Una visión reformada y confesional de las misiones (Parte 1)
Una visión reformada y confesional de las misiones
(Parte 1)
por Jason Helopoulos
22 de octubre de 2020
Traductor: Valentín Alpuche
Un lema maravilloso
Cuando pienso en las misiones reformadas, un antiguo lema viene a mi mente: Para la gloria de Dios y la salvación de nuestros semejantes. Este maravilloso resumen del llamado a la misión proviene de una carta que la Asamblea General de 1791 de la Iglesia Presbiteriana en los Estados Unidos envió a las “iglesias bajo su cuidado”. En esta correspondencia, hacen un llamado para financiar a los misioneros enviados a ministrar en las fronteras de la nueva nación estadounidense. Vale la pena citar una parte:
“Hemos establecido el sostén financiero para el envío de misioneros a las fronteras de nuestro país; también verán que los efectos de esas misiones en algunos lugares han sido tales que abren una perspectiva alentadora de hacer avanzar el reino del Redentor en la salvación de los hombres, y de llevar la luz del evangelio a aquellos que hasta ahora han estado envueltos en la más profunda oscuridad. Para llevar a cabo un designio tan noble, no dudamos que todos los que tienen un supremo aprecio por la gloria de Dios y la salvación de sus semejantes contribuirán gustosamente”.[1]
Si preguntáramos: “¿Por qué existe la iglesia?”, podríamos responder con el mismo lema: Para la gloria de Dios y la salvación de nuestros semejantes. Hemos sido llamados fuera del mundo para ser enviados al mundo como testigos a los perdidos y perecientes del mundo. Esto cumple los dos más grandes mandamientos y debe dominar nuestro pensar, querer y actuar. Nuestros prójimos, portadores de la imagen del Dios eterno, están, como dijo la Asamblea General de 1791, atrapados “en la más profunda oscuridad”. La necesidad espiritual es grande. ¡Cuánta gloria atribuimos a Dios y cuánto amor mostramos a nuestro prójimo cuando damos, arriesgamos y vamos para ver almas llevadas de muerte a vida! Esta misión[2] es un ministerio de necesidad espiritual.
Oración llena del Espíritu
El hecho de que esta sea una necesidad espiritual determina los medios y el marco por los cuales buscamos cumplir esta misión. Si la necesidad es espiritual, la respuesta es espiritual. En primer lugar, esto significa que los esfuerzos misioneros deben depender de la obra del Espíritu, y esa dependencia se demuestra por medio de la oración. No podemos lograr cosas celestiales sin ayuda celestial. No podemos ejercer un poder que no nos pertenece. Así, la misión reformada comienza, continúa y termina en oración llena del Espíritu. Si podemos realizar la obra sin oración, no vale la pena hacerla. Si no podemos realizarla sin oración, entonces sabemos que requiere que estemos de rodillas.
Centrada en la Palabra
En segundo lugar, la misión reformada enfatiza la prioridad de un ministerio centrado en la Palabra. Nuestro Señor envió a la iglesia a proclamar las buenas nuevas del evangelio en la Gran Comisión. No debemos involucrarnos únicamente en aquello que el mundo secular puede ofrecer y que, en ocasiones, incluso puede hacer mejor. Es cierto que podemos igualar o incluso superar lo que el mundo logra en ciertas áreas de misericordia. Pero el mundo no puede ni podrá jamás proporcionar lo que solo la iglesia puede ofrecer en el ámbito espiritual. Por lo tanto, nuestra misión requiere que la Palabra sea predicada. Anhelamos ver a hombres, mujeres y niños salvos no solo de los estragos de esta vida, sino también de los dolores de la vida venidera.
¿Significa esto que el ministerio de obras está ausente en las misiones reformadas? No. Nuestro prójimo está compuesto de cuerpo y alma. Nos preocupamos por las necesidades temporales de misericordia, pero entendemos que la mayor necesidad es espiritual y eterna. Los ministerios de obras a menudo brindan oportunidades para que el misionero comparta el evangelio y sirven para adornar el ministerio del evangelio en el que se participa.
¿Cómo pueden las personas conocer el conocimiento salvador de Jesucristo sin oír? “¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ‘¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!’” (Rom. 10:14–15). La iglesia falla a nuestro prójimo cuando no está enfocada en enviar misioneros a proclamar —con valentía y fervor— la Palabra de Dios a un pueblo que, aunque ignorante de ella, necesita esta verdad más que cualquier otra cosa que se le pudiera ofrecer. Un ministerio saturado de oración, centrado en la Palabra y que exalta a Cristo es desesperadamente necesario.
Confesional
En tercer lugar, por eso la necesidad de misioneros confesionales que mantengan la integridad confesional es crucial. El objetivo no es ser puristas doctrinales que empuñan la espada de la división y la arrogancia. Más bien, la integridad confesional ayuda a mantener al misionero responsable de proclamar la verdad del evangelio frente a la hostilidad y la confusión filosófica en el campo misionero. Pablo le dice a Timoteo: “Retén la forma de las sanas palabras que de mí oíste, en la fe y amor que es en Cristo Jesús” (2 Tim. 1:13). En esencia, Pablo le dice a Timoteo: “Se te ha confiado este evangelio; proclámalo, no te avergüences de él, sino guárdalo y consérvalo sin mancha de error”.
Ya es suficientemente difícil separar la verdad bíblica de los movimientos culturales en nuestro propio contexto. La tarea se vuelve aún más difícil en una tierra extranjera, usando un segundo idioma y enfrentando las complejidades del islam, el hinduismo y una variedad de religiones animistas locales. Al priorizar la proclamación de la Palabra en nuestras misiones, necesitamos misioneros que permanezcan comprometidos con el evangelio y que se sometan a la rendición de cuentas de nuestras confesiones reformadas.
Orientada a la iglesia
En cuarto lugar, la teología reformada siempre ha enfatizado una misión orientada a la iglesia. La iglesia debe organizarse para enviar eficazmente. Es la iglesia en Antioquía la que envía a Pablo y a Bernabé (Hech. 13:1–3). Y cuando Pablo y Bernabé salen en misión para cumplir la Gran Comisión, no buscan simplemente ganar a los perdidos para la fe salvadora en Cristo, sino establecer iglesias mientras avanzan:
“Después de anunciar el evangelio a aquella ciudad y de hacer muchos discípulos, volvieron a Listra, a Iconio y a Antioquía, fortaleciendo los ánimos de los discípulos, exhortándolos a que permanecieran en la fe… Y constituyeron ancianos en cada iglesia, y habiendo orado con ayunos, los encomendaron al Señor en quien habían creído” (Hech. 14:21–23).
Oraron y predicaron la Palabra para ver a su prójimo convertido, organizaron iglesias y establecieron ancianos. Pablo da esta misma instrucción a Tito: “Por esta causa te dejé en Creta, para que corrigieras lo deficiente y establecieras ancianos en cada ciudad, así como yo te mandé” (Tito 1:5). Personas habían sido convertidas en Creta, y por eso las iglesias necesitaban ser organizadas.
La misión reformada es completamente orientada a la iglesia. La misión comienza con la iglesia (en el envío) y termina con la iglesia, cuando los discípulos son reunidos en congregaciones locales. Mientras la iglesia envía a sus mejores miembros a tierras extranjeras —¡imagina que Pablo y Bernabé salieran de tu iglesia!— ocurren conversiones por la gracia de Dios, y nuevas iglesias son organizadas y establecidas. Estas nuevas iglesias continúan el ciclo: comienzan a enviar a los suyos a tierras extranjeras, ocurren conversiones por la gracia de Dios, y se organizan y establecen nuevas iglesias. Los esfuerzos misioneros separados de la iglesia son ajenos a las Escrituras. Y una iglesia separada de la misión es igualmente ajena a las Escrituras.
Notas:
[1] Acts and Proceedings of the General Assembly of the Presbyterian Church in the United States of America, 1790–1791 (Filadelfia: R. Aitken & Son, 1791).
[2] “Misión”, en singular, se usa aquí para referirse a esa misión exclusiva dada a la iglesia, tal como se expresa en la Gran Comisión (Mateo 28:18–20).
Puede encontrar el artículo en inglés aquí: https://gospelreformation.net/a-reformed-and-confessional-view-of-missions-part-1/
