz y relevante si el pastor es apuesto, joven y atractivo! Pero así piensa la gente una vez que se apartan del gran Yo Soy. Dios no necesita de la fuerza humana, sino Él busca siervos sencillos, humildes y obedientes.
Tercero, la edad de ambos hermanos nos recuerda que la liberación de Israel fue, en verdad, la obra de Dios, y no del hombre. El gran Yo Soy puede usar aun a los más débiles en su pueblo para hacer grandes proezas (Salmo 60:12).
Conclusión
Amados hermanos hemos visto que Dios capacitó a Moisés para su misión y nunca renunció a él a pesar de todas sus excusas. ¡Qué gran Dios fiel tenemos! Asimismo nuestro pasaje nos recuerda que Dios es soberano para hacer de Faraón como Él quiera. Y es poderoso para rescatar a su pueblo del imperio más poderoso de la época. Dios quiere que lo conozcamos así: un Dios de pacto fiel a sus promesas y que puede usar aun a los más físicamente incapacitados en su iglesia para hacer grandes cosas. Pero por sobre todo, nos recuerda a Jesucristo de varias maneras, y una central es que la señal y maravilla más grande de todas para nuestra liberación de la condenación eterna en el infierno es la maravillosa obra de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Amén.
