Una defensa razonada
Una defensa razonada
Wes Bredenhof
Traductor: ValentÃn Alpuche
Revisión: MartÃn Bobadilla
El texto clásico de la apologética cristiana (la defensa de la fe) es 1 Pedro 3:15, “…sino santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotrosâ€. Esto nos dice por qué todo cristiano debe estar preparado para defender la fe: porque Dios lo dice. Naturalmente, Dios también tiene una razón para decir eso, y esa razón es la salvación de los pecadores y la gloria de su Nombre. Por lo tanto, debemos estar siempre preparados.
La respuesta que debemos estar preparados para dar debe ser una respuesta basada en razones sólidas, como indica el griego original apologÃa (de donde proviene la palabra “apologéticaâ€). Por tanto, serÃa inaceptable que los cristianos defendieran su fe de manera descuidada, sin prestar atención a las reglas del razonamiento.
La lógica como herramienta
Quiero compartir con ustedes algunos errores comunes que cometen las personas al discutir sobre la fe cristiana. Al hacerlo, quiero ser claro: nuestra fe no descansa en la lógica ni en la razón. La fe cristiana es razonable, pero no es racionalista. La fe es producida por el EspÃritu Santo a través de la Palabra, construida sobre la sólida base de las promesas del evangelio que se encuentran en la Palabra de Dios.
Sin embargo, eso no deja el razonamiento fuera de la ecuación. Los pastores lo usan en sus sermones todo el tiempo, y puedes encontrar ejemplos de ello a lo largo de nuestras confesiones. La lógica es una herramienta para la comunicación y la persuasión. Además, asà como hay leyes en matemáticas y leyes de la fÃsica, también existen leyes de lógica. Forma parte del orden creado — absoluto, no relativo. Por lo tanto, para defender eficazmente el evangelio, es necesario conocer algunos conceptos básicos sobre el razonamiento.
Los fundamentos más importantes que debes conocer son las falacias informales: errores de razonamiento relacionados con el contenido más que con la estructura. Como son comunes y fáciles de diagnosticar, repasemos algunas para que puedas estar atento a ellas en tu propio razonamiento y señalarlos amablemente en otros.
1. Ad Hominem
Este error de razonamiento es, con creces, el más común y el que los no creyentes suelen explotar más. El nombre proviene del latÃn y significa “para el hombreâ€. Con esta falacia, el argumento se aleja del problema en cuestión y ataca en cambio el carácter de la otra parte.
Vemos este error con frecuencia cuando los crÃticos atacan a los cristianos llamándolos hipócritas o señalando fracasos históricos. Al argumentar asÃ, desvÃan la atención de la cuestión central: ¿Es verdadero el cristianismo?
Pero debemos tener cuidado de no caer en la misma trampa. Los cristianos podrÃan responder igual de fácilmente señalando las atrocidades de regÃmenes históricos liderados por ateos. Hay mucho barro si uno sabe dónde buscarlo, pero este tipo de argumentación no es adecuada para quienes deben santificar al Señor en sus corazones.
2. Envenenamiento del pozo
Esta es una variación de la falacia ad hominem. El nombre proviene de un debate histórico en el que una de las partes sugirió que su oponente no daba mucho peso a la verdad debido a su trasfondo religioso.
Un ejemplo cotidiano serÃa decir algo como: “¿Por qué deberÃa esperar que estés de acuerdo con lo que digo? Eres un no creyenteâ€. Una afirmación asà envenena el pozo; hace imposible la discusión. Los cristianos deberÃan ser caritativos en sus conversaciones. Al fin y al cabo, simplemente no sabes si el EspÃritu Santo está actuando en este momento para la redención de esa persona.
3. Generalización apresurada
Con esta falacia, se utiliza un caso aislado único o un pequeño número de casos como base para una conclusión general. El argumento asume que lo que es cierto en un caso debe ser cierto en todos los casos.
Un incrédulo podrÃa usarlo asÃ: “Conozco a un cristiano que engaña con sus impuestos y grita a su esposa. Simplemente no se puede confiar en los cristianos, asà que yo no querrÃa ser cristianoâ€. Los cristianos también deben tener cuidado al hacer generalizaciones precipitadas sobre los no creyentes. Se pueden hacer generalizaciones, pero deben estar basadas en hechos y ser relevantes para el argumento real.
4. Causa falsa
Este argumento afirma que un evento causó otro evento cuando en realidad no se ha probado tal relación. Un ejemplo histórico es la antigua afirmación de que el Imperio Romano se desintegró por el cristianismo —argumento al que AgustÃn respondió extensamente en La ciudad de Dios.
Desde nuestra propia perspectiva, podrÃamos cometer este error si decimos: “La moralidad declinó justo después de la aceptación de la teorÃa evolutiva, por lo tanto la teorÃa de la evolución es la única responsable de los problemas sociales actualesâ€. Aunque pueda haber una conexión, una simple secuencia cronológica no equivale a prueba; debes demostrar cómo es cierta con más evidencia. En otras palabras, la correlación no prueba causación.
5. EquÃvoco
EquÃvoco significa cambiar el significado de una palabra clave en medio de una discusión. Por ejemplo, en los debates sobre la pena capital, a veces la gente recurre al mandamiento “No matarásâ€. Argumentan que, porque Dios dice que no podemos matar, la pena capital siempre está mal.
El problema aquà radica en la palabra “matarâ€. La mayorÃa de las traducciones modernas traducen con precisión esa palabra hebrea especÃfica como “asesinatoâ€. El mandamiento es una prohibición contra la privación ilegal de vidas, ya sea intencionadamente o por negligencia, no una orden absoluta contra matar en general (como la ejecución legal o la legÃtima defensa). La lección aquà es que debemos usar nuestros términos exactamente en el mismo sentido a lo largo de una discusión.
6. Apelación a la autoridad
Si se le pregunta, “¿Por qué crees en la resurrección?â€, un cristiano podrÃa responder: “Porque la Biblia lo diceâ€. Muchos no creyentes llamarÃan a esto una apelación falaz a la autoridad. Sin embargo, no todas las apelaciones a la autoridad son falaces. Mientras la autoridad sea fiable y competente, el recurso está justificado. En este caso, la persona que señala la Biblia debe estar dispuesta a defender su carácter autoritativo y fiable.
Por el contrario, los no creyentes suelen apelar a otro tipo de autoridad: el consenso (el argumento de que, porque millones de personas no creen, no puede ser verdad). Reconocemos que la verdad no depende de un recuento. Es mejor y honra más a Dios hablar del carácter inherente de la fe cristiana que quedarse atrapado en debates sobre cuántas personas la aceptan.
Conclusión
Dios quiere lo mejor de su pueblo, y eso incluye cómo defienden la fe. El santo sacerdocio de los creyentes debe tener un buen conocimiento de las Escrituras, pero también debe ser capaz de presentar y defender las verdades de las Escrituras de manera coherente, razonable y ordenada. Esto honra eminentemente a Dios, la fuente y fundamento de todo nuestro razonamiento.
