Análisis de la salmodia exclusiva
Análisis de la salmodia exclusiva
Robert Morey
El tema de la música sacra debe tratarse con especial cuidado y seriedad, pues estamos abordando un aspecto profundamente personal del culto a Dios. La salmodia exclusiva despierta intensas emociones tanto en quienes la apoyan como en quienes la rechazan. Por ello este asunto debe abordarse con humildad de mente y corazón.
En los últimos años se ha producido un resurgimiento del calvinismo en Estados Unidos y Gran Bretaña, impulsado en gran medida por la influencia de la Banner of Truth Trust, con sede en Escocia. Junto a este resurgimiento han coincidido dos fenómenos que han provocado un renovado interés en la salmodia exclusiva.
Por un lado, la reedición de literatura reformada clásica ha llevado al redescubrimiento de los grandes teólogos escoceses. Entre los rasgos distintivos de la teología escocesa es encontraban el sabatarianismo y la salmodia exclusiva. Como consecuencia del aprecio por la contribución escocesa a la teología reformada, también ha resurgido el interés por estas características distintivas.
Por otro lado, este renovado interés ha coincidido con una creciente insatisfacción respecto a la práctica fundamentalista de cantar himnos únicamente, muchos de los cuales son percibidos como superficiales y teológicamente incorrectos. En consecuencia, algunos cristianos se han sentido emocionalmente atraídos por la salmodia exclusiva, tanto por su asociación con lo «reformado» como por considerarla un remedio sencillo frente a la superficialidad de ciertos himnos evangélicos. Así, mientras algunos grupos solo cantan himnos, otros han llegado a la conclusión opuesta: cantar exclusivamente los salmos.
Para la mayoría de los reformados, tanto la himnodia exclusiva como la salmodia exclusiva representan extremos opuestos, que ilustran la tendencia pendular de la naturaleza humana caída. Un cristiano canta únicamente himnos y otro solo salmos. Sin embargo, entre ambos extremos existe una posición equilibrada. Esta ha sido adoptada por las principales denominaciones reformadas y constituye, por lo tanto, la postura mayoritaria. Esperamos que este documento exponga la posición mayoritaria de los reformados, que afirma que en el culto público de la iglesia se pueden cantar tanto himnos como salmos.
Para aclarar el tema, es necesario formular tres preguntas distintas:
1. ¿Podemos cantar salmos en el culto público?
2. ¿Debemos cantar solo salmos en el culto público?
3. ¿Podemos cantar himnos o cantos no inspirados en el culto público?
¿Podemos cantar los salmos en el culto público?
Hasta donde sepamos, nadie niega que puede cantarse cualquier porción de la Escritura en el servicio de adoración. El Antiguo Testamento registra el canto de los salmos por coros sacerdotales en el Templo. Aunque el Nuevo Testamento no ofrece un ejemplo explícito del canto de salmos en el culto público cristiano, es razonable suponer que el templo de Herodes tenía empleados a cantores profesionales.
Algunos podrían preguntarse: «¿Y qué hay del ejemplo de Cristo y los apóstoles?». El Nuevo Testamento registra que cantaron los salmos en un contexto privado. Sin embargo, dado que la discusión sobre la salmodia exclusiva se centra específicamente en el culto público, el uso privado de los salmos por parte de Cristo y los apóstoles no resulta decisivo para esta cuestión.
El canto de himnos en la última Pascua celebrada por nuestro Señor con los doce apóstoles (Mt 26:30) ha sido interpretado como un ejemplo de cantar los almos en el culto público. No obstante, esta posición no considera adecuadamente este episodio de la vida de nuestro Señor desde un punto de vista teológico bíblico.
Nadie puede negar que, en aquel momento de la historia de la redención, el culto público a Dios se limitaba al templo o a las sinagogas. La fiesta anual de la Pascua era esencialmente una celebración familiar en la intimidad del hogar, conforme al mandato del Antiguo Testamento (Éxodo 12). Cristo no invitó a todos sus discípulos a esta Pascua; únicamente fueron invitados los doce, ya que constituían su «familia» y el fundamento de la nueva iglesia.
De manera similar, vemos que la Cena del Señor se celebraba al principio en la intimidad del hogar (Hch. 2:46). Con el tiempo, pasó de ser una práctica doméstica a consolidarse como una ordenanza formal de la iglesia. Por tanto, interpretar la Última Cena como fundamento de la salmodia exclusiva en el culto público no hace plena justicia a su contexto histórico ni a su desarrollo progresivo.
Al observar la historia de la Iglesia, encontramos que los salmos han sido cantados en el culto público por generaciones de cristianos. Las principales iglesias reformadas incluyen un número considerable de salmos en sus himnarios o cuentan con un salterio junto a ellos.
Las razones para cantar los salmos ―o cualquier parte de las Escrituras― son abundantes. En ellos recordamos los poderosos actos y palabras de Dios en épocas lejanas, encontramos expresión para las alegrías y los sufrimientos de la vida cristiana y hallamos una profundidad espiritual incomparable. Algunos salmos, como el salmo 23, poseen una belleza singular. Además, existen salmos apropiados para cada experiencia de la vida cristiana y nunca tenemos que preocuparnos por las enseñanzas heréticas al cantar los salmos o cualquier otra parte de la Biblia. Mientras el pueblo de Dios permanezca en la tierra, los salmos seguirán siendo cantados o recitados.
Ahora bien, alguien podría objetar: «¿Estás diciendo que solo debemos cantar los salmos? ¿No se nos ha ordenado cantar los salmos? Por lo tanto, cantar los salmos no es solo un privilegio, sino una necesidad para el culto público». En respuesta a esto, preguntamos: ¿En qué parte del Antiguo y del Nuevo Testamento se encuentra registrado un mandato explícito para que el pueblo de Dios cante los salmos en el culto público a Dios?
Cuando examinamos el Antiguo Testamento, vemos a los sacerdotes cantando los salmos, pero no encontramos un mandato dirigido a la congregación para que lo haga como parte formal del culto público. Es necesario distinguir entre lo que correspondía a los coros y lo que correspondía al pueblo reunido. Lo que se aplicaba a uno no se aplica necesariamente al otro.
Cuando nos dirigimos al Nuevo Testamento, tampoco hallamos un pasaje que ordene explícitamente a la congregación cantar salmos en el culto público. Textos como Santiago 5:13, Efesios 5:19 y Colosenses 3:16 suelen citarse en este debate; sin embargo, en sus respectivos contextos, no se refieren directa o exclusivamente al tema del canto congregacional en el culto público sino más bien al canto privado y personal del pueblo de Dios en cualquier lugar y en cualquier momento.
Dado que ni el Antiguo ni el Nuevo Testamento ordenan directamente el canto de los salmos por parte de la congregación en el culto público a Dios, podemos concluir que se trata más de un privilegio que de un deber estricto. El canto siempre ha sido parte del culto público; no obstante, el contenido específico pertenece al ámbito de la libertad cristiana. Cantar los salmos es justificable por el hecho de que son Escritura. Podemos cantar, hablar u orar cualquier parte de la Palabra de Dios, ya que toda la Escritura es inspirada y útil.
¿Debemos cantar solamente los salmos en el culto público?
La posición de la salmodia exclusiva afirma que solamente los salmos pueden ser cantados por la congregación en el culto público. No se permiten cánticos o himnos de origen extrabíblico.
La pregunta crucial sería entonces: ¿Qué evidencia bíblica se necesita para establecer sin lugar a duda la posición de la salmodia exclusiva?
Para que se establezca la salmodia exclusiva, se necesita la siguiente evidencia:
1. El versículo o pasaje debe referirse directamente al culto público a Dios por parte de la iglesia reunida.
2. Este versículo debe referirse exclusivamente al culto público, ya que no puede contener ninguna referencia al culto privado o personal. Dado que casi todos, sin excepción, están de acuerdo en que los cristianos pueden cantar cánticos extrabíblicos en privado para su edificación personal o mutua, ningún versículo que se refiera a este ejercicio privado de piedad puede utilizarse para apoyar la salmodia exclusiva.
3. Este versículo debe ordenar el canto de los salmos en el culto público de la iglesia reunida.
4. Debe haber alguna indicación en el pasaje de que solo se deben cantar los salmos en el culto público; es decir, debe haber una evidencia clara de que los salmos no se mencionan como una ilustración o ejemplo de lo que se debe cantar, sino que solo se pueden cantar los salmos.
Con estas pruebas necesarias ante nosotros, examinemos ahora los tres versículos del Nuevo Testamento a los que apelan los salmistas exclusivos.
¿Está alguno entre vosotros afligido? Haga oración. ¿Está alguno alegre? Cante alabanzas (Stg. 5:13).
Pregunta 1. ¿Se refiere este versículo directamente al culto público a Dios por parte de la iglesia reunida? Por el contexto, este pasaje no tiene relativamente nada que ver con el culto público. ¿Debemos esperar hasta el domingo para cantar con alegría? ¿Únicamente se permite orar durante los servicios de adoración? Es obvio que se puede cantar con alegría en cualquier momento y lugar en que el corazón esté alegre.
Pregunta 2. ¿Se refiere este versículo exclusivamente al culto público? No, se refiere a la totalidad de la vida cristiana. Cuando estés triste, ora. Cuando estés feliz, canta.
Pregunta 3. ¿Este versículo ordena cantar los salmos en el culto público? Ya hemos observado que este versículo no se refiere al culto público. Es más, ¡en realidad no existe ninguna referencia a los salmos en este versículo! La versión KJV dice «cantad salmos», mientras que el griego simplemente dice «cantad». Casi todas las versiones modernas traducen el verbo como «cantar alabanzas». Santiago decía que se cantaran alabanzas a Dios cuando se está feliz. Alford, Lange, Vincent, AT Robertson, The Expositors Greek New Testament, Meyer, Matthew Henry Ellicott, Poole y Lenski señalan que cualquier canto de alabanza es apropiado. Santiago no tenía en mente los salmos en particular.
Pregunta 4. ¿Se evidencia algún indicio de que el canto de la congregación en el culto público deba limitarse a los salmos? Ninguno en absoluto.
Hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones (Ef. 5:19).
Pregunta 1. ¿Se refiere este versículo directamente al culto público a Dios por parte de la iglesia reunida? Por el contexto, queda absolutamente claro que el apóstol no se refería al culto público del pueblo de Dios.
¿Se limita el «llenarse» del Espíritu al culto público (v. 18)? ¿Y dar gracias (v. 20)? ¿Y la sumisión mutua (v. 21)? ¿Deben las esposas someterse a sus maridos solamente en la adoración pública (v. 22)? Es obvio que el «hablar» y «cantar» del versículo 19 no es más que un ejemplo de lo que debe suceder a los cristianos cuando están llenos del Espíritu Santo. Esta llenura tiene lugar en cualquier lugar y en cualquier momento.
Pregunta 2. ¿Se refiere este versículo exclusivamente al culto público? El versículo 19 se refiere principalmente a la edificación personal, al igual que el versículo 18 se refiere al llenado personal, el versículo 20 a la acción de gracias personal y el versículo 21 a la comunión mutua privada. El resto del pasaje se refiere a la obediencia personal en el hogar (22-6:4) o en el trabajo (6:5-9).
Aunque los salmistas exclusivos permiten que se utilicen himnos y cánticos para la edificación personal, señalan Efesios 5:19 como prueba de la salmodia exclusiva. Si este versículo realmente enseñara la salmodia exclusiva, significaría que solo se deben cantar los salmos en privado para la edificación personal. Pero esta posición es inaceptable para casi todo el mundo.
Pregunta 3. ¿Este versículo ordena cantar los salmos en el culto público? Ya hemos visto que este pasaje se refiere a la vida cotidiana de un cristiano lleno del Espíritu. No hay forma de que pueda restringirse al culto público de la iglesia reunida.
Obsérvese también que el apóstol dijo: «HABLANDO entre vosotros con salmos, himnos y cánticos espirituales». Si este versículo se refiere a la salmodia exclusiva en el culto público, entonces no solamente se debe cantar con los salmos, sino también hablar con ellos. Todos los sermones, oraciones y lecciones deben limitarse a citas de los salmos si este versículo enseña la salmodia exclusiva.
Alguien podría objetar: «Pero ¿no se refieren todos los “salmos, himnos y cánticos espirituales” a los salmos? ¿No hemos demostrado que “himno” y “cántico” se refieren al libro de los salmos?». Nuestra respuesta es que nunca se ha demostrado que las tres palabras se refieran al libro de los Salmos. La palabra «cántico» se utiliza en lugares como Apocalipsis 5:9, donde no puede referirse a los Salmos. Es obvio que Pablo no habría sido tan redundante como para decir «hablando entre vosotros con salmos, himnos y cánticos». No hemos podido encontrar ningún comentarista reformado importante que adopte la interpretación exclusiva del salmista de este pasaje. Casi sin excepción, todos los comentaristas han rechazado la interpretación exclusiva del salmista de este pasaje. El consenso general es que «salmos» se refiere a los Salmos del Antiguo Testamento e «himnos» y «cánticos espirituales» se refiere a nuevas composiciones no inspiradas que bendecirán a todas las generaciones de cristianos.
«Pero, ¿qué hay de la palabra “espiritual”? ¿No demuestra que únicamente se pueden cantar cánticos inspiradas?». Una vez más, la palabra «espiritual» se utiliza en el Nuevo Testamento de varias maneras diferentes. Comentadores reformados como Juan Calvino y Charles Hodge entienden la palabra «espiritual» en el contexto de estar lleno del Espíritu (v. 18). ¿Significa la palabra «espiritual» inspirada en Ef. 6:12 o 1:3? ¿Significa inspirada en Gál. 6:1 o en 1 Cor. 2:15? Debemos cantar cánticos que no sean carnales, sino espirituales, del mismo modo que debemos evitar los pensamientos carnales y buscar tener una mentalidad espiritual.
Pregunta 4. ¿Hay algún indicio de que el canto congregacional deba limitarse a los salmos? Ninguno en absoluto.
La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos, himnos y cánticos espirituales. (Col. 3:16).
Pregunta 1. ¿Se refiere este versículo directamente al culto público de la iglesia reunida? No hay ningún indicio en el contexto de que se esté hablando del culto público. Al igual que en Efesios 5, se tiene en cuenta la totalidad de la vida cristiana; se nos dice que practiquemos el amor mutuo y el perdón (vv. 12-14); que dejemos que la paz de Dios reine en nuestros corazones (v. 15); que dejemos que la palabra de Cristo more en abundancia en nosotros (v. 16); que hagamos todo en el nombre del Señor (v. 17). A continuación, siguen instrucciones para la vida familiar y para los esclavos y amos cristianos (vv. 18-4:2).
Ni siquiera las palabras «unos a otros» pueden interpretarse como una referencia exclusiva al culto público. El pasaje se centra claramente en la comunión cristiana privada en el hogar o en el trabajo. Y, de hecho, en los servicios de culto de las iglesias reformadas, «enseñar» y «amonestar» es la labor declarada de los ancianos o pastores y no una función de la congregación. No conocemos ninguna iglesia reformada en la que los miembros de la congregación se vuelvan y enseñen y amonesten a sus vecinos durante el servicio de adoración. Sin duda, se produciría un caos, como ocurre en algunas iglesias pentecostales. Pero ver a dos o más cristianos reunidos para la comunión privada y a cada uno de ellos enseñando y amonestándose unos a otros encaja sin duda alguna con el pasaje. Las palabras «unos a otros» en este versículo no nos remiten al servicio de adoración público.
Pregunta 2. ¿Se refiere este versículo exclusivamente al culto público? No, este pasaje revela el estilo de vida de un cristiano en quien la Palabra de Cristo habita abundantemente.
Pregunta 3. ¿Ordena este versículo cantar los salmos en el culto público? El pasaje no hace referencia directa al culto público.
Pregunta 4. ¿Existe alguna indicación de que el canto congregacional deba limitarse a los salmos en el culto público? Es obvio que Pablo no está dando una lista exhaustiva o completa de las formas en que glorificamos a Dios. La mención de «himnos» y «cánticos» revela claramente que podemos cantar otros materiales además de los salmos.
Calvino comentó este versículo de la siguiente manera:
Además, bajo estos tres términos incluye todo tipo de cánticos. Se distinguen comúnmente de esta manera: un salmo se canta con el acompañamiento de algún instrumento musical, un himno es propiamente un canto de alabanza, ya sea cantado simplemente con la voz o de otra manera; una oda contiene no solo alabanza, sino también exhortación y otros asuntos. Él quiere que los cantos de los cristianos sean espirituales, y no estén compuestos de frivolidades y trivialidades sin valor (énfasis añadido).
En conclusión, la salmodia exclusiva no ha sobrevivido al rigor de la exégesis detallada. Cabe destacar que los reformadores, los puritanos ingleses y los mejores comentaristas reformados modernos, como Hodge y Hendriksen, rechazan la interpretación exclusiva de los salmistas de Santiago 5:13, Efesios 5:19 y Colosenses 3:16.
Algunos eruditos salmistas exclusivos son conscientes de la falta de pruebas exegéticas sólidas que respalden su postura. Por lo tanto, tratan de establecer la salmodia exclusiva basándose en otros argumentos. Estos otros argumentos son: (1) el principio regulador del culto y (2) la historia de la Iglesia. A continuación, examinaremos estos dos argumentos para ver si pueden establecer la salmodia exclusiva.
El principio regulador del culto público
En la época de la Reforma, los reformadores establecieron el principio básico de que, en lo que respecta al culto público a Dios, todo lo que no esté mandado por las Escrituras está prohibido.
Este principio era necesario para dar una razón clara para la exclusión de la misa, las oraciones por los difuntos, las oraciones a los santos, los servicios del rosario, etc. Los reformadores querían restablecer el culto puro de la iglesia apostólica. El principio regulador era su principal instrumento para lograrlo.
Dado que casi todos los cristianos reformados aceptan este principio, es sorprendente que los salmistas exclusivos afirmen que el principio regulador del culto prohíbe la introducción de himnos no inspirados en los servicios de la iglesia del Nuevo Testamento. «Si no está mandado, está prohibido» es, según ellos, el principal argumento para cantar exclusivamente salmos en la iglesia. Pero este principio no respalda en modo alguno el argumento de los salmistas exclusivos, como se verá por las tres razones siguientes.
A. Los reformadores y puritanos que establecieron este principio y lucharon por él nunca entendieron que significara la exclusión de los himnos no inspirados del culto de la iglesia.
1. ¿No incluyó Calvino himnos no inspirados en el Salterio de Ginebra? Sí.
2. ¿No incluían los primeros salterios escoceses, ingleses y holandeses himnos no inspirados? Sí.
3. ¿No se dedicaron activamente los puritanos que desarrollaron este principio a escribir himnos (Baxter, Henry, Bunyan, etc.) y a publicarlos (Owen)? Sí.
4. Ni siquiera las grandes figuras del Despertar Evangélico se oponían en principio al canto de himnos no inspirados en los servicios religiosos (Whitefield, Romaine, Wesley, Toplady, Williams, etc.).
Si los propios artífices y los mayores exponentes del principio regulador nunca derivaron la salmodia exclusiva del principio regulador, esto hace sospechar que el uso actual del principio para la salmodia exclusiva se basa en un malentendido del principio mismo.
B. Este malentendido surge de una confusión entre la esencia del acto de adoración y las circunstancias que rodean a la adoración. El Dr. J.I. Packer ha señalado que esta distinción es fundamental para el concepto puritano del principio regulador de la adoración.
1. Solamente las Escrituras dicen qué constituye la esencia de la adoración. Dios ha revelado a su pueblo que debe haber: (1) una reunión para (2) la predicación y la enseñanza de la Palabra, (3) la administración de los sacramentos, (4) la disciplina eclesiástica, (5) las oraciones, (6) el canto, (7) la comunión y (8) la colecta de ofrendas. Los romanistas trataron de añadir la veneración de los santos, el culto a María, las misas por los difuntos, la adoración de imágenes, la confesión auricular, la penitencia, las velas, los rosarios, etc. Los reformadores y puritanos se negaron a añadir ninguna de estas cosas a la esencia del culto. No se debe añadir nada que no sea una regla de las Escrituras. Esta es la clara enseñanza del capítulo XXI de la Confesión de Fe de Westminster.
2. Por otra parte, las circunstancias del culto son una cuestión de libertad cristiana y practicidad. Las primeras iglesias se reunían en el templo y en las sinagogas hasta que fueron expulsadas por los judíos. Entonces, el hogar fue el lugar de las iglesias hasta que las congregaciones crecieron demasiado, y entonces tuvieron que ir a los campos para adorar. Cuando se legalizó el cristianismo, los creyentes construyeron lugares de culto. El diseño del edificio, la presencia de bancos y órganos, incluso la vestimenta del ministro, pertenecen a las «circunstancias del culto». La controversia sobre las vestiduras en la época de Owen no se centraba en si un ministro podía o no llevar vestiduras, sino en si el ministro debía llevar vestiduras como parte de la esencia del culto.
El hecho de que haya instrumentos musicales acompañando el canto, o de que se canten salmos o himnos no inspirados, son cuestiones que pertenecen a las circunstancias del culto.
C. Incluso si aceptáramos que el principio regulador del culto dicta el material que se debe cantar en el servicio de culto, ¿dónde encontramos en las Escrituras algún mandato explícito sobre el canto congregacional? Incluso si estuviéramos dispuestos a admitir que Efesios 5:19 y Colosenses 3:16 se refieren directa y exclusivamente al culto público, estos pasajes incluyen claramente himnos y cánticos, además de los salmos.
D. Debemos estar de acuerdo con los reformadores, los puritanos y los mejores comentaristas reformados en su comprensión del principio regulador del culto, es decir, que este no puede utilizarse para establecer la salmodia exclusiva.
Historia de la Iglesia
Algunos defensores de la salmodia exclusiva han afirmado que su postura era la de la iglesia primitiva, los mejores padres, los reformadores, los puritanos y los líderes del despertar evangélico. Algunos incluso han afirmado que era la de Charles Spurgeon. Pero un examen de «Our Hymnal» (Nuestro himnario) de Spurgeon descarta para siempre esta afirmación.
Tenemos motivos para preguntarnos: ¿qué pruebas se necesitan para demostrar que alguien en el pasado abrazó y practicó la salmodia exclusiva?
1. Debe existir literatura en la que la persona afirme que cree que únicamente se pueden cantar salmos en el culto público y que, por lo tanto, se opone por principio a la introducción de cualquier himno no inspirado.
2. Por lo tanto, la evidencia de la salmodia exclusiva no puede extraerse de:
a. Aquellos cuya práctica era cantar solo salmos, pero que afirmaban que no se oponían por principio al uso de himnos no inspirados en el servicio de adoración. (William Romaine y otros como él practicaban la salmodia exclusiva, pero declararon que no se oponían en principio al uso de himnos no inspirados en el culto).
b. Aquellos que incluían himnos no inspirados en sus salterios que se utilizaban en el culto público. No basta con decir que Calvino «virtualmente» o «prácticamente» incluyó solamente salmos en el Salterio de Ginebra. Ni el Sínodo de Dort ni la Confesión de Westminster pueden utilizarse como prueba de la salmodia exclusiva. El Sínodo de Dort y los redactores de la C.F.W. sabían que los salterios de las iglesias reformadas de Holanda, Francia, Suiza, Inglaterra y Escocia incluían himnos no inspirados para ser utilizados en el servicio de adoración. Encontrar un solo himno no inspirado incluido en un salterio es prueba suficiente para demostrar que los redactores de ese salterio no eran salmistas exclusivos.
Teniendo esto en cuenta, hagamos un breve repaso de la historia de la iglesia para ver las pruebas históricas.
La Iglesia antigua
Todos los historiadores eclesiásticos reconocidos que hemos examinado coinciden en que los primeros cristianos compusieron himnos claramente cristianos para cantar en el culto público. Latourette señala que algunos de estos primeros himnos se encuentran en el propio texto del Nuevo Testamento. El himno de Clemente de Alejandría (200 d. C.) se puede encontrar en varios himnarios modernos (Lo hemos incluido al final de esta monografía).
Cuando nos dirigimos al Nuevo Testamento, encontramos que existen una serie de himnos cristianos citados por los apóstoles. (véase 1 Cor. 13; Ef. 5:14; Col. 1-15-20; 1 Ti. 3:16; 2 Ti. 2:11-14, Stg. 1:17; Ap. 1:5, 6; 15:3; etc.).
Todos los comentaristas siguientes encuentran claramente pruebas suficientes en la historia de la Iglesia y en el propio texto del Nuevo Testamento de que los primeros cristianos cantaban himnos, además de los salmos, en el culto público: Lange, Lenski, Hendriksen, Eadie, Manton, Matthew Henry, Lightfoot, A. T. Robertson, Vincent, Expositors Greek New Testament, Ellicott, Hodge, Alford y Trench. Dado que enumeran las pruebas con gran detalle, no las repetiremos aquí.
«Pero ―se podría preguntar― ¿no hubo un concilio de la iglesia primitiva que prohibió el canto de himnos no bíblicos?». Sí, pero esto tenía que ver con la prohibición de los himnos arrianos que atacaban la Trinidad. El concilio se ocupaba del arrianismo y no de la cuestión de la música sacra en sí. Se animó a los ortodoxos a componer himnos que alabaran la Trinidad.
De la Edad Media a la Reforma
Himnos incomparables fueron escritos por hombres como Bernardo de Claraval. Estos himnos eran tan queridos y cantados como los salmos.
De la Reforma al período anterior a Isaac Watts
Lutero escribió himnos poderosos. Calvino y los reformadores incluyeron himnos no inspirados en sus salterios. No hay salmistas significativos en este período.
Después de Isaac Watts
Watts revisó primero el salterio. Luego escribió himnos, y algunas iglesias reaccionaron de manera extrema y descartaron el salterio por completo y cantaban únicamente himnos y cánticos; (En este punto, volvemos a enfatizar que deseamos que las iglesias reformadas y evangélicas canten los salmos además de los himnos).
Debido a esta acción extrema y lamentable, un pequeño grupo de hombres (principalmente en Escocia) se inclinó hacia el extremo opuesto. No cantaban nada más que los salmos, ya que los demás no cantaban nada más que himnos.
El único grupo salmista intentó en todas las denominaciones reformadas tradicionales restringir todos los cantos a los salmos y prohibir los instrumentos musicales. Perdieron la batalla en todos los casos y finalmente decidieron crear sus propias denominaciones. La Iglesia Libre de Escocia, varios grupos pequeños en Holanda y la Iglesia Presbiteriana Reformada [de Norteamérica] se crearon, en parte, a raíz de la cuestión de la música sacra.
En lo que respecta a la historia de la iglesia, la salmodia exclusiva no es apostólica ni representativa del cristianismo en general ni de la teología reformada en particular. No pueden reivindicar a los reformadores ni a los puritanos. Más allá de los teólogos escoceses, no hay nadie más a quien puedan recurrir para defender su posición.
En este punto, cabe plantear varias críticas adicionales a la salmodia exclusiva.
1. Desde el punto de vista musical, si nos limitamos a las palabras de los salmos, ¿no deberíamos limitarnos también a los antiguos cantos hebreos que acompañaban a estas palabras? Si tenemos derecho a componer nuevas melodías para el culto público, ¿por qué no podemos escribir nuevas letras?
2. ¿No es cierto que el salterio reorganiza las palabras de las Escrituras, añade palabras y quita palabras de las Escrituras, lo que demuestra claramente que el salterio es en realidad un producto de la composición humana?
Examine las comparaciones (que se muestran en el diagrama siguiente) entre los textos de las Escrituras y los textos del salterio y verá que el salterio es realmente una obra de composición humana que se presenta como la Palabra de Dios. Gran parte del Salterio es en realidad una colección de himnos cuyo contenido se deriva de los Salmos. Aunque apreciamos la poesía y la música del Salterio, hay que admitir que el Salterio no es una traducción de los Salmos. Por lo tanto, ningún salmista exclusivo debería cantar nunca el Salterio.
Estos ejemplos muestran lo alejado que está a veces el Salterio de los Salmos. No hay forma de justificar la licencia poética que se muestra en el Salterio. Es obvio que ningún salmista exclusivo se atrevería a presentar el texto del salterio como una versión o traducción legítima de las Sagradas Escrituras. Por lo tanto, debemos preguntarnos: si vamos a cantar los salmos porque son las palabras inspiradas de Dios, ¿no es blasfemo utilizar la licencia poética en las Escrituras, omitir o añadir palabras cuando se nos plazca y reorganizar los versículos o las palabras para que se adapten a una melodía no inspirada?
| Escritura | Salterio* |
| Los cielos proclaman la gloria de Dios. (Sal. 19:1). | Los amplios cielos proclaman la gloria de nuestro Dios. [adiciones] |
| No hay habla ni lenguaje; su voz no se oye. (Sal.19:3). | En voz alta no hablan; no pronuncian palabra alguna, ni se expresan con lenguaje, su voz nunca se oye. [licencia poética] |
| El testimonio del Señor es fiel, y hace sabio al sencillo (Sal. 19:7). | Su testimonio sin duda da sabiduría a los hombres. [Error teológico: «sencillo» no se refiere a «los hombres» en general] |
| El temor del Señor es puro, y permanece para siempre (Sal. 19:9). | El temor de Jehová es puro, más duradero que los cielos. [añadidos] |
| Que el Señor te responda en el día de la angustia (Sal 20:1) | Jehová te escuche en el día en que envíe la adversidad. [añadidos] |
| * El Salterio de la Iglesia Presbiteriana Reformada en Norteamérica. | |
3. ¿No niega el defensor de la salmodia exclusiva el derecho de los músicos y compositores cristianos a adorar a Dios con todo su ser y a ofrecerle todos los frutos de su talento? Si le decimos al músico: «No puedes componer ni tocar música sacra porque Dios únicamente permitió a David ejercer sus dones musicales para la iglesia», ¿no estamos diciendo que, por lo tanto, a todos los demás se les prohíbe servir a Dios con estos talentos? Esto es lo mismo que decir que no podemos usar todo nuestro ser en la adoración a Dios. Algunos sienten la necesidad de componer himnos para el culto público y tocar instrumentos musicales para adorar plenamente a Dios con todos sus talentos. La salmodia exclusiva haría que la iglesia descuidara los dones musicales dados al pueblo de Dios para edificar a todo el cuerpo en el culto público.
4. ¿No deberíamos progresar de la sombra a la realidad que proyecta la sombra? ¿Deberíamos contentarnos con la semilla y no buscar nunca la flor? Los Salmos solamente tienen las semillas y las sombras de la persona y la obra de Cristo. Ahora debemos volvernos hacia la realidad y la plenitud del Nuevo Testamento para ver la gloria de Dios en el rostro de Jesucristo. Necesitamos cantar en respuesta a la obra de Cristo, cantar sobre Él y sus poderosas obras, pronunciar el nombre incomparable de Jesús, contar su grandeza en nuestros días y en nuestras vidas personales. Por lo tanto, limitar al pueblo de Dios a las sombras de los Salmos es retrógrado y reaccionario. La iglesia necesita animarse con la plenitud de la verdad y la experiencia del Nuevo Testamento.
¿Podemos cantar himnos y cánticos de composición humana no bíblica en el culto público de la Iglesia reunida?
El enfoque bíblico-teológico de la himnodia
Una comprensión bíblico-teológica del carácter evolutivo de la historia de la redención verá cómo se componen nuevas canciones e himnos con cada capítulo del plan de Dios. Cuando Dios ejecuta su ira o su gracia, es el momento de componer nuevos cánticos que celebren estos actos de Dios en el marco de su pacto. Por eso estos nuevos cantos se encuentran en los libros históricos anteriores a los Salmos y en los libros proféticos posteriores a los Salmos. Los poderosos actos de Dios en cada generación se ponían en música y se cantaban. El pueblo de Dios tenía la libertad de escribir nuevas canciones para alabar a Dios; nunca se limitaron a los Salmos.
a. ¿Qué hacía el pueblo de Dios antes de que naciera David? Compusieron cánticos como lo hicieron Miriam (Éx. 15:20), Moisés (Sal. 90) y Débora (Jue. 5) para celebrar los actos de Dios en su generación.
b. ¿Cómo llegó David a escribir los Salmos? No hubo ningún mandato divino para que escribiera los Salmos para los servicios de adoración. Muchos de los salmos fueron escritos para la edificación personal de David cuando aún era un pastorcillo. Tenía dones musicales y tenía la libertad de ejercerlos en la adoración pública a Dios. Si hubiera habido un único salmista presente cuando David introdujo algunas de sus canciones originales en el servicio de adoración, habría rechazado las canciones de David porque el salmo de Moisés (Sal. 90) era el único salmo que se podía cantar.
c. La presencia de otros autores incluidos en los Salmos sugiere que cualquiera que tuviera los dones podía ejercerlos para el bien del pueblo de Dios. (Véase 1 Cró. 15:22, donde David contrata a un compositor, o 1 Cró. 16, donde David anima a los sacerdotes a componer música vocal e instrumental original para alabar a Dios).
d. Después de David, se compusieron cánticos para celebrar los poderosos actos de Dios en cada generación. (Por ejemplo, véase Is. 51; 26:1; 42:10; Lam., etc.). Sin duda, el pueblo de Dios no olvidó todos los actos de Dios en épocas pasadas; continuó cantando todas las antiguas canciones, himnos y salmos de cada generación.
e. Incluso una lectura atenta de los Salmos revelará que algunos fueron escritos mucho después de David. Algunos son incluso del período posterior al exilio. Si el pueblo de Dios se limitaba a los salmos de David, ¿por qué encontramos salmos de períodos posteriores incluidos? La única respuesta es que los salmos de David no se consideraban el himnario definitivo de la iglesia.
f. Por último, ¿en qué parte del Antiguo Testamento encontramos alguna vez un mandato divino de cantar solo los salmos? Existen ejemplos de canto de salmos, pero Dios nunca dijo que nos limitáramos a los salmos. Se nos dice que recordemos los actos de Dios en generaciones pasadas, pero también se nos dice que cantemos nuevos cánticos para celebrar los actos de Dios en nuestra propia generación (Sal. 33:3; 96:1; 98:1; etc.).
La historia de la redención en el Nuevo Testamento tiene el mismo carácter evolutivo que el Antiguo Testamento.
- Los ángeles inauguran la era del Nuevo Pacto con nuevos cánticos, no con los antiguos salmos (Lc. 2:13-14). Estos nuevos cánticos celebran la encarnación y la obra redentora de Dios Hijo. Desde el principio queda claro que el Nuevo Pacto generará nuevos cánticos de alabanza.
- María celebró la obra de Dios en ella componiendo un glorioso canto de fe y confianza (Lc. 1:46-55). Así, comenzamos el Nuevo Testamento con cantos originales compuestos para celebrar los nuevos actos de Dios en Cristo Jesús.
- ¿Acaso no compuso la multitud un nuevo canto para celebrar la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén (Lc. 19:37-38)?
- ¿No encontramos en el Nuevo Testamento fragmentos de varios himnos que nos muestran que los primeros cristianos compusieron nuevos cantos para celebrar la salvación lograda por Jesucristo? (Véase la lista de pasajes en la sección sobre la iglesia antigua).
- ¿No compusieron los cristianos de Corinto sus propios cantos distintivamente cristianos cuando compartían con sus hermanos en el culto público? (1 Cor. 14:26).
- Así como el Nuevo Testamento comienza con cantos angelicales, también termina con cantos celestiales. Es importante preguntarse: ¿Están cantando únicamente los Salmos? ¡No! Cantan nuevos cantos a Dios (Ap. 4.11; 5:9-14, etc.). Los personajes del Nuevo Testamento tenían la libertad de componer nuevos cantos para celebrar los actos del pacto de Dios en su propia generación.
- ¿Se nos dice en el Nuevo Testamento que nos limitemos a cantar los salmos en los servicios religiosos? No. No hay ni un solo versículo en el Nuevo Testamento en el que se nos diga que cantemos los salmos, y solo los salmos, en el culto público de la iglesia reunida.
Historia de la Iglesia
¿No hemos señalado ya que los himnos se utilizaban en el culto público desde la época de los propios apóstoles? Los padres de la Iglesia, los reformadores, los puritanos y casi todos los santos actuales han cantado himnos no inspirados en el culto público.
¿Cuántos pecadores se han salvado gracias a las palabras de un himno? ¿Cuántos santos han sido edificados, consolados, fortalecidos y animados por himnos no inspirados? Solamente el cielo podría albergar a las decenas de miles de personas del pueblo de Dios que recibieron la gracia a través de los himnos.
La posición reformada sobre la música en la iglesia revela la belleza de la libertad cristiana. Un cristiano puede cantar pasajes de las Escrituras, himnos antiguos o modernos. Incluso puede componer sus propias canciones (como parece haber sido la práctica de los corintios, 1 Cor. 14:26). Si nuestros hermanos salmistas quieren cantar solamente los salmos, tienen esa libertad en Cristo. Si deseamos cantar himnos además de los salmos, también tenemos esa libertad.
Entramos en esta controversia con gran renuencia. Si no fuera por la causa de Dios y la verdad, habríamos permanecido en silencio; algunos de nuestros mejores amigos defienden la salmodia exclusiva. Los estimamos como hombres de Dios y les profesamos el mayor respeto; sin embargo, debemos discrepar con ellos en esta cuestión. Quizás algunos sientan que hemos asestado golpes crueles a su postura, pero recuerden que «fieles son las heridas de un amigo». Tampoco deseamos menospreciar los salmos ni ningún libro de la Biblia; todos deberíamos cantar tanto los salmos como los himnos. Pero debemos defender nuestra libertad para cantar himnos.
Dado que únicamente hemos tratado la salmodia exclusiva en general, pasaremos a examinar en detalle una defensa moderna de esta postura.
Estudio de una posición contemporánea sobre la salmodia exclusiva
Nuestra investigación sobre la salmodia exclusiva nos llevó de vuelta a principios del siglo XX, cuando se celebraron varias convenciones de cantantes de salmos en Escocia y Estados Unidos. La mayoría de estas obras llevan mucho tiempo agotadas y son extremadamente raras, incluso en las librerías de segunda mano. En la actualidad, solo hay un destacado defensor de la salmodia exclusiva. Nos referimos a G. I. Williamson. Ha publicado un pequeño tratado y un folleto en los que expone las ventajas de la salmodia exclusiva. Estas obras se han distribuido ampliamente y son en parte responsables del actual resurgimiento del interés por la salmodia exclusiva. Por lo tanto, es imperativo que examinemos en detalle la presentación de Williamson debido a su gran popularidad. Todas las referencias de las páginas están tomadas de su folleto, The Singing of the Psalms in the Worship of God, publicado por la Scottish Reformed Fellowship.
Williamson comienza su folleto exponiendo cuidadosamente su posición:
En la adoración a Dios se debe utilizar el libro inspirado de los Salmos, excluyendo las composiciones no inspiradas de los hombres. Cabe señalar que no se está considerando el uso de canciones no inspiradas en otros momentos y circunstancias que no sean el culto divino. No se sugiere en modo alguno que los escritos no inspirados de los hombres carezcan de valor o utilidad. De hecho, creemos que hay un lugar adecuado para las canciones no inspiradas en los asuntos humanos. (p. 1)
Es obvio que Williamson permite los himnos no inspirados para uso privado, mientras que restringe el culto público al canto de los salmos.
Dado que Williamson expone claramente su postura y su intención de demostrarla, nos sorprende profundamente descubrir que dedica su tiempo a demostrar puntos que son irrelevantes para su postura. De hecho, si se eliminara de este folleto todo el material superfluo que no puede utilizarse para apoyar la salmodia exclusiva, solamente quedarían unas pocas páginas. Nos gustaría que Williamson hubiera prestado más atención a demostrar su postura. A continuación, examinaremos su argumento sección por sección.
El principio regulador del culto
Williamson dedica siete páginas a demostrar la base bíblica del principio regulador, y debemos elogiarle por aceptar este importante principio; no obstante, demostrar este principio no prueba automáticamente la salmodia exclusiva. Esperábamos que Williamson demostrara, a partir del Antiguo y el Nuevo Testamento, que se ordena a la congregación cantar los salmos en el culto público. Pero no lo hace; por lo tanto, no establece ningún vínculo entre el principio regulador y la salmodia exclusiva.
Después de exponer el principio regulador, Williamson afirma que «las iglesias reformadas y presbiterianas utilizaban originalmente los salmos como libro de alabanza para el culto divino» (p. 7). Se refiere a la asamblea de Westminster como la que autorizó el canto de «salmos». Señala que el Sínodo de Dort «prácticamente excluyó del culto divino las composiciones no inspiradas de los hombres» (p. 7). Cita al Dr. Robinson, quien afirmó que «el canto de los salmos siguió siendo la práctica general de las iglesias reformadas hasta bien entrado el siglo XVIII» (p. 7).
El único problema con esta línea de argumentación es que no tiene relación directa con la salmodia EXCLUSIVA. Admitimos que las iglesias reformadas practicaban la salmodia general, pero incluso Williamson es consciente de que no puede afirmar que cantaran SOLO los salmos. Admite que el Sínodo de Dort excluyó «prácticamente» los himnos porque sabe tan bien como nosotros que esta notable asamblea autorizó de hecho que se cantaran en el culto tanto los himnos no inspirados como los salmos.
Ni siquiera la Confesión de Fe de Westminster puede utilizarse para apoyar la salmodia exclusiva. ¿Acaso algunos de estos teólogos puritanos no afirmaron claramente en sus comentarios sobre Efesios, Colosenses y Santiago que aceptaban los himnos no inspirados, así como los salmos, para el culto público? Todo lo que dice la Confesión es «cantar salmos con gracia en el corazón» (C.F.W. XXI-IV).
Hemos examinado el uso puritano de la palabra «salmo» y estamos convencidos de que esta palabra se utilizaba en aquella época para describir cualquier canto religioso, inspirado o no. La C.F.W. no decía «los Salmos», ni siquiera «Salmos», sino únicamente «salmos». Tampoco decía «solamente los salmos».
Todo el problema con el argumento de Williamson es que está demostrando algo distinto a la salmodia exclusiva. Nadie discute la verdad de que los salmos han sido cantados por las iglesias reformadas; pero sí negamos que las iglesias reformadas cantaran solo los salmos y fueran salmistas exclusivos por principio.
Una vez más preguntamos: ¿por qué apela a la Iglesia Cristiana Reformada como si cantara «prácticamente nada más que salmos en el culto público» (p. 8)? ¿No se da cuenta de que «prácticamente» no es lo mismo que «exclusivamente»? ¿No es cierto que la Iglesia Cristiana Reformada cantaba algunos himnos no inspirados, además de salmos? Entonces, ¿por qué señala a la Iglesia Cristiana Reformada como prueba de su postura?
A pesar de que únicamente ha demostrado que las iglesias reformadas practicaban originalmente la salmodia general, da un giro y da la impresión de que la postura original de las iglesias reformadas y presbiterianas era la salmodia exclusiva. (p. 8)
Creemos que este es un método de argumentación inadecuado, que refleja una falta de precisión teológica y una confusión entre la salmodia general y la salmodia exclusiva.
El mandamiento de Dios
Ahora llegamos a la sección en la que Williamson intenta aportar pruebas bíblicas a favor de la salmodia exclusiva.
Lo primero que nos llama la atención es que Williamson no demuestra en ningún momento, a partir de sus respectivos contextos, que Santiago 5:13, Colosenses 3:16 y Efesios 5:19 se refieran exclusiva o incluso directamente al culto público. Dado que permite los himnos para la comunión privada, es crucial para su argumento encontrar un pasaje que se refiera únicamente al culto público, cosa que no hace en ningún momento.
El argumento de Williamson a partir de Santiago 5:13 fue sorprendente, por decir lo menos. Él afirma:
No existe duda de que cuando el apóstol Santiago dijo «cantad salmos» (5:13), se refería a los salmos de la Biblia. Por «salmos», Santiago se refería a lo que la Biblia misma denota con ese término. Esto está claro (pp. 8 y 9).
A pesar de la confianza de Williamson en su interpretación de Santiago 5:13, es evidente que no consultó su Nuevo Testamento griego, ni examinó las versiones modernas de la Biblia o los comentarios bíblicos. La palabra «salmo» no aparece en el griego. Santiago simplemente dijo: «cuando estén alegres, canten». La gran mayoría de los comentaristas reformados no ven ninguna referencia al libro de los Salmos en Santiago 5:13. Él le dijo al pueblo de Dios que «cantaran alabanzas» (N.A.S.) siempre que estuvieran felices, sin importar dónde. Un teólogo debería consultar el griego o el hebreo, o al menos algunas versiones modernas, antes de basar su argumento en un texto de la versión King James.
La interpretación de Williamson de Colosenses 3:16 y Efesios 5:19 es tan poco impresionante como su manejo de Santiago 5:13. No establece que estos versículos se refieran exclusivamente al culto público. Su argumento solo tiene dos partes.
En primer lugar, afirma que «salmos, himnos y cánticos» se refieren exclusivamente a los Salmos. Su argumento principal es que los títulos de los salmos que se encuentran en la Septuaginta utilizan los tres términos en referencia a los Salmos. Esto es lo que él llama argumento «escritural» (p. 12).
Pero debemos preguntarnos: ¿por qué se basa en títulos no inspirados añadidos a los Salmos por judíos de habla griega en lugar de examinar la forma en que los autores de las Escrituras utilizan estas palabras? ¿Por qué omite cualquier estudio de la palabra «cántico» para ver si siempre se refiere a los Salmos? Si «cántico» puede referirse a otro material que no sean los Salmos, ¿cómo puede ser tan dogmático al afirmar que solamente debe referirse a los Salmos?
En segundo lugar, el manejo que Williamson hace de la palabra «espiritual» revela nuevamente una falta de cuidado y precisión exegética. Simplemente afirma que la palabra «espiritual» significa «inspirado» (p. 12). Incluso cita a Warfield como si este hubiera dicho que la palabra «espiritual» siempre y en todas partes significa «dado por el Espíritu», «guiado por el Espíritu» o «determinado por el Espíritu». Sin embargo, nadie, ni siquiera Warfield, diría que Satanás y sus demonios son «dados por el Espíritu», «guiados por el Espíritu» o «determinados por el Espíritu» (cf. Ef. 6:12). Y, sin duda, los cánticos pueden ser «guiados por el Espíritu» sin estar inspirados (Col. 3:16; 1 Cor. 14:26). Warfield no estaba diciendo que la palabra significara «inspirado», sino que normalmente se refería a alguna operación del Espíritu Santo. Estamos totalmente de acuerdo con Warfield.
Por lo tanto, debemos concluir que Williamson no ofrece ninguna exégesis contextual sólida para establecer la salmodia exclusiva.
El testimonio de la historia
Lo primero que observamos en esta sección es que Williamson solo se ocupa de la iglesia apostólica antigua. No le interesa examinar los siguientes dos mil años de historia de la iglesia. Es obvio que lo hace porque admite la presencia de himnos en el culto público desde el siglo IV hasta la actualidad. Por lo tanto, estamos en derecho de preguntarnos: ¿por qué se debe ignorar el resto de la historia de la iglesia? ¿Acaso la práctica de la iglesia durante casi dos mil años no tiene ninguna relevancia en esta temática? Estas preguntas deberían haberse abordado antes de descartar el resto de la historia de la iglesia.
Williamson expone inmediatamente su postura: «No se conservan salmos, himnos ni cánticos (aparte de los de la Biblia) del periodo apostólico y postapostólico de la historia de la iglesia. Tampoco existe ninguna prueba de que se utilizaran en aquella época» (p. 13).
Cabría esperar encontrar un examen exegético de pasajes como 1 Timoteo 3:16, donde exégetas modernos como Hendriksen encuentran ejemplos de himnos cristianos primitivos que se utilizaban en el culto público. Pero Williamson no aborda esta prueba tan amplia y persuasiva.
En cambio, trata de demostrar su punto de vista con citas de Schaff y Latourette. Dado que Williamson cita a Latourette extensamente, y que Latourette es un historiador moderno de gran reputación, examinaremos detenidamente la posición de Latourette. Descubriremos que Williamson ha malinterpretado a Latourette en puntos muy cruciales.
En primer lugar, la posición de Williamson es que no había himnos o cánticos no inspirados en el período apostólico o postapostólico. Cita a Latourette como autoridad en este punto:
Desde muy temprano, quizás desde el principio, los cristianos emplearon en sus servicios los salmos que se encuentran en las Escrituras judías, el Antiguo Testamento cristiano. Dado que los primeros cristianos hablaban griego, sus salmos estaban traducidos al griego (A History of Christianity, p. 206).
Sin embargo, cuando pasamos a la p. 206 de dicha obra, vemos que Williamson omitió la frase inmediatamente anterior a la parte que citó. Latourette comenzó diciendo:
La Epístola a los Efesios recomienda el uso de «salmos, himnos y cánticos espirituales». Algunos de estos himnos se encuentran en el propio Nuevo Testamento, incrustados en su texto (p. 206).
Nos perturba que, mientras Latourette comenzó su sección sobre la música sacra señalando su interpretación de Ef. 5:19 y Col. 3:16 como referencias a himnos compuestos por los primeros cristianos, algunos de los cuales se encuentran en el propio Nuevo Testamento, Williamson lo cita de una manera que da a sus lectores exactamente la impresión contraria. Latourette continúa diciendo:
Algunos himnos claramente cristianos se escribieron tempranamente en griego, pero en forma de prosa, siguiendo el modelo de los salmos traducidos al griego (pp. 206-207).
Williamson acusa entonces a los ortodoxos de no haber compuesto himnos en la iglesia primitiva. Cita a Latourette de tal manera que sus lectores tienen la impresión de que Latourette adopta esta postura:
El profesor Latourette afirma que «Bardaisan (Bardesanes), sospechoso de herejía a finales del siglo (II), tenía una colección de ciento cincuenta himnos» propios (Ibíd., p. 207).
Sin embargo, cuando pasamos a la p. 207 de la obra de Latourette, encontramos que Latourette dice:
Sin embargo, al menos desde el siglo II, los himnos fueron escritos por los ortodoxos que, al igual que sus homólogos gnósticos, empleaban las formas de la poesía griega. Clemente de Alejandría concluyó una de sus obras con un himno a Cristo en griego, en métrica clásica (Ibíd., p. 207).
O, de nuevo, los ortodoxos que se oponían a los arrianos recibieron la orden de Crisóstomo de «cantar sus propios himnos en procesiones nocturnas» (Ibíd., p. 207).
Williamson volvió a malinterpretar la postura de Latourette. Según Latourette, tanto los primeros cristianos como los herejes componían himnos. Es lamentable que Williamson malinterpretara a Latourette en este punto crucial.
Otro ejemplo más demostrará aún más la tergiversación de Williamson de la postura de Latourette. Para demostrar que la iglesia primitiva solamente cantaba salmos, Williamson vuelve a citar a Latourette:
Y «hasta finales del siglo IV ―continúa― únicamente se cantaban los salmos del Antiguo Testamento y los himnos o cánticos», «los demás himnos eran para uso personal, familiar o privado» (Ibid. p. 207).
Cuando pasamos a la página 207 de la historia de Latourette, vemos que Williamson omitió ciertas palabras de la frase de Latourette. Aquí está la frase completa:
Hasta casi el final del siglo IV, en los servicios de la Iglesia católica solo se cantaban los salmos del Antiguo Testamento y los himnos o cánticos del Nuevo Testamento; los demás himnos eran para uso personal, familiar o privado (Ibid. p. 207).
La postura de Williamson es que la iglesia primitiva solamente cantaba los salmos. Esto excluye incluso los himnos citados en el Nuevo Testamento. Por lo tanto, omitió las palabras «del Nuevo Testamento» y cambió el significado de la frase para apoyar la salmodia exclusiva, que no es lo que Latourette pretendía.
Latourette vio claramente tres tipos de material utilizado por la iglesia primitiva. Los primeros cristianos cantaban los salmos y los himnos (algunos de los cuales se citan en el Nuevo Testamento) en su culto público. Luego había otros himnos que se utilizaban en privado. Basándose en las pruebas históricas, Latourette resume su postura sobre la música de la iglesia primitiva diciendo: «Poco a poco aparecieron paráfrasis versificadas de los salmos, himnos con versos de igual longitud e himnos que eran acrósticos» (Ibid. p. 207). Con tales pruebas, debemos decir que Williamson no puede justificar su uso de Latourette como prueba de la salmodia exclusiva. Como mínimo, cualquier lector objetivo tendría que estar de acuerdo en que Latourette fue malinterpretado.
Objeciones a los Salmos
La mayoría de las objeciones a las que Williamson responde son argumentos falaces que nadie defiende. Sus pocos intentos por responder a algunas de nuestras objeciones puntuales no lograron convencernos, ya que casi todos sus argumentos se refieren únicamente a la salmodia general y realmente no tienen relación directa con la salmodia exclusiva.
| Pastor de tierna juventud Clemente de Alejandría, c. 200. asc. Pastor de tierna juventud, Guiando en amor y verdad Por caminos tortuosos, Cristo, nuestro Rey triunfante, Venimos a cantar tu nombre Y traemos aquí a nuestros hijos Para unirse a tu alabanza. Tú eres nuestro santo Señor, oh Palabra que todo lo domina, sanador de conflictos. Tú mismo te humillaste para que, de la profunda desgracia del pecado, pudieras salvar a nuestra raza y darnos vida. Tú eres el gran Sumo Sacerdote; Tú has preparado el banquete Del amor santo; Y en nuestro dolor mortal Nadie te invoca en vano; Ayuda que no desdeñas, Ayuda desde lo alto. Sé siempre nuestro Guía, Nuestro Pastor y nuestro Orgullo, Nuestro Bastón y nuestra Canción, Jesús, Tú, Cristo de Dios, Con Tu Palabra eterna Guíanos por donde Tú has caminado, Fortalece nuestra fe. |
Bibliografía para ampliar la investigación
- Benson, Louis F. Los siguientes son artículos en The Princeton Theological Review. Véase:
- Development of English Hymnody X:39
- English Hymnody, Its Later Development. VII 1:353
- Hymnody of the Evangelical Revival. Xll:60
- Hymnody of the Methodist Revival Xl:420
- Liturgical Use of English Hymns. X:179
- Watt’s Renovation of Psalmody. X:399, 606, Xl:85
- Hendriksen, William. Timothy and Titus. Banner of Truth Trust, Londres, 1957, pp 135ss. MacDonald, A. B. Christian Worship in the Primitive Church. Edinburgo, 1934.
- Machen, T. Greshem. “Hymns of the First Chapter of Luke”. Princeton Theological Review, X:l
- Martin, Ralph P. “Aspects of Worship in the New Testament Church” Vox Evangelica II. Londres, 1963.
- Worship in the Early Church. Wm. B. Eerdmans Publishing Co., Grand Rapids, 1974, pp. 39-52.
Autor
El Dr. Morey es pastor de la New Life Bible Church. Obtuvo su licenciatura en el Covenant College y su M. Div. y D. Min. en el Seminario Teológico Westminster. También es autor de The Bible and Drug Abuse, The Dooyeweerdian Concept of the Word of God, The Christian’s Handbook for Defending the Faith, The Saving Work of Christ, An Examination of Sabbatarianism, and How to Witness to Jehovah’s Witnesses.
