Sobre Ser un Plantador de Iglesias
Sobre Ser un Plantador de Iglesias
Daniel R. Hyde
Traductor: Valentín Alpuche
¿Cómo es ser un plantador de iglesias? ¿Cómo debe uno prepararse para esta tarea? Al comenzar a tratar este tema, es importante reconocer que existen relativamente pocos recursos acerca de la plantación de iglesias, y aún menos sobre la naturaleza y el carácter de un plantador de iglesias desde un punto de vista confesionalmente reformado.
En cambio, nos toca buscar la aguja de verdad aplicable entre los pajares de propaganda sobre el crecimiento de la iglesia. Mi objetivo aquí es brindar a quienes desean servir entre nuestras iglesias confesionalmente reformadas como plantadores, o como ministros de iglesias que apoyan la plantación de iglesias, material que les ayude a desarrollar una pasión por difundir la fe reformada en nuestra generación.
El enfoque no estará en el “cómo” de la plantación de iglesias, sino más bien en la persona, la personalidad y el carácter del plantador confesionalmente reformado. Al intentar hacerlo, mis metas son preparar a algunos para la ardua tarea de plantar iglesias, y al mismo tiempo advertir a otros sobre la dificultad de ser plantadores. Plantar iglesias es un trabajo difícil y exigente física, emocional, mental y espiritualmente. El lema de los Marines bien podría ser el de la fraternidad de los plantadores de iglesias: “Los pocos, los orgullosos…”. Pocos responderán al llamado y podrán enfrentar el reto, mientras que otros participarán en la importante labor de apoyar la plantación de iglesias.
Lo que presento surge de mi propia lectura de la Escritura, las confesiones y la historia de la iglesia, así como de mi experiencia y la de otros colegas plantadores. Entender que todos partimos desde un punto de vista particular, formado por experiencias particulares, te ayudará a ver esto por lo que es: las reflexiones de un hombre sobre el ministerio de la plantación de iglesias, que, si el Señor quiere, puede ser útil para una audiencia más amplia.
Principios Fundamentales
Los principios hallados en Hechos 2:42 establecen los cimientos para todo lo demás que hace un plantador de iglesias. Este pasaje es un texto programático sumamente importante para la vida de la iglesia. Aquí vemos que la iglesia está firmemente basada sobre tres principios: la iglesia es una institución y organismo teológico, litúrgico y comunitario. Las palabras de Lucas no solo describen históricamente cómo era la primera comunidad del Nuevo Pacto, sino que también se aplican a muchas áreas de nuestro quehacer como pastores y plantadores de iglesias.
Por ejemplo, nuestra adoración congregacional se basa en estos principios, pues debe ser doctrinal, litúrgica y comunitaria. Asimismo, nuestra vida cristiana se encuentra en estos principios cuando nos “dedicamos” a la teología, la liturgia y la comunidad como cristianos. Finalmente, en las clases de membresía, lo que hacemos es iniciar a nuevos creyentes y miembros en estos tres principios. Como aquellos que serán enviados como plantadores de iglesias en lugares donde no hay iglesias confesionalmente reformadas, debemos mantener siempre estos tres principios delante de nosotros como lo primero, los fundamentos de nuestra vida y ministerio.
1. Dedicado a la Teología
Los plantadores de iglesias deben estar dedicados a la doctrina de los apóstoles, es decir, a su enseñanza, su teología. Como tal, confesamos todo lo que se nos enseña en la Palabra de Dios, pero no lo confesamos según nuestras interpretaciones. El Espíritu de Dios ha guiado a Su Iglesia a toda la verdad (Juan 14:26, 15:26). Estás comenzando algo nuevo, pero lo que estás comenzando no es nuevo. Por eso el plantador de iglesias necesita una apreciación profunda por la catolicidad de la Fe, como se encuentra en los credos ecuménicos. Por esto, los plantadores de iglesias deben estar absolutamente convencidos y confiados en las confesiones y catecismos reformados porque concuerdan con la Palabra de Dios.
Una de las cosas que un joven plantador de iglesias aprenderá y experimentará es que todo es teológico y que la teología da estabilidad a todo. Un ejemplo de esto fue una noche reciente en la que recibí varias llamadas telefónicas en el lapso de cinco minutos, informándome que cuatro de mis feligreses habían ido al hospital. Aunque fue abrumador, lo que me dio confianza —y cordura— fue la doctrina de la providencia paternal de Dios. Dios me recordó que vivimos coram Deo no sólo en teoría, sino también en la práctica.
Otro aspecto de ser un plantador de iglesias teológico es cómo este compromiso se aplica en la predicación. Un plantador de iglesias debe verse a sí mismo como Dios lo ve: como ministro. La metáfora del heraldo profético es tan prevalente para el pastor en la Escritura. Necesitamos recuperar esa conciencia mientras salimos a ministrar en un mundo poscristiano. Somos profetas que proclamamos un mensaje de Ley y Evangelio al mundo que nos rodea —una Ley que a nadie le importa y un Evangelio que nadie puede creer (Salmo 2:1-3; Romanos 8:5-8; 1 Corintios 2:14). Los plantadores de iglesias deberían tener un sentido de urgencia en nuestra predicación por muchas razones, incluyendo el hecho de que ¡nadie puede presentarse la próxima semana! Un plantador de iglesias es, como Pablo llamó a Timoteo, un evangelista (2 Timoteo 4:5), uno que difunde el evangelio, las buenas nuevas. Serás un evangelista, anunciando la noticia del Rey y Su reino. Serás un misionero, yendo a algún lugar cercano o lejano con la misión y propósito de proclamar esa Palabra. Serás un pionero, abriendo camino para la venida del reino de gracia de Cristo en medio del reino de Satanás, “el dios de este siglo” (2 Corintios 4:4). No estás comenzando un club social, no estás tratando de atraer a una multitud; en cambio, lo que estás haciendo es teológico al confrontar “este presente siglo malo” (Gálatas 1:4).
2. Dedicado a la Liturgia
Un plantador de iglesias debe estar dedicado a “las oraciones y al partimiento del pan”. Una devoción a la adoración pública del Dios Trino y una pasión por ello que se transmite a otros. Desde el inicio de una plantación de iglesia, haz que sea un principio innegociable enfatizar el Día del Señor. Esto es lo que somos como cristianos y esto es lo que hacemos: somos llamados a subir al monte santo de Dios (Salmo 24; Hebreos 12:18-25), para que podamos postrarnos ante el trono de Dios en confesión y ser bienvenidos alrededor de la mesa del Señor en acción de gracias al recibir Su gracia. Una vez que esto esté establecido, entonces quizá, solo quizá, puedas añadir un estudio bíblico a mitad de semana o alguna actividad para tus miembros y sus hijos.
Ten confianza en la adoración reformada. No solo es la teología reformada diferente para la mayoría de las personas que vendrán a nuestras iglesias, sino que nuestra adoración es notablemente diferente. La razón por la que es diferente es porque nuestra teología es diferente. Nuestra adoración es el resultado de nuestra teología, no a pesar de ella. El contenido de nuestra teología impulsa tanto el contenido como la forma del culto, y estos no pueden separarse. Adoramos como adoramos porque creemos como creemos, y viceversa.
Como plantador de iglesias, mi tema favorito de estudio es la historia de la adoración cristiana y las formas de culto histórico. Te animaría a que te dediques a los escritos de Hughes Oliphant Old, pero también a los escritos de la Reforma sobre la adoración. En mi estudio he encontrado que nosotros, como pueblo reformado, siempre hemos sido un pueblo litúrgico, incluso más de lo que somos hoy. Todas las iglesias de la Reforma tenían un culto común, es decir, tenían liturgias, formularios y oraciones establecidas. Lo que me ha asombrado es que, al traducir estos formularios históricos de adoración a mi contexto, hemos atraído exactamente al mismo tipo de personas que el nuevo movimiento de la “Iglesia Emergente” busca atraer. Esos jóvenes de veintitantos años que anhelan comunidad, trascendencia y estabilidad son atraídos —no rechazados— por la adoración litúrgica. Como ilustración del poder de los formularios históricos y trascendentes de adoración sobre nuestra cultura posmoderna, piensa en la religión de más rápido crecimiento en Norteamérica: el islam. Entre los hombres estadounidenses que se convierten, la mayoría dice que han dejado la incredulidad o un “cristianismo” transitorio por la trascendencia de la adoración, la estructura de las oraciones y la vida rigurosa de moralidad.
3. Dedicado a la Comunidad
El tercer principio al que un plantador de iglesias debe estar dedicado es la comunidad, su congregación. La iglesia primitiva perseveraba, eran constantes en su amor por “la comunión”. Los plantadores de iglesias deben ser incansables en visitar a sus feligreses, conociéndolos, aconsejándolos y catequizándolos, sacándolos de los caminos del mundo hacia los caminos de la Palabra, y viviendo entre ellos en sus momentos de alegría y tristeza. Como pastores, debemos conocer a nuestras ovejas por nombre y de manera íntima, así como nuestro Príncipe de los pastores lo hace (Juan 10:3, RV60).
Otra manera en que vemos ilustrada la comunidad de los santos en el Nuevo Testamento es a través de la hospitalidad. Los plantadores de iglesias necesitan dar el ejemplo de hospitalidad siendo hospitalarios con nuestra congregación. Al hacerlo, viviremos vidas transparentes en comunidad con nuestros feligreses, construiremos comunidad, confianza y un ambiente piadoso en el cual trabajar y orar.
Todo esto quiere decir que el plantador de iglesias debe ser el hombre más convencido y con más principios entre nuestras iglesias. No es un hombre que representará a su Rey si cede ante la presión y la persecución de aquellos a quienes habla palabras tan serias.
Principios de Aptitud (1 Timoteo 3:2)
Estos son los principios fundamentales para los plantadores de iglesias. Además, el plantador debe poseer ciertas aptitudes, es decir, habilidades, dones y personalidad. Al pensar en esto, recordemos que Pablo exhorta a Timoteo a presentar ante la congregación a aquellos hombres que no solo desean ser obispos, sino que también sean “aptos para enseñar” (1 Timoteo 3:2). Los ancianos deben tener el deseo, pero también la capacidad de aplicar ese deseo en su labor. Así también ocurre con la plantación de iglesias.
1. Pasión por la Plantación de Iglesias
La plantación de iglesias no es para todo graduado de seminario. Se requiere pasión por las personas no reformadas que están atrapadas en el evangelicalismo de justicia por obras, así como por los incrédulos. Debes verte como un profeta, trayendo un mensaje extraño, pero necesario. Si tu anhelo es ser pastor de una iglesia grande, o un pastor asociado dedicado principalmente a la consejería, por ejemplo, no aceptes el llamado a plantar una iglesia. No es solo un trabajo, sino un llamado y una pasión. Vemos esto en el ejemplo de Pablo, cuyo “deseo de corazón y oración a Dios” era que el Israel incrédulo fuese salvo (Romanos 10:1).
Su pasión por establecer nuevas iglesias se manifiesta cuando dice:
Y de esta manera me esforcé en predicar el evangelio, no donde Cristo ya hubiera sido nombrado… (Romanos 15:20)
Su objetivo final era pasar por Roma y llegar hasta España, el extremo del Imperio Romano y del mundo occidental conocido (Romanos 15:24).
2. Capacidad para Manejar la Decepción
La decepción es parte del territorio de la plantación de iglesias. Mientras mi congregación comenzaba a crecer, dos veces regresé de vacaciones para enterarme de graves pecados en la iglesia, que salieron a la luz en mi ausencia. Habrá visitantes que nunca volverán, que te llamarán “católico romano”, o que odiarán lo que digas desde el púlpito. Uno de los consejos más sabios que recibí fue de mi colega y amigo Dr. R. Scott Clark, quien me dijo que al plantar iglesias tuvo que aprender que él no era el Espíritu Santo. Yo también necesitaba aprender eso. Esto es parte de lo que Pablo dice en 1 Corintios 3:5-7:
¿Qué, pues, es Apolos? ¿Y qué es Pablo? Servidores por medio de los cuales habéis creído; y eso según lo que a cada uno concedió el Señor. Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios. Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios que da el crecimiento. (1 Corintios 3:5-7)
La plantación de iglesias es obra de Dios. Tú eres su siervo, sembrando y regando la semilla. Por lo tanto, tu mentalidad debe ser a largo plazo. Semana tras semana, la gente irá y vendrá, pero si mantienes la mirada en el objetivo de plantar, regar y establecer una iglesia sólida y confesionalmente reformada, podrás soportar los altibajos del trabajo. No se trata de ti, sino de Cristo: “Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor” (2 Corintios 4:5).
Otra manera de afrontar las dificultades y tristezas es desarrollar relaciones cercanas con tus compañeros y futuros colegas. Apóyate en ellos para recibir consejo. Úsalos como caja de resonancia cuando estés desanimado o desesperado.
3. Capacidad para Ser Automotivado
Como plantador de iglesias eres un pionero, comenzando una obra que nadie más ha hecho, para que otros puedan seguir. Una parte de tener espíritu pionero es ser automotivado. En resumen: si no eres un trabajador esforzado en tu vida diaria como empleado, esposo, padre, etc., entonces no pienses que estás llamado a plantar iglesias, ni mucho menos a ser pastor.
Cada semana hay dos sermones que preparar, estudios bíblicos que enseñar, llamadas telefónicas, visitantes para dar seguimiento, consejería, facilitar la comunión, presidir reuniones, además de las tareas normales de la vida. En muchos sentidos estás en una isla. No hay “equipo pastoral” en quien apoyarse, ni tiempo para una mentalidad de oficina, donde puedas tomar descansos y conversar. Solo eres tú en el estudio o en el camino haciendo lo que se necesita.
4. Capacidad para Delegar
En línea con ser automotivado está la habilidad de liderar tu congregación delegando. Aprende a soltar cosas que obstaculizan tu labor. Si es posible, organiza un comité directivo bajo la supervisión del consistorio local para que sea un consejo asesor y para que se encargue de muchas tareas cotidianas. Además, recluta feligreses para ocuparse de tareas diarias.
Así que eres un “hombre orquesta” en muchos aspectos, pero no puedes acostumbrarte a ser el único responsable. No somos sabelotodo ni tiranos, sino pastores. Cosas como el tipo de letra del boletín, organizar refrigerios, voluntarios para la guardería, las bancas de la iglesia, etc., no son tu responsabilidad. Aunque quizá tengas que encargarte de muchas de estas cosas al principio, comprométete a delegarlas poco a poco a medida que Dios traiga personas a tu congregación.
5. Capacidad para Manejar el Estrés
Finalmente, la habilidad para manejar el estrés es importante para un pastor, pero especialmente para un plantador de iglesias. Ser equilibrado, paciente y tener una mente calmada es crucial. Desarrolla un pasatiempo. Aprende a “escaparte” de vez en cuando.
La plantación de iglesias requiere ciertas habilidades, una personalidad y temperamento particulares. Que todos podamos examinarnos, nuestros dones, nuestras habilidades, nuestra personalidad, para que Dios levante una generación de plantadores de iglesias celosos, confesionalmente reformados, y pastores e iglesias establecidas, para que su Reino se extienda “de mar a mar, hasta que las lunas no crezcan ni mengüen más”.
